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| miércoles febrero 26, 2020
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Slavoj Zizek y su «problema» con «los judíos de hoy»


El impacto en el campo de las ideas del célebre filósofo, psicoanalista marxista y crítico cultural esloveno Slavoj Zizek es notable. Foreign Policy lo consideró uno de los mejores pensadores contemporáneos. Se le ha dedicado un documental, Zizek! Hay una revista académica dedicada íntegramente a la exploración de su obra, The International Journal of Zizek Studies. Fue director internacional del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres, es investigador principal en la Universidad de Liubliana, profesor en la Universidad de Nueva York y docente invitado a universidades de elite de todo el mundo. Sus libros son éxitos globales de ventas. Sus artículos causan sensación.

Nunca fue ajeno a la polémica, al punto de que este año el International Journal of Zizek Studies debió abordar sus varias controversias en una edición que llevó por título ¿Qué salió mal con Zizek? (vol. 13, nº 2) y que decía en su introducción:

En los últimos años, los ataques contra Slavoj Zizek se multiplican (…) Políticamente, fue condenado por su posición sobre Donald Trump, su crítica del enfoque humanitario hacia los refugiados, su enfoque más matizado del movimiento LGBT+, etc. En el ámbito del psicoanálisis, los lacanianos de Jacques-Alain Miller emprendieron una campaña feroz él, denunciándolo como un fraude. En el ámbito de la filosofía, las nuevas formas de realismo (‘ontología orientada a objetos’) rechazan el pensamiento de Zizek por seguir arraigado en la subjetividad trascendental.

En el ensayo “Un teatro de sombras: salvar, criticar, psicoanalizar a Žižek”, su autor, el profesor Robert Kilroy, señala:

Junto con su exclusión de las plataformas de medios dominantes como The Guardian y The New York Times, la denuncia de su trabajo por parte de la comunidad académica ha alcanzado un nivel excesivo, con pensadores como Noam Chomsky que buscan socavar la validez empírica de su pensamiento de una manera sorprendentemente personalizada.

A partir de ahora parece que habrá que sumar a The Independent a la lista.

El pasado día 3, Zizek publicó un artículo de opinión en ese diario británico titulado “No hay conflicto entre la lucha contra el antisemitismo y la lucha contra la ocupación israelí”, en el cual escribió: “El problema con los judíos de hoy es que están tratando de echar raíces en un lugar que por miles de años fue habitado por otro pueblo” (énfasis agregado). Más allá de que el pueblo judío también habitó la región de Palestina por miles de años, para un psicoanalista y un escritor experimentado es muy sorprendente esa elección de palabras. En particular, en una nota cuyo objetivo era el opuesto: separar la crítica a Israel del ataque a los judíos. Zizek aclaró en ese mismo texto: “Yo, por supuesto, rechazo indiscutiblemente el antisemitismo en todas sus formas”, pero su acto fallido fue más elocuente que su apertura de paraguas preventiva.

Tras la polémica desatada, The Independent editó la columna del pensador contestatario y reemplazó “el problema con los judíos de hoy” por “el problema con el proyecto de los asentamientos de hoy”, y comunicó a sus lectores:

Reconocemos que una versión anterior de este artículo no cumplía con nuestros propios estándares editoriales.

No terminó ahí el lío. Al poco tiempo Zizek publicó una nota en Russia Today en la que afirmó que The Independent rechazó publicarle un segundo artículo tras la controversia. “Me equivoqué, cometí un error imperdonable al usar la frase ‘el problema con los judíos de hoy’”, admitía, pero seguía luego con una intrincada reflexión que se presta a debate en torno a este asunto.

No es la primera vez que el filósofo esloveno cuestiona a Israel.

En 2007 la editorial de izquierda Verso Book publicó textos de Mao con una introducción crítica suya. (Existe una traducción al español, de la editorial Akal). La portada era una recreación de los afiches de propaganda de la era maoísta, con el rostro del Gran Timonel irradiando luz mientras es aclamado por una multitud armada. En pleno siglo XXI, Zizek ofreció esta defensa de los Guardias Rojos:

Se siente uno tentado de parafrasear aquí a Brecht –“¿Qué es el robo de un banco comparado con la fundación de un banco?”– una vez más: ¿qué son los estallidos violentos y destructivos de un guardia rojo atrapado en la Revolución Cultural comparados con la verdadera Revolución Cultural, la disolución permanente de todas las formas de vida que necesita la reproducción capitalista? El verdadero Señor del desgobierno es el reino del actual capitalismo global.

Su alegato a favor de la Revolución Cultural (un millón de muertos) lleva a Zizek a hablar del capitalismo global. De ahí el autor pasa llamativamente a hablar de la guerra urbana del Ejército israelí contra el terrorismo palestino en Cisjordania. (Publiqué al respecto un artículo sobre esta técnica: «Urbanicidio» y «anarquitectura» en la política antiterrorista israelí). Zizek ve en el armado teórico de ideas posmodernas tomadas del ámbito de la arquitectura aplicadas a la lucha urbana antiterrorista del Ejército israelí una “reapropiación capitalista del dinamismo revolucionario” que “no carece de cómicos efectos colaterales”.

Es interesante observar el flujo de su pensamiento desde un enfoque psicoanalítico: Mao conecta con capitalismo, que conecta con Israel. Es precisamente este tipo de asociaciones libres lo que terminará poniéndolo en aprietos años más tarde, como su reciente nota prueba.

Zizek pertenece a esa penosa camada de intelectuales enajenados de Occidente, convocados ideológicamente por los más atroces despotismos; siempre atentos a los defectos de las democracias, nunca perceptivos sobre las calamidades de las tiranías. Dijo esto del fundamentalismo islámico: “En un curioso giro, la religión es uno de los posibles lugares desde los que se pueden plantear dudas críticas sobre la sociedad de hoy. Se ha convertido en uno de los lugares de resistencia”. Del régimen de Pol Pot en Camboya opinó que “no fue lo suficientemente radical” porque fracasó al crear “nuevas formas de colectividad”, y agregó que la “violencia revolucionaria debería ser celebrada como redentora e incluso divina”. Además, aplaudió el “sueño popular que sostuvo la revolución de Jomeini: libertad y justicia”.

¿Sorprende entonces que algunos medios hayan comenzado a rechazar sus ensayos? Lo curioso es que hayan tardado tantos años en hacerlo. Después de todo, al cabo de varios shows incluso los bufones mejor dotados terminan aburriendo

 
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