Por Israel
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2 Iyyar 5777 | Viernes Abril 28, 2017
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LA MALDICIÓN DE LA BELLEZA : HEDY LAMARR (Viena 1914- Florida 2000)  


LETRAS & PALABRAS
Nuestra mente funciona por oposiciones y necesitamos a menudo oponer conceptos para aprehenderlos.  Blanco-negro; bueno- malo; amor-odio, se definen más fácilmente gracias a la utilización de contrarios, aunque es habitual mezclar vocablos contradictorios para abarcar y definir sensaciones o significados complejos. Cuando utilizamos palabras como agridulce, claroscuro o sicofísico, solo pretendemos incorporar al lenguaje el abanico de grises que conforman nuestra realidad.

Pero los estereotipos son tercos, y nadie atribuye, al menos de manera espontánea, una inteligencia superior a una mujer hermosa, como si estuviera prohibido disfrutar de tantos dones. Primero sorprendida y más tarde indignada de saberse irremediablemente categorizada en función de su apariencia externa, Hedy Lamarr afirmaba: ”Cualquier chica puede ser glamorosa; solo debe quedarse quieta y parecer estúpida”. Sabía que su belleza restaba credibilidad a su inteligencia, y luchó toda su vida por conciliar las facetas socialmente antagónicas de su personalidad, un físico de actriz sensual y frívola, bajo el cual se escondía una mente privilegiada.

Hija única de un matrimonio de judíos secularizados, Gertrud, pianista, y Emil, banquero, Hedwing Eva Maria Kiesler, empieza la carrera de ingeniería a los 16 años. Superdotada y muy hermosa, se siente asimismo atraída por la profesión de artista y se matricula en el teatro berlinés como alumna del director Max Reinhardt. Su indecisión dura tres años, pero en 1933, cede a su vena de actriz y abandona los estudios

Su espectacular hermosura la encumbró enseguida como “la mujer más bella de la historia del cine”. Aparca su prometedora carrera científica para ponerse a las órdenes de un director de cine tramposo que le ofrece hacer una película desnuda. Para vencer su reticencia, promete filmarla desde lo alto de una colina, mientras ella recorre la campiña desprovista de ropa. Hedwing desconoce el uso del teleobjetivo que permitirá exhibir en todas las salas comerciales el esplendor de su desnudez. Durante años su atractivo físico eclipsará con terquedad sus capacidades intelectuales, si bien el destino le reservaba un papel crucial en el futuro de las tecnologías.

Hedwing continúa su exitosa carrera cinematográfica, y se hace mundialmente famosa por la secuencia de Éxtasis, en la que aparece completamente desnuda, sentada al borde de un lago o corriendo por el prado. Es la primera mujer que aparece de tal guisa en una película comercial, que habla de la infidelidad de la mujer. Rompiendo todos los tabúes, su hermoso rostro muestra la embriaguez de los sentidos, y quedará durante décadas asociado a la degradación de la imagen femenina. Vapuleada por la sociedad, condenada por el Vaticano, presiente que esas escenas eróticas quedarán perennemente pegadas a su piel y ligadas a su biografía.

Seducido y obsesionado por su belleza, Friedrich Mandl, magnate de la industria armamentística,  arregla con los padres de la muchacha un matrimonio de conveniencia, para sumirla en lo que ella calificó posteriormente  de auténtica esclavitud.

Su marido –también judío– era el proveedor titular de municiones, armamento, aviones de combate y sistemas de control de Adolf Hitler y Benito Mussolini, que lo consideraban “Ario Honorario” y amigo personal.  La boda tiene lugar en 1933, y el flamante y suspicaz esposo intenta infructuosamente hacerse con todos los ejemplares de la película donde aparece su mujer sin ropa. Muy celoso, la considera un simple objeto de lujo, y la obliga a acompañarle en las reuniones mundanas, manteniéndola el resto del tiempo encerrada y custodiada. Sometida a un estricto control, ella abandona su carrera cinematográfica, y cuenta en sus memorias que solo podía bañarse bajo la atenta mirada de su marido.

