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Por Israel
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30 Tishri 5775 | Viernes octubre 24, 2014
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La Geopolítica de Israel: Bíblica y Moderna


stratfor-logo

El principio fundador de la geopolítica es que el lugar – geografía – juega un papel importante en la determinación de cómo las naciones se comportan. Si esa teoría es verdadera, entonces debe haber una profunda continuidad de la política exterior de una nación. Israel es un laboratorio para esta teoría, ya que ha existido en tres distintas manifestaciones en aproximadamente el mismo lugar, dos veces en la antigüedad y una vez en la modernidad. Si la geopolítica es correcta, entonces la política exterior de Israel, independiente de los políticos, la tecnología o la identidad de los vecinos, debería tener importantes rasgos comunes. Este es, por tanto, una discusión de principios comunes en la política exterior israelí, durante casi 3.000 años.

Por conveniencia, usaremos el término “Israel” para connotar todas las entidades hebreas y judías que han existido en el Levante, desde la invasión de la región, según la crónica en el Libro de Josué. Como siempre, la geopolítica requiere un estudio de tres dimensiones: la geopolítica interna de Israel, la interacción de Israel y los vecinos inmediatos con quienes comparte fronteras, y la interacción de Israel con lo que llamaremos las grandes potencias, más allá de las fronteras de Israel.

Israel se ha manifestado en tres ocasiones en la historia. La primera manifestación comenzó con la invasión liderada por Josué y se prolongó hasta su división en dos reinos, la conquista babilónica del Reino de Judea y la deportación a Babilonia, a principios del siglo VI A.C. La segunda manifestación comenzó en 540 A.C., cuando Israel fue recreado por los persas que habían derrotado a los babilonios. La naturaleza de esta segunda manifestación cambió en el siglo IV A.C., cuando Grecia invadió el Imperio Persa e Israel, y nuevamente en el siglo I A.C., cuando los romanos conquistaron la región.

La segunda manifestación mostró a Israel como un actor pequeño, dentro del marco de las grandes potencias imperiales, una situación que duró hasta la destrucción del estado vasallo judío por los romanos.

La tercera manifestación de Israel comenzó en 1948, después (como en los otros casos) del retorno de, al menos, algunos de los judíos que se habían dispersado después de las conquistas. La fundación de Israel tuvo lugar en el contexto de la decadencia y caída del Imperio Británico y debe entenderse, al menos en parte, como parte de la historia del imperio británico.

Durante sus primeros 50 años, Israel desempeñó un papel fundamental en la confrontación de Estados Unidos y la Unión Soviética y, en algunos sentidos, fue rehén de la dinámica de estos dos países. En otras palabras, al igual que las dos primeras manifestaciones de Israel, la tercera encuentra a Israel, continuamente, luchando entre la independencia, la tensión interna y la ambición imperial.

Geografía de Israel y la Zona Fronteriza

 

En su apogeo, bajo el reinado de David, Israel se extendía desde el Sinaí hasta el Éufrates, englobando a Damasco. Ocupó algo, pero relativamente poco, de la región costera, una zona comenzando en lo que hoy es Haifa y extendiéndose hacia el sur hasta Jaffa, justo al norte de la Tel Aviv de hoy. La zona costera al norte estaba en manos de Fenicia, la zona situada al sur por los filisteos. Es esencial comprender que el tamaño y la forma de Israel cambiaron con el tiempo. Por ejemplo, Judá bajo los asmoneos no incluia el Negev, pero sí incluía el Golán. La configuración regional general de Israel es fija. Sus límites precisos nunca lo han sido.

Por lo tanto, tal vez sea mejor comenzar con lo que nunca fue parte de Israel. Israel nunca incluyó la península del Sinaí. A lo largo de la costa, nunca se extendió mucho más al norte que el río Litani, en el actual Líbano. Fuera de la extensión máxima de David hacia el norte (y con bastante tenue control), el territorio de Israel nunca se extendió hasta Damasco, aunque frecuentemente control los Altos del Golán. Israel´ se extendió muchas veces a ambos lados del Jordán, pero nunca profundamente dentro del desierto de Jordania. Nunca se extendió hacia el sudeste en la Península Arábiga.

Israel consiste generalmente de tres partes. Primero, siempre poseyó la región montañosa del norte, extendiéndose desde las estribaciones del monte Hermón hasta Jerusalem al sur. Segundo, siempre contuvo algo de la llanura desde la actual Tel Aviv hasta Haifa hacia el norte. Tercero, ocupó la zona entre Jerusalem y el río Jordán – la Margen Occidental de hoy. A veces, controló la totalidad o parte del Neguev, incluida la región costera entre el Sinaí hasta la zona de Tel Aviv. Pudo ser más grande que esto en varios momentos de la historia y, a veces más pequeño pero, normalmente, controló la totalidad o parte de estas tres regiones.

