Por Israel
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11 Tevet 5779 | miércoles diciembre 19, 2018
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La sociedad árabe en Israel y la Ley del Estado-Nación


No es de extrañar que la nueva Ley del Estado-Nación de Israel haya suscitado fuertes críticas dentro de la comunidad árabe que vive en Israel. Sin embargo, aunque importantes elementos políticos árabes expresaron su protesta, la población árabe como un todo no se ha movilizado para participar en ninguna protesta importante sobre este tema. Esto ni siquiera ocurrió con la masiva manifestación en Tel Aviv, planificada por el Alto Comité de Supervisión Árabe. En cambio, el intento por parte del Comité de Supervisión de avanzar hacia un enfoque opuesto reveló grietas dentro del liderazgo árabe, destacando en particular el enfoque relativamente restringido adoptado por la Lista Árabe Unida. La impresión es que, en lo que se refiere a la Lista Unida, la ley no constituye un punto de inflexión en la política israelí de los últimos años y que adoptar una postura resuelta inmediata sobre el tema pudiera muy bien ensombrecer el continuar la cooperación con el gobierno en lo referente a la implementación del plan quinquenal. Este no ha sido el caso en el sector druso, que considera la ley como una oportunidad para lograr renovar legitimidad por su condición especial, así como también los beneficios económicos en áreas que este considera esenciales.

Previsiblemente, la aprobación de la Ley Básica: Israel como el Estado-Nación del Pueblo Judío (de ahora en adelante, la Ley del Estado-Nación) ha suscitado críticas fundamentales dentro de la sociedad árabe en Israel. La institución política árabe se ha opuesto a la ley, que percibe como un ataque directo al sector minoritario y al valor de las igualdades civiles. Los primeros en denunciar la ley fueron los miembros árabes de la Lista Unida del Knesset que, durante la votación, destruyeron una copia de la ley. Una publicación que denunciaba la ley emitida por el parlamentario Jamal Zahalka (Balad) contenía un mapa de la “Gran Palestina” portando los colores de la bandera palestina y no hacía referencia al Estado de Israel y llamó a una huelga general. El diputado Yousef Jabarin (Hadash) pidió a la Unión Interparlamentaria que tome medidas en contra de Israel. El Jeque Kamal Khatib, líder en funciones de la Filial Norte del Movimiento Islámico de Israel, publicó un video en el que mantiene que la nueva legislación revelaba el verdadero rostro de Israel y demostró que el conflicto era uno esencialmente religioso. La afirmación que la ley revelaba una separación racial también fue promovida por los intelectuales árabe-palestinos tales como el Profesor Assad Ghanem, quien llamó al inicio de un nuevo capítulo en la lucha contra la discriminación. Al contrario, en una entrevista de radio en Galei Tzahal, el presidente de la Lista Unida, el miembro del Knesset Ayman Odeh, abogó por el enfoque pragmático adoptado por él y su partido Hadash. Aunque este denunció a la ley, tuvo cuidado de evitar pedir medidas extremas, se abstuvo de utilizar terminología provocativa y enfatizó la necesidad de igualdades civiles. Todas las reacciones mencionadas anteriormente representan respuestas familiares que reflejan los diversos matices de elementos rivales dentro del sector árabe.

La mayoría de la población árabe parece no estar demasiado preocupada por la ley o sus implicaciones. De hecho, las actividades de protesta en el terreno han sido bastante limitadas. Se organizaron pequeñas manifestaciones en varias localidades bajo iniciativa del Comité Superior de Supervisión; Los políticos árabes se sintieron decepcionados con la escasa participación en estas protestas. Ante esta situación, se realizó una manifestación el 11 de agosto de 2018 en Tel Aviv planificada como una protesta masiva desprovista de manifestaciones nacionalistas. En la práctica, esta manifestación, que contó con un gran número de participantes, incluyendo un número significativo de judíos además de una serie de elementos nacionalistas vocales, no ha marcado una gran diferencia en la situación general.

Esto también ha sido cierto respecto al enfoque más activista, manifestado por el Comité de Supervisión Árabe y el audaz mensaje de su líder Mohammad Barakeh. Este reflejó principalmente el enfoque pragmático de la Lista Unida de Ayman Odeh, aunque las partes rivales dentro de la Lista continúan abogando por cargos diferentes, basados en sus distintas identidades políticas. Por lo tanto, aunque la Lista Unida participó en las protestas, lo hizo algo tarde y ante un perfil mucho más bajo. Esto nuevamente expresó las tensiones internas dentro del liderazgo político árabe respecto a las relaciones personales, la lucha por la antigüedad política y las posturas fundamentales respecto a la estrategia a ser adoptada respecto al gobierno israelí en general y dentro del contexto de la Ley del Estado-Nación en particular.

