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| miércoles diciembre 4, 2019
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La Patraña Muhammad al-Dura y Otros Mitos Reactivados


Nidra Poller

Middle East Quarterly

Otoño de 2011, pp 71-78

http://www.meforum.org/3076/muhammad-al-dura-hoax

 AlDurrah1

El 30 de septiembre de 2000, un día después que Yasser Arafat lanzara su guerra terrorista, eufemísticamente como la Intifada de al-Aqsa, la televisión de propiedad estatal France 2, emitió un informe de noticia, filmado por un camarógrafo palestino, sobre la muerte a tiros de un palestino de 12 años de edad, identificado como Muhammad al-Dura. El espectacular comentario, con voz superpuesta, del corresponsal, de larga data, de la estación en Jerusalem, Charles Enderlin, describía cómo, el niño y su padre Jamal, fueron inmovilizados por disparos israelíes en el cruce de Netzarim en la Franja de Gaza. El padre suplicaba desesperadamente a los soldados que dejaran de disparar, sin ningún resultado. «Un último estallido de disparos», entonó Enderlin, «el niño está muerto, su padre resultó gravemente herido».

Las imágenes sin sangre de Jamal y Mohamed al-Dura abrasaron instantáneamente la mente del público. Distribuidas gratuitamente a los medios de comunicación internacionales, repetidas hasta la saciedad, como un estridente grito de guerra, el video Dura provocó una violencia anti judía en Israel y, en una escala no vista desde el Holocausto, en toda Europa[1]. La televisión al-Jazeera, de reciente creación – fundada en 1996 – fue significativamente impulsada, explotando la escena de la muerte al Dura.

Casi inmediatamente reconocida como una escena montada por los astutos observadores, denunciado por otros como una acusación infundada contra los soldados israelíes, el video Dura ha sido analizado, investigado, disecado, expuesto, llevado a los tribunales, atacado, defendido, explotado y debatido, durante casi diez años[2]. Como finalmente resultó, el camarógrafo palestino Talal Abu Rahma, que ha ganado innumerables premios por el video, capturó menos de un minuto de la dramática escena, la que duró, según su testimonio bajo juramento, cuarenta y cinco minutos. Cuarenta y cinco minutos de disparos ininterrumpidos «desde la posición israelí» dejaron al hombre y al niño milagrosamente intactos, de acuerdo a lo que se puede deducir de mirar el video. Contrariamente a lo que el mundo fue llevado llevado a creer, no hay filmación en bruto de la escena. Y, contrariamente a lo que cabría esperar, esta y otras igualmente vergonzosas revelaciones han dejado al mito Dura, para toda intención y efecto, intacto.

Reinventando una Mentira

En su último intento de silenciar las críticas a la controversial emisión, Enderlin recientemente publicó una defensa, del tamaño de un libro, de las denuncias originales, Un Enfant est mort (Un niño está Muerto), seguido del lugar y fecha, Netzarim, 30 de septiembre de 2000[3]. Sistemáticamente presentado en Francia como un experto de renombre internacional en el conflicto árabe-israelí, el corresponsal de France 2 es prácticamente desconocido en el resto del mundo excepto, tal vez, por su papel como productor de la «muerte de Muhammad al-Dura».

A Enderlin le gusta reprender a los críticos de la emisión, diciendo que nunca han puesto un pie en Gaza y no saben nada sobre el periodismo de guerra. En la primavera de 2011, irritado por las denuncias de los medios de comunicación «comunitarios» (es decir, judíos) sobre la falencia de los medios de comunicación nacionales y, más concretamente, del canal de TV France 2, de propiedad estatal, en cubrir la masacre, que hiela la sangre, de los cinco miembros de la familia Fogel en el asentamiento Itamar, el 12 de marzo de 2011, el periodista profesional les regaló a los críticos una conferencia, en su blog, acerca de cómo está compuesto un noticiero. «Me gustaría poder informar sobre todos los eventos importantes», escribió, «el horrible crimen de Itamar, la trágica muerte de adolescentes palestinos, muertos el año pasado por un ataque israelí en Gaza (…por el que Benjamin Netanyahu se disculpó), los cohetes que caen regularmente en el sur de Israel». Un director de noticias, explicó Enderlin con un toque de exasperación, debe asignar el tiempo de aire limitado a un flujo de noticias entrantes. Las prioridades se establecen de acuerdo con «criterios bien establecidos». Con miles de muertos por el terremoto y el tsunami en Japón, «la tercera mayor economía del mundo», no había lugar para cubrir «lo que ocurrió en Itamar». Al día siguiente, añadió, un corto artículo fue embutido sobre las consecuencias del asesinato (es decir, la anticipada violencia de los colonos). Hasta que los culpables fueron arrestados, opinó el avezado periodista, el ataque no podría haber sido calificado como un asalto terrorista.[4]