Israel está bien protegido en tres direcciones. El desierto de Sinaí lo protege contra los egipcios. En general, el Sinaí ha tenido poco atractivo para los egipcios. La dificultad de desplegar fuerzas en el este del Sinaí, plantea graves problemas logísticos para ellos, especialmente durante una presencia prolongada. A menos que Egipto pueda movilizarse rápidamente por la llanura costera en el norte del Sinaí, donde puede sostener sus fuerzas con mayor facilidad, desplegarse en el Sinaí es difícil y poco gratificante. Por lo tanto, mientras Israel no sea tan débil, como para que un ataque por la llanura costera sea una opción viable, o a menos que Egipto esté motivado por un poder imperial externo, Israel no se enfrenta a una amenaza desde el suroeste.

Israel está igualmente protegido desde el sudeste. Los desiertos al sudeste de Eilat-Aqaba son prácticamente infranqueables. Ninguna gran fuerza podría acercarse de esa dirección, aunque partidas más pequeñas podrían atacar. Las tribus de la Península Arábiga carecen del alcance o el tamaño que puedan representar una amenaza para Israel, a menos que se unan y se alineen con otras fuerzas. Incluso entonces, el enfoque desde el sudeste no es uno que, probablemente, se vaya a tomar. El Néguev es seguro desde esa dirección.

Los enfoques orientales están similarmentemente asegurados por el desierto, que comienza unos 30 a 45 kilómetros al este del río Jordán. Mientras que existen fuerzas autóctonas en la frontera este del Jordán, carecen de la cantidad para ser capaces de penetrar, de manera decisiva, al oeste del Jordán. En realidad, el modelo normal es que, mientras Israel controle Judea y Samaria (la Margen Occidental de hoy en día), la Margen Oriental del río Jordán está bajo el dominio político y, a veces, militar de Israel – a veces directamente a través de asentamientos, a veces indirectamente a través de la influencia política, económica o apalancamiento de seguridad.

La vulnerabilidad de Israel está en el norte. No hay barrera natural entre Fenicia y sus entidades sucesoras (Líbano de hoy) directamente al norte. La mejor línea de defensa de Israel en el norte es el río Litani, pero esta no es una frontera infranqueable bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, la zona a lo largo de la costa norte de Israel no representa una amenaza seria. La zona costera prospera a través del comercio en la cuenca mediterránea. Está orientada hacia el mar y las rutas comerciales hacia el este, no hacia el sur. Si hace algo, esta zona protege esas rutas comerciales y no tiene apetito por un conflicto que podría perturbar el comercio. Se mantiene, mayormente, fuera del camino de Israel.

Además, como una zona comercial, esta región es generalmente rica, un factor que hace aumentar los depredadores a su alrededor y los conflictos sociales en su interior. Es una zona propensa a la inestabilidad. Israel, con frecuencia, trata de extender su influencia hacia el norte por razones comerciales, como uno de los depredadores, y esto puede enredar a Israel en su política regional. Pero salvo este auto inducido problema, la amenaza a Israel desde el norte es mínima, a pesar de la ausencia de fronteras naturales y de la gran población. En ocasiones, se desbordan conflictos desde el norte, pero no en un grado que pueda amenazar la supervivencia del régimen de Israel.

El vecino que siempre es una amenaza se encuentra al noreste. Siria – o, más precisamente, la zona siempre controlada por Damasco – e populosa y, con frecuencia, no tiene salida directa al mar. Por lo tanto, es generalmente pobre. La zona hacia su norte, Asia Menor, es muy montañosa. Siria no puede proyectar su poder hacia el norte, salvo con gran dificultad, pero las potencias de Asia Menor, pueden desplazarse hacia el sur. El flanco oriental de Siria está protegido por un desierto que se extiende hasta el Éufrates. Por lo tanto, cuando no existe una amenaza desde el norte, el interés de Siria – después de asegurarse internamente – es ganar acceso a la costa. Su vía principal es directamente hacia el oeste, hacia las ricas ciudades de la costa levantina del norte, con la que comercial intensamente. Un interés alternativo es hacia el suroeste, hacia la costa levantina sur, controlada por Israel.

