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| sábado agosto 1, 2020
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A Propósito Del “Holocausto”


Todos los 27 de Enero suele conmemorarse a las víctimas del  “Holocausto “, queriendo significar,  básicamente, a todos los seres humanos que fueron exterminados durante la Segunda Guerra Mundial, más específicamente a los judíos . Debo aclarar que el término holocausto, derivado del griego, que significa el acto de sacrificar/ quemar a un animal, en ofrenda a Dios, no se condice, en modo alguno, con lo acaecido a millones de judíos , esencialmente, durante dicha contienda . No se procedió a realizar un sacrificio, precisamente. En hebreo suele expresarse como Shoah, término que alude a una catástrofe.

 

En la lengua castellana considero que el término más apropiado es el de exterminio, a secas.

Más allá de esta digresión, muchas de las frases pronunciadas anualmente por periodistas, políticos, y hasta sobrevivientes de dicha tragedia, hacen hincapié en variados tópicos, a saber

a)La narración personal de las víctimas.
b)Que el hecho histórico nunca se olvide para que jamás haya reiteración de semejante aberración.
c)Aspectos biográficos de Adolf Hitler y su régimen, entre 1933 y 1945 y, en menor medida, incluyendo el período 1918-1933.
d) Con bastante menor frecuencia, la situación económica de Alemania en la primera post guerra, las consecuencias políticas y económicas del Tratado de Versailles, la hiperinflación de 1923 , los efectos del crack de 1929, la consecuente debilidad política del gobierno alemán ante el avance del nazismo , en un contexto de un no despreciable índice de desocupación en el país teutón.
e)El carisma del jefe del nazismo en sus discursos, y la feroz propaganda del régimen durante su gobierno.
f)La debilidad política de los países vencedores de la Gran Guerra ( principalmente Inglaterra y Francia) respecto a la cada vez más agresiva política interior y exterior de Alemania entre 1918 y 1939

 

No podemos, en modo alguno, obviar los hechos mencionados.

Sin embargo, queda, dentro del cúmulo de razones invocadas, una que, con cierta frecuencia, no es tratada con la profundidad requerida, justamente a fin de que los hechos históricos que se combinaron no volviesen a repetirse .

 

Nos estamos refiriendo, cronológicamente, a la primera de las causas. Y es, ni más ni menos, que aquello que denominamos  como antijudaísmo, antisemitismo o judeofobia  (término este último más reciente).

No encuentro del todo convincente ninguno de los tres términos citados.

El primero de ellos se referiría a la oposición al judaísmo por parte del credo predominante, esencialmente el cristianismo o el islamismo. Pero también obedece a lo que denominamos “pureza de sangre” o simplemente linaje. Los conversos (o cristianos nuevos) carecían de “absoluta pureza” en tal sentido.

El segundo de ellos podría involucrar también a otros pueblos semitas, no solamente a los judíos. Pero  el término semita aludía también a un grupo de lenguas semíticas (por ejemplo el arameo, el hebreo, el árabe) empleadas desde la antigüedad, como así también a una raza. El orientalista alemán August Ludwig von Schloezer acuñó el término “semítico” refiriéndose al grupo de lenguas ya mencionadas.

En 1873 el periodista alemán Wilhelm Marr lo habría usado por primera vez para descalificar a los judíos, no como pertenecientes a una religión, sino como grupo étnico o racial.

El tercer término, con su terminación en “fobia”, denotaría “miedo a“(ej: agorafobia: miedo a los espacios abiertos; aerofobia: miedo a volar en un medio aéreo, etc). Por lo cual, colegimos que la judeofobia implicaría el miedo al contacto con los judíos.

Sin descartar este efecto en parte de la sociedad gentil, consideramos que el elemento `preponderante que hallamos en toda aversión hacia la judeidad es la demonización de los judíos. Los judíos son “los enviados de Satán “para destruir toda la civilización.