Ninguna duda sobre la identidad de los culpables había atemperado el entusiasmo de Enderlin por el video Dura, que salió al aire unas pocas horas después de su filmación. Ningún «criterio bien establecido» había debilitado la convicción de su espectacular comentario, en voz superpuesta: El niño murió y el padre resultó herido por disparos desde la posición israelí. Hoy en día, admitiendo de buena gana que la escena Dura fue aprovechada por, entre otros, los asesinos que decapitaron a Daniel Pearl[5],, el corresponsal de France 2 afirma su derecho a la irrestricta libertad: «Si se esperara que un periodista anticipara el posterior uso de su informe por parte de extremistas, ello equivaldría a una inaceptable auto-censura»[6].¿La difusión Dura respeta algún criterio periodístico bien establecido? ¿Fuentes confiables, corroboración, verificación de hechos, credibilidad general, coherencia? ¿El vídeo, en realidad, se corresponde con el incidente del modo que fue informado? ¿El informe original fue modificado por posteriores aportes? ¿El periodista trata honestamente las cuestiones planteadas por investigadores serios acerca de la veracidad del informe? La respuesta es no, no, una y otra vez, no.

Aunque introducido en el flujo de noticias, el informe Dura no fue producido como noticia. ¿Qué fue, entonces? ¿Periodismo desprolijo? ¿Astuta propaganda palestina? ¿Tal vez una nueva forma de teatro callejero: una escena de muerte para representar al muy real «asesinato» de los niños palestinos, año tras año, a manos de los despiadados soldados israelíes? ¿O, más suavemente, una representación escenificada de la muerte real de niños palestinos atrapados en el fuego cruzado de un conflicto sin fin? Éstas y similares hipótesis van en contra del testimonio de los únicos testigos – Talal Abu Rahma y Jamal Al-Dura – y del corresponsal de France 2 que llevó el incidente a la atención del mundo.

Un cuidadoso estudio de la literatura muestra que no hay defensa creíble de la escena Dura, como una noticia legítima, como siempre ha sido formulado. Argumentando el caso que presentaron ante los tribunales franceses como demandantes, contra Karsenty Philippe y otros acusados, de la supervisión de los medios de comunicación, Enderlin y la jerarquía de France 2 no pudieron aportar ninguna prueba material nueva para probar la autenticidad del vídeo[7]. Del mismo modo, en su reciente publicación Un Enfant est mort, el autor repite la narración original, torciendo y pellizcando, aquí y allá, para cubrir, con nuevas invenciones, algunas de las flagrantes anomalías expuestas por sus detractores.

He aquí un ejemplo del método y de su locura: ¿Qué fue de los casquillos de bala dejados a los pies de las víctimas, lo que habría proporcionado una prueba irrefutable de la fuente de los supuestos cuarenta y cinco minutos de ininterrumpidos disparos? El camarógrafo de France 2, Abu Rahma, que ha repetido, en innumerables entrevistas, el envolvente relato que dio cuerpo a su breve vídeo no gráfico, no fue rival para Esther Schapira, de la red de difusión alemana ARD, que lo atrapó en una enrevesada explicación de la desaparición de los casquillos de bala[8]. Primero él le dijo que el General palestino, Osama al-Ali, tenía las balas, a lo que ella alegó que había filmado al General negando que tuviera los casquillos de bala. Abu Rahma tropezó, y entonces admitió que France 2 los tenía, rompiendo en una incontenible sonrisa de puro engaño.