Como puede verse, Siria puede estar interesado en Israel, sólo selectivamente. Aunque esté interesado, tiene un grave problema de batalla. Para atacar a Israel, tendría que hacerlo entre el monte Hermón y el Mar de Galilea, una zona de cerca de 40 kilómetros de ancho. Los sirios, potencialmente, pueden atacar por el sur del mar, pero sólo si están dispuestos a luchar a través de esta región y luego atacar las extendidas líneas de abastecimiento. Si se monta un ataque a lo largo de la ruta principal, las fuerzas sirias deben descender por los Altos del Golán y luego luchar a través de la montañosa Galilea, antes de llegar a la llanura costera – a veces con las guerrillas resistiendo en las colinas de Galilea. Galilea es una zona relativamente fácil de defender y difícil de atacar. Por lo tanto, sólo una vez que Siria tome Galilea, y pueda controlar sus líneas de suministro de los ataques guerrilleros, comenzará su verdadera batalla.

Para llegar a la costa o moverse hacia Jerusalem, Siria debe luchar a través de una llanura, frente a una línea de colinas bajas. Éste es el campo de batalla decisivo donde masivas fuerzas israelíes, cerca de las líneas de suministro, pueden defenderse contra las fuerzas sirias dispersas con extendidas líneas de suministro. No es casualidad que Meguido – o Armagedón, como a veces se refiere a la llanura – tiene un significado apocalíptico. Este es el punto en el que cualquier movida de Siria se decidiría. Pero una ofensiva siria libraría una dura lucha para llegar a Meguiddo, y una más dura cuando se despliegue en la llanura.

En la superficie, Israel carece de profundidad estratégica, pero esto es cierto sólo en la superficie. Se enfrenta a amenazas limitadas de los vecinos del sur. Hacia el este, enfrenta sólo una estrecha franja de la zona poblada al este del Jordán. Hacia el norte, hay una entidad comercial marítima. Siria, operando sola, forzada a través de la estrecha abertura de la línea del Monte Hermón-Galilea y operando con líneas extendidas de suministro, se lo puede tratar con facilidad.

Existe el riesgo de ataques simultáneos desde múltiples direcciones. Dependiendo de las fuerzas desplegadas y del grado de coordinación entre ellas, esto puede plantear un problema para Israel. Sin embargo, incluso en ese caso, los israelíes tienen la enorme ventaja de combatir en las líneas interiores. Egipto y Siria, combatiendo en líneas externas (y en frentes muy distantes entre sí), tendrían enormes dificultades para transferir fuerzas de un frente a otro. Israel, en las líneas interiores (frentes cercanos uno del otro con un buen sistema de transporte), sería capaz de mover sus fuerzas de un frente a otro con rapidez, permitiendo la participación secuencial y, por lo tanto, la derrota de los enemigos. A menos que los enemigos estén cuidadosamente coordinados e inicien la guerra simultáneamente – y desplieguen una fuerza substancialmente superior en, al menos, uno de los frentes – Israel puede iniciar la guerra en el momento de su elección o bien mover sus fuerzas rápidamente entre los frentes, invalidando mucho la ventaja de tamaño que los atacantes puedan tener.

Existe otro aspecto en el problema de la guerra de múltiples frentes. Egipto, por lo general, tiene intereses mínimos a lo largo del Levante, ya que tiene su propia costa y una orientación hacia el sur, hacia las fuentes del Nilo. En las raras ocasiones en que Egipto se mueve a través del Sinaí y ataca el norte y noreste, es a modo de expansión. Para cuando se consolida y aprovecha la llanura costera, es lo suficientemente poderoso como para amenazar a Siria. Desde el punto de vista de Siria, lo único más peligroso que Israel, es un Egipto controlando Israel. Por lo tanto, la probabilidad de un ataque coordinado norte-sur contra Israel es raro, rara vez es coordinado y, por lo general, no está diseñado para ser un golpe mortal. Es derrotado por la ventaja estratégica de las líneas interiores de Israel.

Geografía de Israel y la Zona de Convergencia

 

Por lo tanto, no es de extrañar que la primera encarnación de Israel durara tanto como duró – unos cinco siglos. Lo que es interesante y lo que debe considerarse es por qué Israel (actualmente considerado como el reino del norte) fue derrotado por los asirios y Judea, y luego derrotado por Babilonia. Para entender esto, debemos tomar en consideración la geografía más amplia de la ubicación de Israel.

Israel está situado en la costa oriental del Mar Mediterráneo, en el Levante. Como hemos visto, cuando Israel está intacto, tenderá a ser la potencia dominante en el Levante. Por lo tanto, los recursos israelíes, en general, deben dedicarse a la guerra terrestre, dejando poco a la guerra naval. En general, aunque Israel tuvo excelentes puertos y acceso a la madera para construcción naval, nunca fue una gran potencia naval en el Mediterráneo. Nunca se proyecta la energía en el mar. La zona al norte de Israel ha sido siempre una potencia marítima, pero Israel, en la zona al sur del Monte Hermón, siempre se vio obligado a ser una potencia terrestre.