Hedwing- todavía no es Hedy- aprovecha la soledad para continuar sus estudios de ingeniería, y obtener de los clientes y proveedores de su marido los pormenores de la tecnología armamentística de la época. Nadie sospecha de la bella anfitriona que bajo la máscara de civilidad esconde una aguda inteligencia y un afán de recabar una información que presiente valiosa, y que cederá sin contrapartida a las autoridades estadounidenses años más tarde.

Los imprudentes hombres de negocios y los militares incurrieron en el mismo error que cometió el resto de la sociedad, obviando su enorme potencial que le permitiría contribuir de manera clamorosa al progreso de la tecnología. La asistencia a las reuniones le permitió implementar la idea seminal de la teoría del espectro ensanchado y patentar, en los años 40, la técnica de Conmutación de frecuencias, que le devolvería notoriedad en los últimos años de su vida.

Durante su enclaustramiento, Hedwing, que mantiene una relación sentimental con su asistenta, prepara su fuga. La sirvienta enamorada la ayuda a escapar del infierno de manera rocambolesca, haciéndola saltar por la ventana del baño de un restaurante. Huye a Paris en automóvil, seguida de cerca por los guardaespaldas de su marido.

De la ciudad del Sena, se traslada a Londres donde conoce a Louis B. Mayer, empresario de la Metro Goldwyn Mayer. Para costearse el viaje a Estados Unidos vende sus joyas y se embarca con el magnate, utilizando todas sus armas para convencerlo de contratarla como actriz. Al llegar a tierra, tiene un contrato de siete años y un nuevo nombre, Hedy Lamarr, un homenaje a la Bárbara La Marr, amante de Louis, fallecida en trágicas circunstancias.

Hedy era muy conocida por sus anteriores películas.  Además de la checoslovaca Éxtasis, rodó cuatro largometrajes en Alemania: Dinero en la calle ,  La mujer de Lindenau , Aventuras del señor O. F., y No necesitamos dinero (1932).

Instalada en la meca del cine y bajo la protección del gerente de la Metro, rueda Algiers (1938), junto con Charles Boyer,  Lady of the Tropics , y I Take This Woman . Trabaja con King Vidor en Camarada X y Cenizas de amor, con Jacques Tourneur en Noche en el alma, junto a Robert Stevenson (Pasión que redime,  y con Cecil B. DeMille (Sansón y Dalila, 1949). No tuvo demasiado éxito al elegir su treintena de películas, y trabajó en el cine hasta 1958.

Renunció a hacer películas como Luz de gas y Casablanca con personajes que darían fama a Ingrid Bergman, pero creó un nuevo canon de belleza.

Lamarr, buena conocedora de los horrores del régimen nazi a través de las confidencias de su exmarido, y preocupada por el destino de su familia judía, ofreció al gobierno de USA toda la información confidencial que había obtenido durante su matrimonio. Consideraba que su inteligencia podía contribuir a la Victoria Aliada, y que solo la habilidad y los avances tecnológicos permitirían superar al enemigo para imponer la paz por la fuerza. No era una cuestión de superioridad numérica ni de equilibrio de fuerzas, era necesario desarrollar Nuevas Tecnologías Militares que actuaran a distancia. Se puso manos a la obra, abandonando por segunda vez-  ahora de manera voluntaria- su carrera en el cine.

Los gobiernos se resistían a la necesaria fabricación de un misil  teledirigido,  por miedo a que las señales de control, fácilmente descifrables,  fueran interceptadas o interferidas por el enemigo, que podría  inutilizar el invento o usarlo en su contra.

Cuando Hedy conoce al compositor y pianista George Antheil, descubren juntos una manera original y eficaz de elaborar un nuevo sistema de comunicación del que derivarán los actuales conceptos de encriptación que hoy se usan en móviles, GPS, Bluetooth y WIFI. Su sistema se basa en la variación de frecuencia, utilizando un rollo de papel perforado con 88 valores, los mismos que las teclas de un piano. Solo era posible descifrar el código y la secuencia de saltos si se conocía la melodía asociada, lo cual aseguraba un blindaje perfecto. George y Hedwing reciben el número de patente 2.292.387 por su sistema de comunicación secreto, una primera versión del salto en frecuencia, la técnica de modulación de señales en espectro expandido. Su tecnología, que utilizaba dos tambores perforados y sincronizados, permitió construir torpedos teledirigidos por radio,  que no podían detectar los enemigos.