Ahora Enderlin pone los puntos sobre las íes: «Si Esther Schapira se hubiera molestado en preguntar, se habría enterado de que el General palestino, Osama al-Ali, fue al lugar temprano en la mañana, después de la muerte de Muhammad al-Dura, para examinar el barril y, al hacerlo, colocó la piedra de vuelta sobre el mismo, como estaba en el vídeo de France 2. También juntó todos los casquillos usados y le pidió a nuestro camarógrafo no decírselo a nadie»[9].

¿Es éste el trabajo de un periodista responsable francés-israelí y su leal camarógrafo palestino? ¿Nadie esta choqueado o avergonzado por esta confesión? ¿Las decenas de periodistas franceses que firmaron una petición en defensa de Enderlin, la víctima, a sus ojos, de la chiflada teoría conspirativa, respaldada por un grupo de presión comunitaria, leen este pasaje? ¿Los periodistas que le brindaron a Enderlin un micrófono, en bandeja de plata, en las así llamadas entrevistas, para promocionar este libro, alguna vez leyeron ese pasaje? ¿O argumentan: «En caso de no saberlo, los periodistas tienen derecho a proteger sus fuentes». Su colega, Enderlin, degrada a todos y cada uno de los diarios, revistas, o medios de comunicación en línea que se han atrevido a poner en duda la autenticidad del incidente Dura.[10]

Libelos de Sangre e Intenciones Genocidas

 

Muhammad al-Dura, presunta víctima de despiadados soldados israelíes, según se informa tenía doce años; más un joven que un niño. ¿Cuál es la conexión entre la noticia de su muerte, que sacude al mundo, y el inquietante silencio periodístico que ocultó la muerte de un niño judío de 3 meses de edad, Hadas Fogel, en la víspera del shabat? La garganta de la bebé fue cortada hasta casi la decapitación. Dos de sus hermanos fueron sacrificados como animales en sus camas. Su madre y su padre, que trataron de proteger a los niños, fueron apuñalados hasta la muerte. Los cadáveres ensangrentados, apuñalados y cortados, yacían en un charco de sangre[11]. El video al-Dura, por el contrario, no muestra signos de violencia, daño corporal o muerte prematura. La sensación de violencia es inducida por el comentario de la voz superpuesta, por las muecas y los gestos de las presuntas víctimas, y por los gritos guturales de los invisibles observadores dentro del alcance del micrófono conectado a la cámara de Abu Rahma.

Se podría preguntar, con fingida inocencia, por qué la imagen de un hombre y un niño, con absolutamente ninguna señal de asalto físico, conmoverían el alma colectiva de la humanidad hasta sus máximas profundidades, mientras que la despiadada y sangrienta masacre de tres niños pequeños y sus padres – junto con las desgarradoras imágenes de miembros de la familia todavía vivos y llenos de luz – parece provocar un vergonzoso encogimiento de hombros.

Despojado de su contexto y significado, la masacre de la familia Fogel fue manejada, al parecer, por las salas de redacción como un crimen de antaño, mientras que el incidente Dura, reforzado por una narración groseramente fabricada que escapó a un examen crítico, fue elevado a la máxima potencia de los medios. ¿Existe una conexión entre la infundada certeza acerca de la identidad de los asesinos de Dura y las artificiales dudas sobre los asesinos de la familia Fogel? Sí, si es que hay una conexión entre libelo de la sangre y genocidio.

El libelo de sangre del vigésimo primer siglo, etiquetando a los israelíes como asesinos de niños, al igual que la versión anterior que acusa a judíos de matar niños no judíos con propósitos rituales, es insostenible con pruebas fácticas. La deconstrucción del mito Dura se encuentra con una cascada de problemas: Sólo una pequeña minoría de la población en general tiene un mínimo conocimiento del caso. Esa pequeña minoría de observadores informados, convencidos, que disciernen, , en el mejor de los casos, pueden ampliar su círculo por medio de pequeños incrementos, dejando, esencialmente, que todo el mundo siga creyendo que un niño palestino fue asesinado deliberadamente por soldados israelíes. Aquellos que están convencidos por la masiva cantidad de pruebas concretas en contrario, rara vez figuran entre la población que cometería actos de genocidio, basada en o reforzada por el libelo de sangre.