El Levante en general, e Israel en particular, siempre ha sido un imán para las grandes potencias. Ningún imperio del Mediterráneo podía estar totalmente seguro, a menos que controlara el Levante. Ya fuera Roma o de Cartago, un imperio mediterráneo que quisiera controlar tanto los litorales norte y sur, necesitaba asegurar su flanco oriental en el Levante. Por una parte, sin el Levante, una potencia mediterránea sería totalmente dependiente de las vías marítimas para controlar la otra orilla. Trasladar tropas únicamente por mar, crea limitaciones de transporte y problemas logísticos. También deja vulnerables a la interdicción a las líneas imperiales – a veces sólo por parte de los piratas, un problema que afectó el transporte por mar de Roma. Un puente terrestre, o un puente terrestre con mínimos cruces acuáticos pueda ser fácil de defender, es un complemento esencial del mar para el movimiento de un gran número de tropas. Una vez que se cruza el Helesponto, la ruta costera por el sur de Turquía, por el Levante y a lo largo de la orilla sur del Mediterráneo, ofrece tal alternativa.

Existe una consideración adicional. Si un imperio mediterráneo deja el Levante sin ocupar, se abre la puerta a la posibilidad de que una gran potencia originaria de oriente ocupe los puertos del Levante y desafíe a la potencia mediterránea por la dominación marítima del Mediterráneo. En resumen, el control del Levante unifica al imperio mediterráneo, al mismo tiempo que le niega al desafiante oriental la oportunidad de acceder al Mediterráneo. Mantener el Levante, y controlar a Israel, es una necesaria medida preventiva para un imperio mediterráneo.

Israel también es importante para cualquier imperio originario del este de Israel, ya sea de la cuenca del Tigris y el Eufrates, o de Persia. Para cualquiera, la seguridad sólo podía ser asegurada una vez que tuviera un ancla en el Levante. La expansión macedónica bajo Alejandro, demostró que una potencia que controlara los puertos levantinos y turcos, podría apoyar operaciones agresivas en el lejano este, en la región del Hindu Kush y más allá. Mientras que los puertos turcos podrían haber bastado para operaciones ofensivas, simplemente asegurando el Bósforo, aún dejaba el flanco sur expuesto. Por lo tanto, manteniendo el Levante, una potencia oriental se protegía contra los ataques de las potencias mediterráneas.

El Levante también era importante para cualquier imperio originario del norte o del sur de Israel. Si Egipto decidía ir más allá de la cuenca del Nilo y el Norte de África hacia el este, su primer movimiento sería a través del Sinaí, y luego hacia el norte a lo largo de la llanura costera, asegurando las rutas marítimas a Egipto. Cuando se desarrollaron las potencias de Asia Menor, tales como el Imperio Otomano, había una tendencia natural a moverse hacia el sur para controlar el Mediterráneo oriental. El Levante es la encrucijada de los continentes, e Israel se encuentra en el camino de muchas ambiciones imperiales.

Por consiguiente, Israel ocupa lo que podría llamarse la zona de convergencia del hemisferio oriental. Una potencia europea que trate de dominar el Mediterráneo o ampliarse hacia oriente, una potencia oriental que trate de dominar el espacio entre el Hindu Kush y el Mediterráneo, una potencia del norafricana moviéndose hacia el este, o una potencia del norte hacia el sur – todas debe converger en la costa oriental del Mediterráneo y, por lo tanto, en Israel. De éstos, la potencia europea y la potencia oriental deben ser las más preocupadas con Israel. Para cualquiera, no hay más remedio que asegurarla como un ancla.

Geopolítica Interna

 

Israel está geográficamente dividida en tres regiones que, tradicionalmente, han producido tres tipos diferentes de personas. Su llanura costera facilita el comercio, sirviendo como interfaz entre las rutas comerciales del este y el mar. Es el hogar de los comerciantes y fabricantes, cosmopolitas – no tan cosmopolitas como Fenicia o Líbano, pero cosmopolitas para Israel. El noreste es región montañosa, la más cercana al indisciplina norte del río Litani y a la amenaza siria. Produce agricultores y guerreros. La zona al sur de Jerusalem es el duro país del desierto, más propicio para pastores y guerreros que para cualquier otra cosa. Jerusalem es donde estas tres regiones son equilibradas y gobernadas.

Obviamente, hay profundas diferencias integradas en la geografía de Israel y en sus habitantes, especialmente entre los pastores de los desiertos del sur y los habitantes de las colinas del norte. Los habitantes de la costa, ricos pero menos belicosos que los demás, mantienen el equilibrio o son el premio que se persigue. En la división del reino original entre Israel y Judea, vimos la alianza de la costa con la Galilea, mientras que Jerusalem estaba en manos de los habitantes del desierto. La consecuencia de la división fue que Israel en el norte, finalmente, fue conquistada por los asirios desde el noreste, mientras que Babilonia fue capaz de tragarse a Judea.

