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| domingo octubre 20, 2019
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Equipo de Hockey árabe-judío rompe barreras


Associated Press

Un equipo de hockey árabe-judío se ha convertido en un inusual rompehielos en Metulla, un remoto rincón del norte de Israel, superando barreras de idioma, cultura y conflicto.

Pocos años atrás un equipo mixto en esta región era algo impensable. En el árido Medio Oriente el hockey es virtualmente desconocido, y las relaciones entre árabes y judíos en esa zona de Israel tan combustible, junto a las tensas fronteras del Líbano y Siria, son, en general, frías como el hielo.

Gracias a una combinación accidental de generosa filantropía,  un entusiasta local del hockey y  un alcalde árabe loco por los deportes, el equipo mixto de adolescentes y pre-adolescentes funciona con gran vigor.

   “Cuando jugamos juntos nos olvidamos de que somos árabes y judíos”, dijo Mayyas Sabag, de 12 años, delantero del equipo, procedente de la aldea drusa de Majdal Shams. Es uno de los cinco atletas árabes del equipo de 14 miembros, que este mes viaja a Canadá.

   El equipo es producto del Centro Canadá de Metulla, un extenso complejo deportivo donado a esta aldea rural de la frontera en los años ´90 por judíos canadienses. El edificio aloja la única cancha de hockey de tamaño olímpico de Israel.

   Y cuando los jugadores de hockey comienzan a patinar la única tensión que sienten es la emoción de la competencia.

   “Cuando estoy en el hielo no siento el piso que me sostiene”, dijo Maya al-Yousef, de 13 años, árabe drusa.

   Con su cabello enrulado aplastado bajo el casco, al-Yousef estuvo entre las dos docenas de jóvenes que patinaban y describían complejas evoluciones sobre el hielo durante una reciente sesión de práctica. Eran un torbellino de palos de hockey golpeando, directores técnicos gritando y discos volando.

   Las dos muchachas y tres muchachos árabes del equipo dijeron que nunca se habían encontrado con judíos de su edad antes de jugar hockey sobre hielo. Los judíos dijeron lo mismo acerca de los árabes. Los jóvenes árabes adoptaron un vacilante hebreo de sus compañeros judíos.

   Aparte del idioma, hay claras brechas culturales entre los desenvueltos, y hasta estridentes, niños judíos, en su mayoría seculares, y los más conservadores y corteses jóvenes árabes.

   El director técnico, los padres y los sponsors todos reconoces que el proyecto es sólo un pequeño paso hacia una verdadera paz en la región, y aunque muchos jugadores dijeron que  no son necesariamente amigos estrechos reconocieron que los encuentros hicieron que cambiara la manera en que se ven unos a otros.

   “En un corto período de tiempo llegamos a conocernos”, dijo Niv Weinberg, de 14 años. “No somos los únicos que vivimos aquí (en Israel). Este país no es sólo nuestro”.

   Levav Weinberg, de 30 años, granjero de Metulla y entusiasta del hockey, comenzó la Escuela de Hockey Canadá-Israel hace dos años con financiación del filántropo judío canadiense Sydney Greenberg, quien subsidió la dirección técnica, el equipamiento, los uniformes y el tiempo de uso de la cancha con el sueño de llevar a Israel el popular deporte de invierno.

   Para estimular la participación de jóvenes deportistas Weinbertg habló del proyecto con un amigo: Dolan Abu-Saleh, Alcalde de Majdal Shams.

   “No nos vamos a permitir fracasar”

    La aldea de Majdal Shams está anidada en las Alturas del Golán, una meseta montañosa que Israel capturó de Siria en la guerra de 1967. Aunque más tarde Israel anexó ese territorio la decisión nunca fue reconocida internacionalmente, y a diferencia de la comunidad drusa del propio Israel, quienes sirven en el ejército y en general están bien integrados, los residentes del Golán siguen considerándose a sí mismos como sirios, o se refieren a sí mismos simplemente como árabes o drusos.

