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| miércoles abril 24, 2024

Atacar a Netanyahu no traerá más cerca a la paz.

La fantasía de Obama sobre el Oriente Medio


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Lo que mueve el conflicto no es el deseo de independencia de los palestinos, sino el rechazo arraigado a la autodeterminación de los judíos”

En el Oriente Medio de Barack Obama, la explicación de la tenaz ausencia de paz entre Israel y los palestinos está clara: es culpa de Bibi Netanyahu. El líder israelí haría mejor en «aprovechar la oportunidad» de rematar un acuerdo de paz con los palestinos.

«Una de las cosas que mi madre solía decirme… es que si hay algo que sabes que tienes que hacer, aun siendo difícil o desagradable, es mejor ponerse a hacerlo, porque esperar no va a ayudar», decía Obama en una entrevista publicada en Bloomberg en vísperas de la llegada de Netanyahu a Washington esta semana. «No es una situación en la que se espera y el problema desaparece», advertía. El líder israelí haría mejor en «aprovechar la oportunidad» de rematar un acuerdo de paz con los palestinos, o prepararse para la dolorosa represalia global que Estados Unidos será incapaz de detener. Hay que dejar de construir asentamientos al otro lado de la Línea Verde y dar a los palestinos el Estado que exijan, o «nuestra capacidad de gestión a nivel internacional será limitada».

¿Le suena familiar? Demasiado. Este es el Oriente Medio de fantasía, en el que la paz es responsabilidad de los israelíes en exclusiva, y el rechazo de los palestinos a la existencia de Israel es simplemente la excusa del Estado judío para aplazar las cosas. Ello forma parte de un mundo de fantasía mayor – un mundo en el que los revanchistas dictadores rusos edulcoran sus políticas al presionar el botón de «relanzamiento de relaciones», y en el que un régimen sirio brutal se zafa de los arsenales químicos por temor a vulnerar un «límite» estadounidense.

En este clima fantástico, hay un robusto bando palestino pacífico impaciente por la solución de los dos Estados: un Estado soberano de Palestina coexistiendo en armonía junto al Estado judío de Israel. Si esa embriagadora solución no se ha hecho realidad, sólo puede deberse a la terca discrepancia de los israelíes y de su líder electo. Después de todo, el líder palestino es el amante de la paz Mahmoud Abbas, que según Obama «es muy sincero en su disposición a reconocer a Israel y su derecho a existir» y «está comprometido con la no violencia y los esfuerzos diplomáticos».

Pero eso sólo es cierto en el Oriente Medio de fantasía. En el Oriente Medio real, es Netanyahu el que unilateralmente detuvo la construcción de asentamientos durante 10 meses – gesto sin precedentes – y cuyo gabinete indicó el mes pasado que se arriesgaría y aceptaría el marco de John Kerry para la negociación palestino israelí.

 El verdadero Abbas, por su parte, rechazó la oferta de Israel de un Estado palestino en 2008, luego se negó durante años a participar en las conversaciones con Israel auspiciadas por Estados Unidos, seguro de que Washington presionaría a Israel a realizar dolorosas concesiones para persuadir a los palestinos de volver a la mesa. Esas concesiones incluyeron eventualmente la puesta en libertad de docenas de asesinos palestinos confesos, que fueron elogiados por Abbas como «héroes» en un acto celebrando su puesta en libertad. Pero en lugar de negociar de buena fe finalmente, Abbas exige todavía más concesiones de partida, exigencia que reiteraba el lunes.

El espejismo que ocupa el corazón del proceso de paz palestino israelí es que la ausencia de soberanía palestina es lo que mantiene abierto el conflicto, y que las tensiones y la violencia desaparecerían si los árabes de Palestina tuvieran un estado propio.

Nunca ha sido el caso. Lo que mueve el conflicto no es el deseo de independencia de los palestinos, sino el rechazo arraigado a la autodeterminación de los judíos. Los líderes árabes rechazaron con vehemencia la «solución de dos Estados» que en 1947 recomendaban las Naciones Unidas, y declararon «una guerra de exterminio que impidió su implantación.

Casi 70 años más tarde, los palestinos siguen rechazando reconocer a Israel como nación-Estado del pueblo judío – reconocer que los judíos tienen derecho a un Estado soberano en su patria nacional, igual que los irlandeses tienen derecho a una Irlanda independiente, los italianos a una Italia independiente y los japoneses a un Japón independiente.

Pero los líderes palestinos insisten acaloradamente aún así que ellos nunca van a acceder a nada parecido. «Esto está descartado», decía Abbas el mes pasado. El negociador de la Autoridad Palestina Saeb Erekat denuncia: «Cuando se dice ‘Aceptar a Israel como Estado judío’, se me está pidiendo que cambie mi discurso».

 Exacto. Ese discurso – que los judíos son extranjeros en Oriente Medio y que la autodeterminación de los judíos en cualquier territorio es intolerable – es justamente lo que tiene que cambiar para resolverse este conflicto. Criticar a Netanyahu puede complacer al establishment  anti-Israel, pero no acercará en absoluto una paz justa y duradera.

 
Comentarios

No es problema de una persona, sea Nataniahu u otro, es que ninguno de las partes implicadas quiere la paz, 50% Israel y 50% Palestina, Israel debe ceder territorios y aceptar cosas que no esta dispuesto, si lo hace, cae su gobierno,  Palestina si acepta. el mundo musulman que nos rodea, se le viene encima, y ademas dejaria de vivir de la ayuda internacional,  que es muy importante, si se pusieran a construir un pais en serio,  su situacion seria mejor,  pero, mejor que trabajar es vivir de la caridad internacional como victimas de la ocupacion.-

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