Las divisiones sociales en Israel, obviamente, no tienen que seguir las líneas geográficas. Sin embargo, con el tiempo, estas divisiones deben manifestarse. Por ejemplo, la llanura costera es inherentemente más cosmopolita que el resto del país. Los intereses de sus habitantes se encuentran más con los socios comerciales en el Mediterráneo y el resto del mundo, que con sus compatriotas. Su nivel de vida es mayor, y su compromiso con las tradiciones es menor. Por lo tanto, hay una tensión inherente entre sus intereses inmediatos y los de los galileos, que viven más precariamente, vidas belicosas. Los países pueden dividirse entre menos cuestiones – y cuando Israel está dividido, incluso es vulnerable a las amenazas regionales.

Decimos “incluso”, porque la geografía determina que las amenazas regionales son menos amenazantes de lo que podría esperarse. El hecho de que Israel sería superado demográficamente si todos sus vecinos la atacaran, es menos importante que el hecho de que tenga amortiguador adecuados en la mayoría de las direcciones, que la capacidad de los vecinos para coordinar un ataque sea mínima y que su apetito por un tal ataque sea aún menor. La única amenaza que Israel enfrenta desde el noreste puede controlarse fácilmente si los israelíes crean allí un frente unificado. Cuando Israel fue invadido por una potencia con sede en Damasco, estaba profundamente dividido internamente.

Es importante agregar una consideración a nuestra discusión sobre los amortiguador, que es la diplomacia. Los principales vecinos de Israel son egipcios, sirios y los que viven en la margen oriental del Jordán. Este último grupo es una fuerza insignificante demográficamente, y los intereses de los sirios y los egipcios son ampliamente divergentes. Los intereses de Egipto están hacia el sur y el oeste de su territorio, la península del Sinaí no tiene ningún atractivo. Siria está siempre amenazada desde varias direcciones, y la alianza con Egipto añade poco a su seguridad. Por lo tanto, en el peor de los casos, Egipto y Siria tienen dificultades para apoyarse mutuamente. En el mejor de los casos, desde el punto de vista de Israel, se puede llegar a un acuerdo político con Egipto, asegurando políticamente su frontera suroeste, así como por la geografía, liberando así a Israel para que se concentre en las amenazas y oportunidades del norte.

Israel y las Grandes Potencias

 

La amenaza a Israel raramente proviene de la región, excepto cuando los israelíes están divididos internamente. Las conquistas de Israel ocurrieron cuando las potencias no adyacentes comenzaron a formar imperios. Babilonia, Persia, Macedonia, Roma, Turquía y Gran Bretaña, todos controlaron políticamente a Israel, a veces para peor y a veces para mejor. Cada uno dominó lo militarmente, pero ninguno de ellos era un vecino de Israel. Este es un patrón consistente. Israel puede resistir a sus vecinos, el peligro surge cuando potencias más distantes comienzan a jugar juegos imperiales. Los imperios pueden soportar traer fuerzas que Israel no pueda resistir.

Por consiguiente, Israel tiene este problema: Estaría segura si pudiera limitarse a proteger sus intereses de los vecinos, pero no puede limitarse porque su ubicación geográfica, invariablemente, lleva a más grandes y más distante potencias hacia Israel. Por lo tanto, mientras los ejércitos de Israel pueden centrarse únicamente en los intereses inmediatos, sus intereses diplomáticos deben mirar mucho más allá. Israel está constantemente enredado con los intereses mundiales (como el mundo se define en cada momento), tratando de desviar y alinearse con las más amplias potencias mundiales. Cuando fracasa en esta diplomacia, las consecuencias pueden ser catastróficas.

Israel existe en tres condiciones. Primero, puede ser un estado completamente independiente. Esta condición se produce cuando no hay grandes potencias imperiales externas a la región. Podríamos llamar a esto el modelo de David. Segundo, puede vivir como parte de un sistema imperial – ya sea como un aliado subordinado, como una entidad moderadamente autónoma o como una satrapía. En cualquier caso, mantiene su identidad, pero pierde margen de maniobra en la política exterior independiente y, potencialmente, en la política interna. Podríamos llamar a esto el modelo persa en su forma más beneficiosa. Por último, Israel puede ser completamente aplastado – con deportaciones en masa y migraciones, con una total pérdida de autonomía y mínima autonomía residual. Podríamos llamar a esto el modelo babilónico.