Aunque intolerancia anti judía, en las escrituras y la historia islámica, sería suficiente, sin la incitación Dura, para llenar ciertos corazones con furia asesina, el libelo de sangre Dura, indeleblemente grabado en la mente del público, interfiere con la percepción de una creciente ola genocida. El libelo de sangre Incita y justifica ataques genocidas contra judíos, sea la masacre de los Fogels, las operaciones shahid (mal llamadas «atentados suicidas»), los ataques con cohetes desde Gaza, o la promesa de borrar a Israel de la faz de la tierra. Una forma de disfrazar los ataques genocidas es tratarlos como crímenes comunes. ¿Fue la masacre Fogel suavizada debido a un flujo de noticias superabundante, o se mantuvo fuera de la vista precisamente porque revela intenciones genocidas?

Un mecanismo similar se utilizó en Francia para ocultar la verdadera naturaleza de dos atroces asesinatos de judíos. El asesinato Sébastien Selam[12], fue literalmente atribuido un tercio a celos, un tercio a locura, y un tercio a antisemitismo. Los ??veintisiete acusados de secuestro, tortura y asesinato de Ilan Halimi[13] fueron juzgados a puerta cerrada en el tribunal de primera instancia y también en la corte de apelaciones. Los intentos de exponer la verdadera naturaleza de estos asesinatos han sido desprestigiados como hipersensibilidad judía, tribalismo, interesada explotación de sufrimiento, manipulación del sistema judicial por parte de grupos de presión, y el vergonzoso recurso de venganza primitiva [14]

Estos y otros actos de gratuita y absoluta crueldad, fueron cometidos en un contexto de explícitas intenciones genocidas que son deliberadamente ignoradas o negadas. Por el contrario, el presunto asesinato de Muhammad al-Dura es inmediatamente aceptado, aunque enmarcado en un absurdo relato. El camarógrafo Abu Rahma y la víctima sobreviviente, Jamal Al-Dura, insisten en que soldados israelíes dispararon intencionadamente contra civiles indefensos, durante cuarenta y cinco minutos, hasta que hirieron de gravedad al hombre y mataron al chico. Insistiendo inflexiblemente que el fuego provenía únicamente de la posición israelí, afirman que los soldados podían ver claramente el objetivo. Se puede imaginar que los televidentes creyeron que estaban viendo la escena desde el mismo punto de vista privilegiado de los soldados, que lo vieron en primer plano, como aparece en el video, más parecido a un cartel que a un clip de noticias.

Los soldados no necesitan cuarenta y cinco minutos para darle a un blanco inmóvil a corta distancia. Obviamente avergonzados por este detalle, los comentaristas pretenden demostrar que los críticos de la historia Dura están equivocados y, a menudo, reemplazan los cuarenta y cinco minutos de disparos ininterrumpidos con un más creíble fuego cruzado. Contradiciendo alegremente a los dos testigos, crean una versión más aceptable del incidente para consumo occidental, admitiendo tácitamente que el informe Dura está, por alguna razón, excluido del análisis fáctico.[15]

Sea que se prefiera cuarenta y cinco minutos de incesantes disparos dirigidos contra un hombre y un niño, o cuarenta y cinco segundos de fuego cruzado, las heridas de Jamal al-Dura, combinadas con su dolor por perder a su hijo, se dan como prueba de la veracidad de su testimonio. El hombre herido, envuelto en vendas ensangrentadas, fue filmado en su cama del hospital, al día después del incidente. Ha descrito dramáticamente las heridas, bala por bala. Sus cicatrices fueron exhibidas en varias ocasiones, muy recientemente en una película realizada por Abu Rahma para su proyección en una conferencia de prensa semiprivada, organizada por la entonces directora de noticias de France 2, Arlette Chabot, en 2004, cuando dos periodistas de la corriente principal, Denis Jeambar y Daniel Leconte, estuvieron a punto de exponer la emisión Dura como una escena montada [16]. Esas heridas se encuentran ahora en el centro de una demanda por difamación presentada por Dura contra el periodista Clément Weil-Raynal y el cirujano israelí al que entrevistó, Yehuda David, así como contra Serge Benatar, director editorial del semanario Actualité Juive, que publicó la entrevista.[17]

