Por Israel
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4 Tammuz 5779 | domingo julio 7, 2019
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¡Es el Islam, estúpido!


Miguel Martin

mosque_prayerCuando desde Occidente se contempla al resto de una humanidad que no vive en  democracia sino bajo dictaduras, regímenes de todo tipo y pelaje o totalitarismos de signo diverso, se tiene la disposición a defender y apoyar sobrevenidos proyectos de cambio en esos sistemas políticos, se retiran los respaldos y defensas concedidas hasta el momento al dictador caído y se las entrega a los nuevos gestores, interpretando de forma interesada dichos cambios en clave similar a las metamorfosis vividas en suelo europeo, como es España, que supo desmontar con éxito su propia tiranía haciendo una transición modélica que creen puede ser imitada en otros lugares. El problema no es tanto el natural deseo de que suceda, la cuestión reside en si de verdad se entiende bien desde este lado del mundo lo que son las sociedades orientales que en apariencia pretenden el cambio, así como las genuinas razones que esgrimen los movimientos que las impulsan y las posibilidades que tienen de alcanzar una democracia plena con todos sus beneficios y valores. ¡A la occidental, vaya!

En cuanto a Egipto se refiere hay que hacer algunas valoraciones previas desde este lado del mundo. Por una parte se interpreta como un hecho histórico similar casi al hundimiento del Muro de Berlín en 1989 y la transición de los países comunistas hacia democracias en Europa. Y tampoco hay que olvidar la gran frustración y fracaso que resultó para la izquierda en Europa la fracasada experiencia China con los sucesos de Tiananmen, también en 1989 con sus cientos de muertos y la definitiva anulación de las aspiraciones democráticas de los pueblos chinos para los próximos cien años. China no será democrática por el momento porque el actual sistema vigente combina poder,  semilibertades, autoritarismo, economía y moneda fuertes pero no ha podido sacudirse el viejo y feo rostro de una dictadura férrea que aparenta lo contrario pero que a nadie se le ocurre hoy cuestionar porque en Occidente todos necesitan las inversiones del  chino, su saneada banca y sus posibilidades como mercado de futuro. Es el dinero y no los derechos humanos los que cuentan hoy. Aparcadas pues las libertades, la democracia y un parlamentarismo al estilo occidental, se hace la vista gorda porque lo que se necesita de China son sus yuanes y la inyección que Occidente precisa de los mismos para mantener aunque sea en ficción unas economías que se hundirán más temprano que tarde, las occidentales, todas envejecidas, enfermas y desgastadas, a punto de ser engullidas por el “amigo” chino. Hoy solo cuenta la maldita plata.

¿Y Egipto? Todas las voces que hoy se alzan reclamando un nuevo escenario para la sociedad egipcia tienen el mismo eco de entonces, donde todos se ponían estupendos reclamando al régimen de Pekín una salida democrática para sus millones de ciudadanos sometidos a un brutal sistema que al día de hoy no parece haber cambiado en lo sustancial pero del que tan necesitadas están nuestras maltrechas economías. Egipto hoy es el punto de referencia al que miran los votantes occidentales  desengañados como están en sus democráticas naciones, frustrados por el imparable desmoronamiento que están padeciendo las economías de Occidente, descreídos frente a unos gobernantes que prometen mucho y dan poco o nada, decepcionados por unos sistemas políticos corruptos, incapaces de hacer frente con eficacia al desmoronamiento generalizado en que parece haberse instalado todo el mundo rico. El incrédulo votante de Europa cree sin embargo que a Egipto le ha llegado la hora de liberarse de las ataduras del Dictador y ve en ello reflejado su propio anhelo, se solidariza, apoya, entiende, defiende la situación en Egipto, Túnez, Jordania y cuantos vengan tras ellos porque ha dejado de creer en la democracia europea, no se fía de sus dirigentes y ve en la liberación de los egipcios reflejada su propia aspiración de libertad. Es el movimiento de sintonía que siempre surge alrededor de experimentos como el de Egipto entre otros ciudadanos que parecen estar hartos y agotados por culpa de unos políticos también corruptos, ladrones, falsos, entiende en suma que otro mundo es posible incluso en sociedades como las musulmanas aunque la conciencia de libertad en ellas resulte inexistente tras décadas de vivir bajo autocracias, tiranías y absolutismo religioso.

