Por Israel
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| sábado abril 25, 2020
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Un Difícil Dilema


Egipto-crisis

La diplomacia occidental se enfrenta a un muy difícil dilema con la actual crisis en Egipto. ¿Apoyar al ejército que tomó el poder ilegalmente destituyendo al gobierno electo? o ¿Apoyar a la fuerza derrocada, los Hermanos Musulmanes, que convirtieron la democracia en una burla?

Ninguna de ambas opciones es deseable. Pero si bien el ejército genera desconfianza, no es posible olvidar que los militares solo actuaron después de que una gigantesca movilización popular expresara su protesta por la creciente acumulación de poder de la Hermandad Musulmana y su falta de respuesta a las necesidades populares.

Sin duda, la represión militar a las manifestaciones de la Hermandad Musulmana fue muy dura. Es posible especular con la tesis de que métodos policiales menos letales pero más eficaces podrían haber ahorrado muchas vidas. Pero por otra parte, es obvio que ni el ejército ni cualquier otro gobierno podían tolerar que varios barrios de la capital fueran tomados como rehenes por los activistas de la Hermandad Musulmana, con toda la distorsión que esto crea para sus habitantes. Además hay claras evidencias de que los Hermanos Musulmanes tenían milicias muy bien armadas.

Estados Unidos ha actuado con relativa cautela. Pero sin duda, su actitud ha sido crítica hacia el ejército. Para empezar, anunció la cancelación de ejercicios militares conjuntos que debían realizarse el mes próximo y decidió suspender la ayuda económica “hasta hacer un amplio examen de sus relaciones con El Cairo”. También la Unión Europea ha convocado a una reunión en la que aparentemente también se tomarían medidas punitivas contra el gobierno militar egipcio.

Todo parece indicar que los Hermanos Musulmanes tienen éxito en su nuevo rol de víctimas y que parecen estar obteniendo significativas ventajas en la  batalla por el apoyo del mundo occidental.

Pero si realmente ganaran sería una tragedia. ¿Por qué? Porque a diferencia del ejército egipcio que es esencialmente pragmático, los Hermanos Musulmanes se creen designados por Dios para gobernar el país, algo que ya se probó en su primer año que sería un desastre. Con su pensamiento retrógrado, su idealización de un pasado mítico, su conformismo archi-conservador y su orientación profundamente antidemocrática, no son capaces de dirigir un estado moderno con una problemática tan difícil y compleja como Egipto.

Detrás de bambalinas, existe una gran batalla por el apoyo de Occidente. En lo que respecta a “lobbies” en los principales países de Europa y Estados Unidos, los Hermanos Musulmanes tienen una ventaja enorme. Como lo prueba el especialista de la Universidad de Harvard, Lorenzo Vidino en su libro “The new Muslim Brotherhood in the West”  (Columbia Press, 2010) , los partidarios de los Hermanos Musulmanes están al frente de las organizaciones que representan a los musulmanes en Gran Bretaña, Alemania, Francia y los Estados Unidos, y naturalmente presentan una visión edulcorada y falsa de su organización. Por otra parte, también el ejército egipcio tiene sus recursos.

Los países occidentales enfrentan una decisión nada fácil : de dos bandos indeseables, deben elegir el menos malo o sea el que ofrezca mejores chances de un rápido regreso a la democracia. Y éste es indiscutiblemente el ejército, por una razón muy sencilla. El ejército no quiere el gobierno porque sabe que Egipto es ingobernable. Le basta con tener un poder económico e institucional muy importante sin tener que responder políticamente ante el pueblo y prefiere que las resoluciones impopulares necesarias para volver a encarrilar la destruida economía egipcia sean adoptadas por fuerzas civiles.

 
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