Por Israel
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| martes abril 14, 2020
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Ya no somos un árbol caído


 Siglos de desprecio nos trataron como a ese árbol caído y aún hay muchos que sienten nostalgia  de esa figura y muchos más los que buscan leña fácil, pero basta pasearse un poco por el moderno Israel, basta recorrer el sur, el norte, el este y el oeste para ver hasta qué punto hoy prospera nuestro árbol. Prospera en medio del desprecio árabe y la ignorancia cómoda de un mundo al que, y como le cuesta mucho admirar, critica y envidia. El árbol de Israel es tan extraordinario que tiene búnkers  por raíces y una prodigiosa fe en el gota a gota, milagrosa creación de un pueblo que siempre ha sido minoría, entidad con una cara vuelta hacia su propia tradición y la otra al servicio de los pueblos entre los cuales vivía.

En la década posterior a la Guerra de los Seis Días la comunidad árabe israelí y los mismos palestinos fueron beneficiarios de ese servicio, crecieron y prosperaron, mejoraron su sanidad y sus pueblos, pero como nadie quiere deberle nada a sus contemporáneos, que decía Borges, ese pobre hombre llamado Arafat se empeñó en despreciar el trabajo israelí y en alejar toda posibilidad de acuerdo basada en términos justos. La batalla desigual se libró entonces entre dos orgullos, el judío que tenía fe en lo que podía hacerse por el bien común, y el árabe que tenía fe en lo que había sido sin ayuda de nadie, claro que en los días de la Hégira o campañas de Mahoma. A lo sumo creían en Saladino, ni siquiera en el Ataturk de los modernizadores del estado islámico. Tras esa guerra milagrosa, la del 67, Israel no podía retirarse sin más, ¡ningún conquistador lo ha hecho nunca al día siguiente de su conquista! ¿Se retiró acaso la civilización musulmana de los sitios a los que llegaron sus ondas expansivas? Retirarse porque sí produce Hezbolás y Hamás, con el agravante de que cuando vuelves a enfrentarte con ellos el mundo ´´democrático´´ no te deja acabar tu tarea.

En cuanto a los árboles, hebreos y árabes comparten su amor por la palmera, el árbol de la resurrección y, según nuestro Libro de la claridad o Bahir, el modelo del Arbol de la Vida. De sus troncos caídos Mahoma mandó a construir las primeras mezquitas. De su expansión y cultivo en las cercanías del Mar Muerto-que nosotros no llamamos muerto sino de la sal-los judíos hicieron posible que el verdor volviese al desierto y la profecía de Isaías 27:6 encarnase en lo real: ´´Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de frutos.´´  Pero como los enemigos de Jacob-Israel no leen la Biblia, se esfuerzan en boicotear productos y bienes  que a benefician a todos y no pueden soportar que la faz del mundo coma por su boca los dátiles israelíes. La web-Islam, llena de bilis y otros venenos,  habla de las ´´garras del capital sionista´´. ¿Y qué me dicen de las garras del capital árabe, qatarí o saudí?¿Qué decir de los millones de petrodólares ganados en las últimas décadas por los países del Golfo Pérsico? ¿Invertidos en laboratorios para fabricar medicamentos que prolonguen la vida de los enfermos terminales, quizás? ¿Invertidos en mejorar la calidad de vida de sus gentes, tal vez? ¿Invertidos en hospitales, escuelas o proyectos alimenticios a gran escala,  a lo mejor?

 El árbol inmortal de Israel está en pie, no se hará leña de él, Antes bien vendrán a buscar sus retoños para plantar en otros lugares del mundo. Mal que les pese a nuestros enemigos, mal que les pese a los pierden el tiempo con su odio.

Fuente y difusion: www.porisrael.org

 
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