El modelo davídico existe principalmente cuando no existe una potencia imperial externa que necesite controlar el Levante y que se encuentre en posición sea para enviar directamente una fuerza o para apoyar a subrogantes en la región inmediata. El modelo persa existe cuando Israel se alinea con los intereses de política exterior de ese poder imperial, para su propio beneficio. El modelo babilónico existe cuando Israel calcula mal el más amplio equilibrio de poder e intenta resistir a una potencia hegemónica emergente. Cuando nos fijamos en el comportamiento israelí a través del tiempo, los períodos en los que Israel no se enfrentó a poderes hegemónicos fuera de la región no son raros, pero son mucho menos comunes que cuando los enfrenta.

Teniendo en cuenta el período de la primera versión de Israel, sería exagerado decir que el modelo davídico rara vez entra en juego pero, sin duda desde entonces, las variantes de los modelos persas y babilónicos han dominado. La razón es geográfica. Normalmente Israel es de interés para las potencias externas debido a su posición estratégica. Si bien Israel puede hacer frente efectivamente a los desafíos locales, no puede hacer frente a desafíos más amplios. Carece del peso económico o militar para resistir. Por lo tanto, normalmente está en el proceso de gestionar amenazas más amplias o colapso a causa de ellas.

La Geopolítica del Israel Contemporáneo

 

Veamos entonces la manifestación contemporánea de Israel. Israel fue recreado por la interacción entre una gran potencia regional, el Imperio Otomano, y una potencia mundial, Gran Bretaña. Durante su fase de expansión, el Imperio Otomano trató de dominar el Mediterráneo oriental, así como sus dos costas, norte y sur. Uno de sus empujes fue a través de los Balcanes hacia Europa central. El otro fue hacia Egipto. Inevitablemente, esto requería que los otomanos aseguraran el Levante.

Para los británicos, el enfoque en el Mediterráneo oriental era la principal ruta marítima a la India. Como tal, Gibraltar y Suez eran cruciales. La importancia de Suez era tal que la presencia de una importante y hostil fuerza naval en el Mediterráneo oriental, representaba una amenaza directa a los intereses británicos. De ello se desprendía que la derrota del Imperio Otomano, durante la Primera Guerra Mundial, y quebrar su poder naval residual era crítico. Los británicos, como se demostró en Gallipoli, carecían de los recursos para quebrar al Imperio Otomano por la fuerza. Recurrieron a una serie de alianzas con fuerzas locales para socavar a los otomanos. Una de ellas fue una alianza con las tribus beduinas en la Península Arábiga; otras involucraron pactos secretos con intereses árabes anti-turcos, desde el Levante hasta el Golfo Pérsico. Una tercera ofensiva menor, fue alinearse con los intereses judíos a nivel mundial, en particular con aquellos interesados ??en la refundación de Israel. Gran Bretaña tenía poco interés en este objetivo, pero consideró tales debates como parte del proceso de desestabilización de los otomanos.

La estrategia funcionó. En virtud de un acuerdo con Francia, la provincia otomana de Siria fue dividida en dos partes, en una línea aproximada que va de este a oeste entre el mar y el monte Hermón. La parte norte fue dada a Francia y dividida divide en Líbano y una entidad trasera, Siria. La parte sur se le dio a Gran Bretaña y fue llamada Palestina, como el distrito administrativo otomano Filistina. Dada la compleja política de la Península Arábiga, los británicos debían encontrar un hogar para un grupo de hashemitas, a los que ubicaron en la orilla este del río Jordán y designaron, a falta de mejor nombre, la Trans-Jordania – el otro lado del Jordán. Palestina se parecía mucho al tradicional Israel.

Las bases ideológicas del sionismo no son nuestra preocupación aquí, ni tampoco las migraciones de los judíos, antes y después de la Segunda Guerra Mundial, aunque son ciertamente críticas. Lo que es importante para los propósitos de este análisis son dos cosas: Primero, los británicos emergieron, económica y militarmente, lisiados de la Segunda Guerra Mundial e incapaces de mantener su imperio mundial, incluido Palestina. Segundo, las dos potencias mundiales que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial – Estados Unidos y la Unión Soviética – estaban comprometidos en una intensa lucha por el Mediterráneo oriental después de la Segunda Guerra Mundial, como puede verse en los asuntos griego y turco de esa época. Ninguno quería ver sobrevivir al Imperio Británico, cada uno quería el Levante, y ninguno estaba dispuesto a hacer un movimiento decisivo para tomarlo.