David ha testimoniado, bajo juramento, que las cicatrices exhibidas por Jamal al-Dura, no fueron causadas por armas de fuego en septiembre de 2000; fueron causadas ??por cuchillos y un hacha empuñada por otros palestinos que atacaron a Jamal en 1992. David realizó cirugía reparadora, restaurando exitosamente el uso de la mano derecha del paciente. El 29 de abril de 2011, Weil-Raynal y David fueron declarados culpables de difamar públicamente a Dura[18]. El texto de la decisión es incoherente, ilógico y salpicado de contradicciones. Los acusados ??han apelado.

Mientras tanto, la Agencia de Noticias Metula – una de las principales fuentes de investigación y análisis de, según sus palabras, la «Controversia Netzarim» – reexaminó un pasaje en el vídeo [19]. Cuando describe cómo una bala le atravesó la mano derecha, Jamal agita un informe del hospital de Jordania, donde fue tratado varios días después del tiroteo alegado. Un zoom sobre el documento muestra que Jamal fue tratado por una herida de bala en la mano izquierda. De hecho, un vistazo de cerca a la «escena de la muerte» Dura, revela que la mano derecha de Jamal se deformó en la primera imagen, no muestra signos de daño adicional al final del breve vídeo, y se ve exactamente igual hoy como lo estaba antes de que supuestamente fuera traspasada por una bala israelí.

Charles Enderlin pregunta, retóricamente, cómo los palestinos podrían ser tan inteligente como para organizar la escena Dura, en medio de un intenso tiroteo. Pero las imágenes en bruto en el cruce Netzarim, demuestran que «las feroces batallas armadas» fueron también montadas ese día. Mientras hombres y jóvenes atacaban el puesto de avanzada israelí con piedras, bombas incendiarias y neumáticos en llamas, escenas falsas de batalla fueron filmadas en otra parte del cruce, fuera del alcance de la avanzada de las Fuerzas de Defensa de Israel.[20].

Muchas escenas montadas y patrañas, sobre atrocidad israelí, se han lanzado y consumido con avidez por los medios de comunicación occidentales en la década pasada. Abu Rahma y Enderlin transmitieron la patraña del apagón de Gaza en 2008. El término «falsografía» fue acuñado por el método utilizado en la guerra de Líbano de 2006. La escena Dura es particularmente resistente a la desmitificación. La inversión emocional provocada por el incidente se extiende mucho más allá del núcleo poblacional de antisionistas antisemitas. Ésto se debe, algunos podrían argumentar, a la dramática construcción que lleva al espectador a identificarse con el padre, que se dice trataba desesperadamente de proteger a su hijo. Luego, en un breve lapso de tiempo, menos de un minuto, el indefenso padre, se dice, está gravemente herido y su hijo muerto. Los espectadores sienten que deberían haber saltado y salvado al niño.

La gran mayoría de artículos dedicados al affair Dura comienzan, notablemente, con una memoria visual de la escena (por ejemplo, «el chico muere en brazos de su padre») inducida por el testimonio de los dos testigos, pero en contradicción con la realidad concreta del vídeo.

Un reciente incidente en la capital libia de Trípoli, muestra cómo los periodistas pueden, si así lo desean, ejercer un sano escepticismo cuando son invitados a cubrir escenas montadas. A los periodistas se les mostró daños supuestamente causados por un ataque de la coalición en el hogar de un próspero y bien vestido caballero. Muebles y pertenencias personales estaban patas arriba, pero no había señales de una explosión, roturas u hollín. La presunta víctima alegó que su casa no era un objetivo militar: «Los niños estaban haciendo sus deberes». Un periodista, mostrando fragmentos de misiles en el jardín, señala la ausencia de signos de una explosión en el lugar. El cráter que, al parecer, fue cavado para la ocasión, no corresponde a las municiones mostradas como evidencia. Otros informes de televisión, sobre entierros masivos o civiles heridos trasladados al hospital, estuvieron acompañados por sensatas advertencias: «Nada de esto puede ser verificado No tenemos forma de comprobar esta información. Los heridos fueron usados, ??tal vez, por las fuerzas Gadafi, como escudos humanos; pueden ser soldados disfrazados de civiles».