En la patente del 11 de agosto de 1942 puede leerse la inscripción H. K. Markey : Hedwing Kiesler. Markey, era su apellido de casada. La concesión de las patentes con el nombre de su marido (¡se casó seis veces!) en vez del artístico impidió que su contribución científica recibiera el debido reconocimiento en su momento.

El 1 de octubre de ese mismo año, aparecía en The New York Times la primera mención pública del invento, a pesar de lo cual las autoridades de la época no consideraron la posibilidad de su realización práctica inmediata. La tardanza en aplicarlo se debió a la necesidad de pasar de un sistema mecánico a uno electrónico, objetivo que consiguió Sylvania Electronics en 1957. El equipo de ingenieros, en un alarde de honestidad profesional, no se atribuyó la paternidad del invento, reconociendo la patente a Lamarr y Antheil.

La patente se usó de manera práctica por primera vez en la Crisis de los Misiles e Cuba, durante la presidencia de John F. Kennedy en 1962, aplicando el sistema de control remoto en boyas rastreadoras marinas. La misma técnica se utilizó en la guerra de Vietnam y, más adelante, en el sistema estadounidense de defensa por satélite Milstar. En la década de los 80, el sistema de espectro expandido se usó por primera vez en Ingeniería civil y, en la misma década, la irrupción masiva de la Tecnología Digital permitió implantar la comunicación de datos WIFI gracias a la conmutación de frecuencias.

Para entonces, las mujeres occidentales habían conquistado sus galones y credenciales. La sociedad y el mundo científico estaban preparados y dispuestos a reconocer el mérito de esta judía, demasiado hermosa e inteligente, que supo trascender circunstancias adversas para acceder a la inmortalidad.

Lamarr murió en Florida el 19 de enero de 2000. Su hijo, Anthony, fruto de su tercer matrimonio con el actor John Loder,  luchó denodadamente por limpiar su trayectoria y restablecer la memoria científica de su madre. Gerente de una modesta tienda de móviles (ironías del destino), no pudo pagar los 10000 Euros necesarios para colocar la piedra funeraria sobre la tumba donde reposarían las cenizas de Hedy, en el cementerio Central de Viena donde pidió ser enterrada.  Solo al cumplirse el centenario de su nacimiento, en 2014, el Ayuntamiento de la ciudad aceptó pagar el coste de la lápida y la bella inventora austríaca, compleja y complicada,  pudo descansar en su amada tierra natal. Anthony en sus memorias, refirió una frase que su abuela solía decir a su hija con pesar “Tenías que haber nacido chico”. La madre de Hedy no sospechaba que esa afirmación iba a quedarse obsoleta porque algún día ser mujer dejaría de ser un obstáculo para prosperar en un mundo de hombres. Al menos en una parte del planeta.

Los candiles del saber iluminaron la vida frívola de Hedy, que al final de su vida acusó los numerosos fracasos sentimentales y su eterna lucha por conciliar las dos facetas antagónicas de su personalidad. Adicta a las pastillas y la cirugía estética tuvo una vejez difícil. Shearer publicó una extensa biografía, y Richard Rhodes ha ganado el premio Pulitzer del libro, con “Hedy´s Folly : The life and breakthrough inventions of Hedy Lamarr”.

En su honor, el 9 de Noviembre, día de su cumpleaños, se celebra en los países de habla germana EL DÍA DEL INVENTOR.

El 9 de noviembre de 2015 Google publicó en su página de inicio un Doodle – video- en reconocimiento a la labor de Hedy Lamarr, que superó los condicionantes negativos inherentes a su condición de judía y su género, dos parámetros de marginación que impidieron el reconocimiento del talento femenino durante siglos. Actriz glamorosa en la cumbre de su carrera, se convirtió en una científica brillante y generosa, que rentabilizó todos los dones concedidos por la Providencia, desarrollando facetas antagónicas. Hedy jamás se resignó a convertirse en un bello florero y luchó encarnizadamente para potenciar sus evidentes dotes intelectuales. Con su coraje y tesón invalidó el mito de la mujer “con largos cabellos y corta inteligencia” conjugando belleza e inteligencia para obtener beneficios de ambas cualidades.

 

 
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