Días atrás, el atardecer en Gush Etzion, al sur de Jerusalem, fue el escenario en el cual se reunieron unas 60 personas para compartir el “Iftar”, la cena tradicional con la que los musulmanes rompen diariamente el ayuno del Ramadan. Es una ocasión que une a familiares y amigos, que comparten oración y una vivencia especial. Y dado que los participantes eran palestinos y judíos religiosos residentes en asentamientos de la zona, todo cobra un sentido más singular aún. La mitad de ...
