Toda esa lucidez también debería ser traspuesta retroactivamente a la operación Plomo Fundido de Israel en Gaza en 2009. Las mismas manipulaciones fueron practicadas por Hamas, sin suscitar el apropiado escepticismo. (Richard Goldstone acaba de admitir que su informe se basó en información falsa, a lo que Jeffrey Goldberg comentó: «Bueno, me alegro de que haya aclarado eso. Desafortunadamente, es algo difícil retractarse de un libelo de sangre, una vez que ha sido transmitido a todo el mundo»)[21]. Obvia y lamentablemente, noticias montadas, despachos la agencia repetidos como loro, documentales falsos y periodismo desprolijo es cosa común. Sin embargo, cuando los medios de comunicación occidentales sirven como facilitadores de las fuerzas hostiles involucradas en operaciones geopolíticas destinadas a transformar radicalmente el equilibrio de poder internacional, no pueden ser ignorados como delitos menores como de comunicación de masas. Los israelíes, en particular, y los judíos, en general, son el objetivo del libelo de sangre Dura, pero no se detiene allí. Otras «narrativas letales» son canalizadas hacia el flujo de noticias con una facilidad exquisita.

Mitos y Doble Moral

A los espectadores se les ha presentado, desde diciembre de 2010, lo que los medios de comunicación del mundo han denominado la «Primavera Árabe». Aunque la filmación, en este caso, no se monta, es objeto de una edición altamente selectiva y transformada, a través de la narrativa, en una insurrección espontánea de demócratas amantes de la libertad derrocando a gobernantes tiránicos en ciertos países árabes y musulmanes. Se espera que los gobiernos occidentales se alineen con el levantamiento popular, a la velocidad de la cobertura televisiva: Presentadores y presentadoras, que se identifican con la multitud, en esta o aquella plaza de la liberación, establecen el ritmo, y los líderes occidentales parecen seguir su ejemplo. Jefes de estado europeos se abren paso para correr más rápido que el presidente Obama, con imperiosas demandas de cumplimiento inmediato. Al autócrata en la mira se le dice que abdique. Sus delitos son salpicados por toda la pantalla; sus inversiones extranjeras son congeladas; su compinche capitalismo es denunciado; su esposa es vilipendiada, y sus opositores son presentados como jóvenes profesionales, conocedores de Internet, cosmopolitas, seculares y encantadores, que encajarían con nuestros invitados a una cena mañana por la noche.

Esta imagen de joven Facebook-Twitter es pegada sobre la algo mugrienta realidad realmente capturada por las cámaras de televisión. Tranquilizadoras palabras fluyen de las bocas de periodistas decididos a negar la realidad de las pintadas de la Estrella de David, de mujeres con jihab (cubre-cabeza islámico), hombres con barba islámica, gritos de Allahu Akbar (Allah es grande), filas tras filas de hombres postrados rezando en la plaza de la «revolución secular», el entrevistados hombres-de-la-plaza prometiendo destruir a Israel, figuras de la Hermandad Musulmana esperando a los costados, confusión, connivencia, peligro, violencia y asalto sexual.

