El 7 de Octubre, Israel no solo fue atacado. Se pretendía quebrarlo. La masacre no buscaba únicamente matar a inocentes, sino también enviar un mensaje: que el terror podía humillar a Israel, traumatizarlo, aislarlo y obligarlo a retroceder. En las horas y días posteriores, entre escenas de matanza, secuestros y duelo nacional, volvió a escucharse una vieja fantasía. Muchas voces, abiertamente o en voz baja, insinuaron que la masacre marcaba el comienzo del fin de Israel. Se equivocaban. Israel no se derrumbó. ...
Coraje, no imprudencia: por qué Netanyahu y Trump tenían razón sobre Irán
Ajmed Charai/ es.gatestoneinstitute.org



















