Por Israel
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| sábado abril 18, 2020
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Traición a la Ley Internacional


El organismo que estableció un comité para investigar los presuntos crímenes de guerra- el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas- tiene la reputación de señalar a Israel.

El mejor modo de dar significado y fuerza a las normas establecidas por las leyes de la guerra es que los líderes políticos y altos comandantes militares del mundo las internalicen.

Para lograrlo, es esencial que todos los procedimientos que puedan llevar a la asignación de responsabilidad criminal debieran ser justos y, además, parecerlos. Parece que el comité encabezado,por el Profesor William Schabas, no cumple con este standard.

El organismo que estableció un comité para investigar los presuntos crímenes de guerra-el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas- tiene la reputación de señalar a Israel. El comité que designó está sospechado, por anticipado,  de no buscar, como objetivo,  la verdad. Mas aun: la resolución que estableció el comité fue redactada en un modo que sugiere ”primero la sentencia, luego el veredicto”. Esta sospecha aumenta  por el hecho que sus miembros no incluyen  ni un solo ciudadano del país cuya conducta militar es el foco de su investigación-  a pesar que, a Israel, no le faltan jueces y juristas de reputación internacional. El daño a la investigación se redobla cuando, su presidente, ya declaró su deseo de ver al Primer Ministro de Israel en el estrado de la Corte Internacional de Justicia;  esto es, el presidente del comité ya formó un juicio negativo sobre el  líder del sistema político que supervisa a los militares cuya conducta debe ser investigada.  Desde luego, no es un investigador imparcial.

Esas circunstancias garantizan que, Israel, encontrará muy difícil cooperar con un comité que no puede, por ningún medio, ser visto como objetivo e imparcial. Incluso las organizaciones civiles israelíes-cuyo rol es ser críticas y controlar las acciones del gobierno israelí- no serán capaces de ver el comité más que como una “corte canguro”. El resultado es que la investigación confiará en la narrativa de solo una parte: Hamas.

La parcialidad de la investigación llevará a descubrimientos tendenciosos desprovistos de valor real. Las conclusiones, basadas en esos hallazgos,  serán inútiles, tal como ocurrió con la Comisión Goldstone. Ese informe socavará la credibilidad de la ley criminal internacional.

El presidente del Comité declaró que Israel debería estar contra éste,  incluso si su lugar hubiera sido tomado por el super héroe –desprestigiado en la web – Spiderman.

Esto difama al pueblo israelí.

Muchos israelíes, incluido yo mismo, preferiríamos una investigación confiable, efectiva e independiente por el mismo Israel, más que la que haría una investigación internacional superflua.

Las palabras del poeta Natan Alterman, escritas después de la masacre de 48 colonos árabes a manos de un desprendimiento de la Policía de Frontera (1956), y su llamado a una investigación abierta y honesta, reverberan,  entre nosotros,  en la actualidad: “Ninguna sociedad humana, ningún pueblo con conciencia, podría existir si no fuera agitado por un acontecimiento como este y no se preguntase´¿Cómo ocurrió lo que ocurrió, y cómo lo que ocurrió pudo suceder, y qué es lo que nosotros tenemos que hacer para que, lo mismo, no ocurra mañana´ (Natan Alterman, The Seventh Column, vol. 2 (1953-1962) (1974)).

En ausencia de una investigación imparcial por parte de Israel, muchos israelíes podrían ver el propósito de una investigación, dirigida por un organismo internacional, bajo la condición que sus miembros sean imparciales. Aquellos que hablan en  nombre de la ley internacional tienen el deber de garantizar que se cumpla con los estándares mínimos del Estado de Derecho y una investigación honesta es imprescindible.

El Consejo de Derechos Humanos y el comité que designó  cargan con la pesada responsabilidad de incumplir ese solemne deber. Al hacerlo, debilitaron el status de la ley de guerra a los ojos de los líderes políticos y militares e, incluso si fuera sin intención, se las arreglaron para traicionar la ley criminal internacional.

El autor es vicepresidente de la investigación en el Israel Democracy Institute y ex decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

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. Att. CIDIPAL

 

 
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