La primavera floreció con la «Revolución Jazmín» en Túnez. En el espacio de tres días, el comentario fue desde: «¿Qué islamistas? ¡No hay ninguno!» hasta «El dictador Ben Ali había excluido a muchos grupos, incluyendo a los islamistas, de la arena política» y hasta «Por supuesto, los islamistas, como otros partidos, asumirá su legítimo lugar en el proceso democrático». Paso a paso, país por país, en lo que se suponía que era un impulso completamente positivo, casi imparable, los conflictos se vuelven más violentos culminando, cuando se escriben estas líneas, en la aventura libia – intervención armada de una precipitadamente preparada coalición, esencialmente insostenible, que incluye, o incluía, a la Liga Árabe. Los periodistas e informadores occidentales, como mirones en una feria campestre, corren de un programa a otro, rara vez mirando hacia atrás para informar sobre las fuerzas retrógradas deglutiendo a los amantes de la libertad o a recién liberadas naciones derramando refugiados hacia afuera. Más de 20.000 han desembarcado en Lampedusa desde enero de 2011[22], y miles más están en camino. Judíos son acosados ??en Túnez; los coptos son perseguidos en Egipto; la Sharia está a punto de reemplazar el arbitrario gobierno del dictador por una tiranía implacable.

La pregunta no es, «¿Cómo pudimos haber sabido que se iba a volver amargo?» Tampoco se puede concluir que, pase lo que pase, las democracias deberían actuar siempre en defensa de un levantamiento popular, aun a riesgo de allanar el camino para una nueva autocracia. La pregunta, más bien, es: ¿Qué será de los países democráticos, si abdican de sus relaciones internacionales y de su defensa a favor de un consorcio de las Naciones Unidas y la opinión internacional?

El equilibrio de poder en Medio Oriente está atravesando una transformación radical que afecta vitales intereses occidentales, de los cuales la seguridad de Israel no es el menos importante. La anticuada soberanía nacional es casi tan impopular como los potentados orientales expulsados ??de sus palacios a un agujero negro. Líderes, democráticamente elegidos, comprometidos con la defensa del bienestar y la seguridad de sus ciudadanos, ahora se espera que demuestren su integridad, precisamente ignorando esa responsabilidad. A una multitud con consignas y pancartas, se le concede inmediatamente el título de «humanidad», y todo lo que se hace para satisfacer sus demandas es «humanitario». Por supuesto, los ciudadanos de las democracias deberían predisponerse a dar la bienvenida a los movimientos de liberación contra gobernantes tiránicos, pero es absurdo apoyar activamente movimientos que bien podrían cambiar el equilibrio de poder internacional hacia una mayor tiranía.

Conclusión

¿Y qué tiene todo esto que ver con la patraña al-Dura? La respuesta es: demasiado como para estar cómodo. Como se sugirió anteriormente, la escena montada de la muerte de al-Dura fue concebida por las fuerzas hostiles a Israel y a los judíos, y fue hecha creíble por los medios de comunicación occidentales que la transmitieron. Aunque el vídeo y su narrativa son groseros, el prestigio de Enderlin y de la cadena de televisión francesa los ha protegido del profundo reexamen que finalmente podría quitar su aguijón. De modo similar, la reestructuración de Medio Oriente, que podría entregar a individuos, grupos y naciones libres a manos de nuestros enemigos, es embellecida por los medios de comunicación occidentales que, mano a mano con el discurso oficial, hace creer que este cambio no alberga peligro. Los ciudadanos de las democracias libres son incitados a confiar en las Naciones Unidas que, de hecho, ha perdido su integridad, en lugar de contar con sus gobiernos democráticamente elegidos y con la soberanía nacional.

Por último, ¿Quién es esa comunidad internacional, con su entronizada opinión internacional, como espectadores sedientos de sangre de los combates de gladiadores, con el poder del pulgar arriba o el pulgar abajo? ¿No está, el estupefacto espectador, convencido de que este niño palestino, un «blanco de disparos de la posición israelí», podría escapar de la muerte, si sólo hubiera salido al rescate del niño?

En una inversión paralela, la conquista de la jihad se justifica como una defensa contra la agresión de los infieles que se niegan a aceptar el dominio de Allah y a cumplir con la ley Sharia. El niño palestino no es una verdadera víctima de balas de verdad; es el símbolo de esa «agresiva» negativa a someterse al Islam. La furia asesina desatada contra los judíos, en respuesta a esa simbólica agresión, revela su intención genocida. La furia está dirigida ahora a los cristianos en tierras musulmanas, a estadounidenses y europeos en su propio suelo. El pánico golpea a los asediados ciudadanos de nuestras tierras – no al pensamiento de esta despiadada jihad, sino el pánico a cualquier intento de discernirlo, describirlo, defenderse de ella.