Pero centrados en Egipto las grandes cuestiones son: Transición de Egipto, ¿Hacia dónde? Democracia en Egipto ¿Cómo será posible injertarla en una sociedad mayoritariamente musulmana aunque posea porcentajes reducidos de otras confesiones religiosas y limitados sectores laicos? Anhelos de justicia ¿Qué condiciones se dan para que se asiente un mínimo sentido de justicia en todos los ámbitos y para toda la ciudadanía egipcia? La reclamación de una democracia pluralista, ¿Qué mimbres y sustrato social existe en la sociedad egipcia para que pueda instalarse con éxito un sistema democrático pluralista al estilo occidental? Integrar a todos los sectores sociales egipcios que reclaman libertad, reformas, aperturismo, democracia liberal ¿Es la gran reclamación que toda la sociedad egipcia exige hoy en sus calles y plazas? Las aspiraciones del pueblo egipcio ¿Alguien las conoce o se ha molestado en darlas a conocer a los europeos? ¿Cuántas voces que hoy “apoyan” al pueblo egipcio se alzaron una sola vez para condenar al “dictador” Mubarak? Nada permite pensar que las depauperadas clases bajas egipcias estén luchando por estas metas, ni mucho menos.

Todo indica que estas exigencias forman parte de la gran tramoya y teatro que en Egipto se está representando para que Occidente crea a pies juntillas la formalidad y seriedad de los acontecimientos que viven los egipcios y que se está vendiendo como churros al ciudadano occidental. Pero ¿Son todos los ciudadanos los que están reclamando esto o solo son unos pocos que se autoproclaman representativos? No hay rostros visibles y voces autorizadas, tras esta tramoya se intuyen actores callados, ocultos, respaldados por sectores muy activos, con recursos económicos desconocidos y que pueden inclinar la balanza hacia sus propios intereses y planes, porque la sociedad civil egipcia no tiene la suficiente base social y humana capaz de contrarrestar la que es verdaderamente importante y que sí puede llevar a Egipto hacia un punto de no retorno como son los Hermanos Musulmanes cuyos propósitos de guerrear contra Israel ya no ocultan aunque muchos en Europa consuman  sin rechistar y con grandes dosis de ignorancia y ceguera las tesis que están extendiendo por los medios de prensa y otros puestos a su disposición de forma gratuita.

Lo que está sucediendo en Egipto es un experimento de consecuencias que nadie calcula ni siquiera los que lo han puesto en marcha, financiado y respaldado, callados y a la espera. Porque mientras Occidente les hace la tarea de legitimar e interpretar en clave de ambición genuina las reclamaciones populares y de jóvenes, trabajan astutamente en su propio provecho. Hagamos un símil ajedrecístico con permiso: Al Baradei ya no cuenta, se han comido el caballo, les queda comerse las torres (sectores sociales que estorban), tienen peones (pueblo llano) y reina (la calle) fácil de engullir bajo su control, es al Rey Mubarak al que hay que neutralizar y están a punto de lograrlo aunque el alfil, ejército egipcio, no se ha pronunciado todavía de forma contundente, pero si consiguen atraer a las Fuerzas Armadas de Egipto hacia sus tesis, Israel puede irse preparando, no se quedarán quietos y lo han advertido desde el primer momento los muñidores de esta dudosa vía hacia la “democracia” a lo árabe, una marea sin control que manipulada con habilidad puede resultar incontrolable y letal. Son casi 90 millones de habitantes.

Estamos ante un tablero donde todos nos estamos jugando más que las libertades y la democracia en Egipto, sueño imposible, falso sueño.

¡Que es el Islám estúpido, el Islám!

Miguel Martín

Zaragoza

 
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