Tanto Estados Unidos como la Unión Soviética vieron la recreación de Israel como una oportunidad para sus poderes en el Levante. Los soviéticos pensaron que podrían tener alguna influencia sobre Israel, debido a la ideología. Los estadounidenses pensaban que podría haber alguna influencia, dado el papel de los judíos estadounidenses en su fundación. Ninguno de ellos estaba pensando con especial claridad sobre el asunto, porque ninguno había encontrado realmente su equilibrio después de la Segunda Guerra Mundial. Ambos sabían que el Levante era importante, pero ninguno veía el Levante como un campo de batalla central en ese momento. Israel se deslizó a través de las grietas.

Una vez que la cuestión de la unidad judía se estableció, a través de la acción despiadada del gobierno de David Ben Gurion, Israel enfrentó una amenaza simultánea de todos sus vecinos inmediatos. Sin embargo, como hemos visto, la amenaza en 1948 fue más aparente que real. El Levante del norte, Líbano, estaba fundamentalmente desunido – mucho más interesado en el comercio marítimo regional y preocupado por el control de Damasco. No representaba ninguna amenaza real para Israel. Jordania, asentada en la margen oriental del río Jordán, era un poder exterior que había sido trasplantado en la región y estaba más preocupado por los árabes nativos – los palestinos – que acerca de Israel. Los jordanos, secretamente, colaboraron con Israel. Egipto representaba una amenaza, pero su capacidad para mantener las líneas de suministro a través del Sinaí era muy limitada y su genuino interés en la participación y la destrucción de Israel era más retórica que real. Como de costumbre, los egipcios no podían permitirse el nivel de esfuerzo necesario para entrar en el Levante. Siria, por sí mismo, tenía un interés muy real en la derrota de Israel, pero por sí sola era incapaz de una acción decisiva.

Las líneas exteriores de los vecinos de Israel evitaron una acción eficaz y concertada. Las líneas interiores de Israel permitieron el eficaz despliegue y redistribución de la fuerza. No era obvio en ese momento pero, retrospectivamente, podemos ver que, una vez que Israel existiera, estuviera unido y tuviera, incluso, una limitada fuerza militar, su supervivencia estaba garantizada. Es decir, siempre que ninguna gran potencia se opusiera a su existencia.

Desde su fundación hasta los Acuerdos de Camp David, restableció el Sinaí como un amortiguador con Egipto, el problema estratégico de Israel era la siguiente: Mientras Egipto estaba en el Sinaí, los requisitos nacionales de seguridad de Israel superaban sus capacidades militares. No podía, simultáneamente, alinear un ejército, mantener su economía civil y producir todas las armas y suministros necesarios para la guerra. Israel debía alinearse con las grandes potencias que vieron una oportunidad de perseguir otros intereses, armando a Israel.

El primer mecenas de Israel fue la Unión Soviética – a través de Checoslovaquia – que suministró armas antes y después de 1948, con la esperanza de utilizar a Israel para introducirse en el Mediterráneo oriental. Israel, consciente de los riesgos de perder autonomía, también se movió hacia una relación con una declinante gran potencia, que estaba luchando para mantener su imperio: Francia. Luchando para mantenerse en Argelia y en tensión constante con los árabes, Francia vio a Israel como un aliado natural. Y aparte de la operación contra Suez en 1956, Israel vio en Francia un patrocinador que no estaba en condiciones de reducir la autonomía de Israel. Sin embargo, con el fin de la guerra en Argelia y el realineamiento de Francia en el mundo árabe, Israel se convirtió en un lastre para Francia y, después de 1967, Israel perdió el patrocinio francés.

Israel no se convirtió en un aliado serio de los estadounidenses hasta después de 1967. Esa alianza era del interés estadounidense. Estados Unidos tenía, como un imperativo estratégico, el objetivo de mantener a la marina soviética fuera del Mediterráneo o, al menos, bloquear su acceso irrestricto. Eso significaba que Turquía, en control del Bósforo, debía mantenerse en el bloque estadounidense. Siria e Irak cambiaron sus políticas a finales de los años 1950 y para mediados del decenio de 1960 habían sido armados por los soviéticos. Esto hizo que la posición de Turquía fuera precaria: si los soviéticos presionaban desde el norte, mientras que Siria e Irak presionaban desde el sur, el resultado sería incierto, por decir lo menos, y el equilibrio global de poder estaría en juego.

Estados Unidos utilizó a Irán para desviar la atención de Irak. Israel fue igualmente útil para desviar la atención de Siria. Mientras Siria fuera amenazada por Israel desde el sur, no podría desviar sus fuerzas hacia el norte. Eso ayudó a asegurar Turquía, a un costo relativamente bajo de ayuda y riesgo. Al alinearse con los intereses de una gran potencia, Israel perdió parte de su margen de maniobra: por ejemplo, en 1973, estaba limitado por Estados Unidos en lo que pudiera hacerle a Egipto. Pero aparte de esas limitaciones, se mantuvo autónomo internamente y, en general, libre para perseguir sus intereses estratégicos.

