Por Israel
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| miércoles abril 15, 2020
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La caída de los islamistas tunecinos


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Ennahda, el partido islamista tunecino asociado con los Hermanos Musulmanes, ha sido expulsado del poder por una abrumadora oposición laica.

Yo no sabía que esto iba a suceder, pero estaba bastante convencido de que sucedería. Túnez es un lugar moderno, plural, civilizado; es tremendamente liberal si lo comparamos con la mayoría de los países árabes. Sería imposible que alguien llegara a la capital desde El Cairo y creyera que ambos lugares son remotamente parecidos; Egipto se encuentra en un extremo del espectro político del mundo árabe, y Túnez en el otro.

Los islamistas obtuvieron menos de la mitad de los votos hace dos años, y la única razón por la que lograron ese resultado fue que Ennahda se presentaba con un programa extraordinariamente moderado; se vendieron a los votantes como la versión tunecina de los democristianos alemanes. Por supuesto, era mentira, y una vez la población lo descubrió, se desplomó el apoyo que recibían.

El asesinato del político de izquierda Mohamed Brahmi, ocurrido este verano, llevó el país al límite. Ennhada no lo mató, lo hizo una célula terrorista salafista; pero ha estado flirteando con el sector salafista mientras el resto de la nación retrocedía horrorizada, así que también lo culpan.

A diferencia de Egipto, los islamistas no han sido expulsados por la fuerza. Túnez no tiene unas Fuerzas Armadas como las egipcias, tan grandes, poderosas y politizadas como para ocupar el territorio y gobernarlo mediante una junta. Además, también se diferencia del país del Nilo en que posee una masa crítica de población laica que no consentiría el menor atisbo de teocracia.

La otra razón por la que hace dos años fue posible el triunfo parcial de Ennahda es porque poseía una ventaja organizativa tras la caída del dictador Ben Alí: tenía las mezquitas, mientras que los partidos laicos no tenían nada. Y como los islamistas fueron lo bastante listos como para aparentar ser moderados, lograron que les votara gente moderada.

Pero eso se ha acabado. Desde entonces, los partidos liberales y de izquierda han tenido mucho más tiempo para organizarse y unirse en entidades más grandes para poder evitar la división del voto, algo que les perjudicó sobremanera en la última ocasión. Cuando un único partido religioso se enfrenta a decenas de partidos laicos, no hace falta ser un genio de la política o de las matemáticas para saber cuál de los dos conseguirá más votos.

Túnez es el único país de la primavera árabe respecto al que he sido optimista, con precaución. Libia es un caos demasiado grande; Egipto era una causa perdida desde el principio, y Siria está peor que Bosnia a mediados de los 90. Sin embargo, a Túnez le va tan bien como podía esperarse.

Y fíjense en esto: ahora que Ennahda está fuera, ya ninguno de los países de la primavera árabe está siendo gobernado por islamistas; todos son laicos.

World Affairs

 

http://elmed.io/la-caida-de-los-islamistas-tunecinos/

 
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