   Esas barreras importaron poco cuando Abu-Saleh, de 34 años, prometió a los padres un viaje gratis en ómnibus a Metulla si sus hijos adoptaban el deporte. En pocas semanas se presentaron cien jóvenes árabes. Incluso llegaron con un traductor.

   Weinberg enfrentaba un nuevo desafío: lograr la participación de jóvenes judíos. Los padres eran renuentes a permitirles jugar con árabes, dijo Weinberg.

   Pero se ganó a los padres con clases de un costo de apenas cinco dólares, superando la preocupación parental con una manera muy económica de mantener ocupados a los niños. Desde entonces se han inscrito más de 200 niños judíos, además de unos 120 árabes.

   La escuela da clases separadas a los estudiantes árabes y judíos, buscando construir su confianza en el juego sobre el hielo antes de presentarlos a los otros, pero cuando ya desarrollaron suficientes habilidades como para competir los jóvenes son asignados a equipos mixtos árabe-judíos.
 

  “Entonces comprenden: ´Estos son los compañeros de equipo que tengo, y llevarme bien con ellos es la única manera de ganar el partido´”, dijo Weinberg.

   Por un tiempo Weinberg también logró atraer a un pequeño número de niños libaneses gracias a otro accidente de la historia. La frontera corre a lo largo de la cercana aldea de Ghajar, controlada por Israel, cuyos residentes, aunque son ciudadanos libaneses, tuenen autorización para entrar a Israel.

   Pero ese proyecto colapsó cuando algunos padres de Ghajar retiraron a sus hijos. Un puesto de control del ejército israelí ubicado en la entrada de la aldea fruentemente retrasaba la llegada de los niños a las sesiones de entrenamiento.

   Metulla, que está justo en la frontera con el Líbano, sabe mucho de conflictos. En 2006 Israel libró una guerra de un mes contra guerrillas del Hizbalá en el Líbano. Los combates dejaron a Israel con el control de ambos extremos de Ghajar. Aunque desde entonces el área ha permanecido generalmente tranquila Majdal Shams experimentó dos trágicos incidentes el año pasado, cuando manifestantes palestinos procedentes de Siria trataron de irrumpir a la fuerza a través de la frontera.

   El hockey sobre hielo en Israel, país de casi 8 millones de habitantes, es de tamaño modesto. Hay unos 6.000 jugadores en tres diferentes ligas, dijo el director técnico Ben Chernie; pero gracias a su cancha y a una importante población de inmigrantes procedentes de la ex – URSS, Metulla se convirtió en la capital del hockey de Israel.

   El equipo de hockey juvenil de Metulla lleva entrenándose más de año y medio. Están cuartos en la Liga Peewee de Israel.

   “El año próximo estarán en segundo lugar”, dijo Weinberg. “Hace un año ni siquiera tenían nivel como para jugar en la liga”.

   Su patrocinador, Greenberg, tiene la esperanza de mejorar la posición –y el amor de los muchachos por el deporte- llevándolos a Canadá para una gira de diez días.

   Jugarán contra destacados equipos canadienses y recibirán entrenamiento avanzado.

   En cada ciudad serán recibidos por familias judías, y los jóvenes judíos y árabes siempre estarán juntos como manera de afianzar amistades, dijo Weinberg.

   “Así es como comienza todo: con pequeñas cosas”, agregó.

   Durante un reciente entrenamiento Sabag y Lidor Bez, de 14 años, no dejaron de zumbar alrededor de Weinberg exigiendo jugar en el mismo equipo durante la gira canadiense. Quieren sentarse juntos en el avión y quedarse con las mismas familias, dijeron.

   “Él es mi amigo, un buen amigo”, dijo Bez. “Jugamos juntos. No nos vamos a permitir fracasar, aunque él sea de Siria y yo de Israel.

 
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