El fin de las hostilidades con Egipto, garantizado por la zona de amortiguamiento del Sinaí, creó una nueva era para Israel. Egipto fue restaurado a su posición tradicional, Jordania era un poder marginal en la margen oriental, Líbano estaba en su modo normal, inestable, y sólo Siria era una amenaza. Sin embargo, era una amenaza con la que Israel podría fácilmente lidiar. Siria, por sí sola, no podría amenazar la supervivencia de Israel.

Después de Camp David (un nombre irónico), Israel estaba en su modelo davídico, en un sentido algo modificado. Su supervivencia no estaba en juego. Sus problemas – dominar a una gran población hostil y manejar los eventos en el Levante norte – eran menos que críticos (es decir que, aunque no eran tareas fáciles, no representaban una amenaza fundamental para la supervivencia nacional, siempre y cuando Israel conservara la unidad nacional) . Cuando estuvo unificado, Israel nunca ha sido amenazada por sus vecinos. La Geografía dicta en su contra.

El peligro para Israel vendrá sólo si una gran potencia busca dominar la Cuenca del Mediterráneo u ocupar la región comprendida entre Afganistán y el Mediterráneo. En el breve período transcurrido desde la caída de la Unión Soviética, esto ha sido imposible. No ha habido una gran potencia con el apetito y la voluntad para tal aventura. Pero 15 años ni siquiera es una generación, e Israel debe medir su historia en siglos.

La naturaleza del sistema internacional es buscar equilibrio. La realidad primaria del mundo de hoy es el poder abrumador de Estados Unidos. Estados Unidos efectúa a Israel pocas demandas que importen. Sin embargo, es la naturaleza de las cosas que Estados Unidos amenace los intereses de otras grandes potencias que, individualmente débiles, tratarán de formar coaliciones en su contra. Inevitablemente, tales coaliciones surgirán. Ese será el siguiente punto de peligro para Israel.

En el caso de una rivalidad global, Estados Unidos podría pedirle requisitos onerosos a Israel. Alternativamente, las grandes potencias podrían entrar en el valle del río Jordán o aliarse con Siria, entrar en Líbano o aliarse con Israel. El atractivo histórico de la costa oriental del Mediterráneo se centraría la atención de tal poder y conduciría a intentos de ejercer control sobre el Mediterráneo o crear un imperio seguro en Medio Oriente. En cualquiera de estos casos, o en algunos de los otros discutidos, se crearía una circunstancia en la que Israel podría enfrentar una catástrofe babilónica o verse obligado a alguna variante del sometimiento persa o romano.

El peligro para Israel no es un levantamiento palestino. La agitación palestina es un fastidio que Israel puede manejar, siempre y cuando no socave la unidad israelí. Sea que se administrado por medio de la dominación o garantizándoles a los palestinos un estado vasallo, importa poco. Tampoco Israel puede verse amenazada por sus vecinos. Incluso un ataque unificado por parte de Siria y Egipto fracasará, por las razones expuestas. La amenaza real para Israel, como se puede ver en la historia, se encuentra en el caso de división interna y/o el de una gran potencia que codicie la posición geográfica de Israel, reuniendo fuerzas que estén más allá de su capacidad de resistir. Incluso eso puede manejarse, si Israel tiene un patrocinador cuyos intereses involucren negarle la costa a otra potencia.

La realidad de Israel es la siguiente. Es un país pequeño, sin embargo deben manejar amenazas que ahora surgen muy fuera de su región. Puede sobrevivir sólo si maniobra con las grandes potencias, que controlan recursos enormemente mayores. Israel no puede igualar los recursos y, por lo tanto, debe ser constantemente inteligente. Hay períodos en los que está relativamente seguro, debido a los alineamientos de las grandes potencias, pero su estado normal es uno de inquietud mundial. Ninguna nación puede ser inteligente para siempre, y la historia de Israel muestra que alguna forma de subordinación es inevitable. De hecho, ahora está, en medida muy limitada, subordinada a Estados Unidos.

Para Israel, el mantenimiento de una independencia davídica es difícil. La estrategia de Israel debe ser la de gestionar efectivamente su subordinación, negociando inteligentemente con su patrocinador, como lo hizo con Persia. Pero la inteligencia no es un concepto geopolítico. No es permanente, y no está asegurada. Y esa es la crisis perpetua de Jerusalem.

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld.

 
Comentarios

DIOS TE BENDIGA ISRAEL!!!

LOS CRISTIANOS ESTAMOS ORANDO POR ISRAEL!!

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