En general, los recientes acontecimientos en este momento, no parecen constituir un cambio formativo en las actitudes de la población árabe y en las redes sociales. La crítica pública dentro de la sociedad árabe, que claramente se opone a la ley, es mucho menos pronunciada que entre los elementos públicos y políticos judíos, o dentro de la comunidad drusa. De hecho, la moderada indiferencia demostrada por la sociedad árabe ha sido claramente evidente ante el contexto de las protestas dentro de la comunidad drusa, cuyos portavoces, incluyendo a antiguos comandantes de las FDI, han presentado serias acusaciones sobre la disparidad entre las contribuciones drusas al estado por una parte y el tratamiento degradante del estado hacia esta población, por la otra. Este desarrollo amenaza una crisis que el Primer Ministro busca neutralizar, principalmente a través de la voluntad de poder centrar el estatus único de la comunidad drusa de Israel en una legislación separada y complementarla con beneficios económicos. Mientras tanto, los líderes de la comunidad drusa que enfatizan la necesidad de un arreglo favorable encuentran difícil resistir a las presiones internas entre grupos más extremos, que llaman a modificar la formulación de la Ley del Estado-Nación.

Hasta ahora, la ley presumiblemente no ha sacudido los cimientos de la sociedad árabe en Israel. Su adopción ha sido vista como una expresión más de la política gubernamental en los últimos años. Por una parte, el gobierno ha trabajado promoviendo la integración económica de la población árabe dentro de la economía israelí y al hacerlo, reduce las disparidades socioeconómicas con la población judía. Por otro lado, la sociedad árabe percibe que el gobierno toma medidas contradictorias en el área sociopolítica que promueven exclusión y desigualdad. Desde esta perspectiva, la Ley del Estado-Nación es considerada una más en una serie de medidas antiárabes, incluyendo las declaraciones discriminatorias de antiguos políticos y leyes, tales como la ley muecín, la ley Nakba y otras, dentro del marco formal de la visión alejada básica de la institución judía hacia las minorías árabes.

El hecho que elementos importantes entre la oposición política israelí hayan optado por acoger claramente a la población drusa ha ilustrado aún más la marginalidad de la sociedad árabe en el orden social dentro del Estado de Israel. En este contexto, los líderes árabes establecidos parecen creer que una oposición severa y desafiante al gobierno pudiera perjudicar la implementación ordenada del plan quinquenal y quizá perjudique también las posibilidades de ampliarlo con un plan quinquenal adicional para el año 2020, que ya está siendo discutido por el gobierno. Este enfoque realista parece ser aceptable para la población árabe, que entiende tanto las limitaciones de la protesta como el precio de su radicalización.

Por otra parte, la protesta drusa refleja la opinión opuesta a la Ley del Estado-Nación, la cual es percibida como un insulto así como también una manifestación de la continua erosión del estatus especial de esta comunidad en Israel. Desde el establecimiento del estado, los drusos han tenido éxito en distinguirse a sí mismos de la comunidad árabe de Israel, vinculando su destino a la hegemonía judío-sionista y en obtener beneficios de esta situación. La Ley del Estado-Nación, con su valor simbólico y las medidas del gobierno destinadas a reducir las disparidades con la comunidad árabe crearon una sensación de amenaza a su condición preferida. Los drusos parecen sentir que, a diferencia de los árabes en Israel, disfrutan de una condición suficiente como para producir auténticas protestas a fin de lograr beneficios esenciales respecto a los problemas que les conciernen, principalmente en el área de tierras y en la construcción. El historial de los desacuerdos y las tensiones dentro de la comunidad drusa parece estar relacionado al tradicional temor del liderazgo druso que el apoyo que la comunidad recibe de los judíos opuestos al gobierno también pudiera perjudicarlos en relación a otros intereses drusos relacionados con la política israelí dirigida a los drusos en Siria. Otros, principalmente entre los líderes más jóvenes, intelectuales y veteranos del sistema de seguridad israelí, han recurrido a un enfoque más conflictivo como parte de la lucha generacional por el futuro liderazgo de la comunidad.

En conclusión, la lucha social y política en torno a la Ley del Estado-Nación aún se encuentra en sus etapas iniciales y la forma en que esta se desarrollará a futuro es difícil de predecir. Los próximos meses del receso del Knesset pueden facilitar un enfriamiento en las tensiones y una búsqueda en remediar el tema druso, muy probablemente en el área económica. En el contexto de la relación con la población árabe, es dudoso que la ley tenga un impacto significativo en los procesos que se han desarrollado en los últimos años. Si se llega a un acuerdo respecto a los drusos y principalmente si se institucionaliza en una legislación separada y se acompaña de importantes beneficios económicos, esto servirá para acentuar aún más la brecha entre los drusos y los árabes y aumentará la sensación de alienación de la minoría árabe del país. En esta realidad, será importante que el gobierno trabaje junto con los líderes árabes para garantizar la plena implementación del primer plan quinquenal y tomar medidas en preparación para la adopción de un segundo plan ampliado de 5 años, que también proveerá soluciones estructurales a temas aún no resueltos. El objetivo debería ser disminuir las marcadas disparidades que existen en la actualidad. Hasta ahora las reacciones moderadas de la minoría árabe ante la Ley del Estado-Nación judío pueden y deben servir para fortalecer los intereses compartidos de la mayoría y la minoría, manifestados actualmente en el área económica

 

http://www.inss.org.il/publication/arab-society-israel-nation-state-law/

Traducido por Hatzad Hasheni

 
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