Israel no es la víctima de un doble estándar; es el objetivo de ningún estándar en absoluto. Las razones de ésto son profundas y no pueden limitarse al antisemitismo. El miedo y el temblor provocado por la crudamente fabricada escena Dura, es el terror mal dirigido, infundido por fuerzas genocidas echadas encima de los ciudadanos de las democracias libres. Estos ciudadanos son los niños desamparados, encogidos con temor. No importa cuán sinceramente esa fuerza se designa a sí misma, cuán claramente muestra su rostro, cuán vasto es el territorio que cubre, cuán francamente expresa sus intenciones, el asustado niño busca consuelo acusándose de su inminente destrucción.

Nidra Poller es una novelista y periodista que vive en París desde 1972. Una colección de sus cuentos cortos, Karimi Hotel et autres nouvelles d’Afrique, fue publicado por l’Harmattan en mayo de 2011.

 

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

[1] «The Muhammad Al-Dura Blood Libel: A Case Analysis,» Entrevista con Richard Landes, Institute for Global Jewish Affairs, Jerusalem, 2 de noviembre de 2008.

[2] Ver Philippe Karsenty, «We Need to Expose the Muhammad al-Dura Hoax,» Middle East Quarterly, Otoño de 2008, pp. 57-65.

[3] Charles Enderlin, Un enfant est mort/ Netzarim, 30 de septiembre de 2000 (Paris: Don Quichotte Editions, 2010).

[4] Victor Perez, «Charles Enderlin nous prend pour des simplets,» Victor Perez Blogspot, 25 de marzo de 2011.

[5] Joel J. Sprayregen, «The New York Times and the al-Dura Hoax,» The American Thinker, 17 de Julio de 2008.

[6] Enderlin, Un enfant est mort, p. 99.

[7] Karsenty, «We Need to Expose the Muhammad al-Dura Hoax.»

[8] Esther Schapira, dir., Drei Kugeln und ein totes Kind, 18 de marzo de 2002, ARD Network (Germany).

[9] Enderlin, Un enfant est mort, p. 52.

[10] Ibid., pp. 112, 117, 125, 135, 153.

[11] The Guardian (London), 14 de marzo de 2011.

[12] The Jerusalem Post, 21 de enero de 2010.

[13] The New York Sun, Feb. 22 de febrero de 2006.

[14] New English Review (Nashville, Tenn.), 13 de Julio de 2009; Le Monde (Paris), 21 de lulio de 2009.

[15] Larry Derfner, «Rattling the Cage: Al-Dura and the Conspiracy Freaks,» 28 de mayo de 2008; Gideon Levy, «Mohammed al-Dura Lives on,» Ha’aretz (Tel Aviv), 7 de octubre de 2007.

[16] Andrea Levin, «The New York Times Buries al Dura Story,» CAMERA, Feb. 7, 2005; Charles Enderlin v. Philippe Karsenty, Court of Appeals, Paris, 28 de mayo de 2008; Le Figaro (Paris), Jan. 25, 2005; RCJ FM radio (Paris), Feb. 1, 2005.

[17] Debriefing.org, 9 de mayo de 2011; Véronique Chemla, 31 de mayo de 2011.

[18] Debriefing.org, 9 de mayo de 2011; Véronique Chemla, 31 de mayo de 2011.

[19] Metula (Israel) News Agency, 23 de marzo de 2011.

[20] Richard Landes, dir., Pallywood (documentary), accessed 31 de mayo de 2011.

[21] Jeffrey Goldberg, «Judge Richard Goldstone: Never Mind,» The Atlantic, 2 de abril de 2011.

[22] The Irish Times (Dublin), 4 de abril de 2011.

 
Comentarios

judios miserables.
cada vez mas el mundo comienza a darse cuenta de lo que son, yo me he dado cuenta de lo queson, pero muy pronto llegar su castigo. bastardos sin alma

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