Según las épocas serán los prestamistas, usureros, especuladores, los que se nutren de sangre cristiana para sus festividades, los que envenenan el agua de los cristianos, los que dominarán todo el mundo, los dueños del periodismo mundial, los  comunistas, los capitalistas, los lobbistas, los que tejen entre bambalinas las estrategias políticas de los poderosos de turno para su propio beneficio, los beneficiados con las guerras entabladas entre países, etc. Y últimamente, a través del Estado de los judíos, como colonizadores del pueblo así llamado palestino en Judea y Samaria (¿será que Jordania no era ya un país palestino?), violador general de los derechos del hombre, experto en política de apartheid, genocida, etc.

El último gran prejuicio: estigmatizar al Estado de Israel por haber generado y diseminado el Covid-19.

Dichos prejuicios han llegado, incluso, a muchos estamentos universitarios de países así llamados democráticos, como asimismo a medios periodísticos tildados de “prestigiosos” , intelectuales de toda laya (aún judíos) organizaciones internacionales , entre ellas  la ONU y la UNESCO, verdadero reino del grotesco.

Este sentimiento está arraigado desde hace muchos siglos, pero se ha hecho cada vez más evidente  desde la civilización griega hasta nuestros días. El judío no sólo fue víctima de estos prejuicios por la sociedad que lo rodeaba sino, lo que es mucho peor, fue víctima propiciatoria de todo tipo de reglamentos, decretos y leyes promulgados por imperios o estados soberanos que coartaban el derecho a ejercer su propio credo religioso, sin violar los derechos del prójimo, a la vida, a  la propiedad, y a la igualdad ante la ley, con aquiescencia, más de una vez, de la Iglesia y de las entidades religiosas musulmanas.

Este resentimiento  se había hecho carne desde la Antigüedad. En Grecia, primaba la intolerancia hacia los ritos religiosos y el comportamiento social de los judíos. La aceptación de la esclavitud como un hecho rutinario y determinista (se nacía, se vivía y se moría como esclavo) es un claro ejemplo de ello.  La obstinación judía a diferenciarse de la mayoría circundante y asumir su propia identidad ,exacerbó dicho sentimiento. Cuando un imperio o un reino desplaza o somete  a otro suele, en forma directa o indirecta, absorber, aunque sea parcialmente, pautas o costumbres de los vencidos. Con los judíos , más allá de la masacre que provocó, el Imperio Romano, bajo el emperador Adriano, sofocó la revuelta de  Bar Kojba en al año 135 d.c. , juntando a la provincia de Judea con Galilea, denominándola Siria Palestina,  en recordación del pueblo filisteo ( de origen indo-europeo) que había combatido contra  los judíos antes de la era cristiana. Además, modificó el nombre de la ciudad Jerusalem por el de Aelia Capitolina, con el excluyente deseo de borrar todo vestigio de civilización judía, masacrando a buena parte de ella, condenando a los judíos a la esclavitud durante su imperio.

 

La demonización de los judíos nunca cesó desde esos tiempos, ya sea que se invoquen pretextos religiosos (grotescas mentiras claramente visibles en el Nuevo Testamento) dentro de la grey cristiana; en textos de la religión musulmana, una vez que muchos  judíos rehusaron adherirse a su profeta Mahoma; o en el luteranismo , ni bien desecharon  adherirse a su credo. No resultó exenta la Iglesia Ortodoxa a tal efecto. ( la Rusia zarista , Rumania, Grecia, etc , fueron un muy claro ejemplo de ello ).

 

Con la influencia del iluminismo judío (Haskalá) desde fines del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX, la asimilación judía en Europa no detuvo, sino que escondió furtivamente el sentimiento de desprecio y odio hacia los judíos, a pesar de sus esfuerzos por ser considerados como iguales con sus connacionales. No fueron pocos los judíos que se hicieron acreedores a la Cruz de Hierro (máxima distinción otorgada por el ejército prusiano por su heroísmo  durante la Gran Guerra). 120.000 judíos alemanes fueron voluntariamente por su país en la Gran Guerra. Aproximadamente un 10%  no regresó jamás. Envidia, competencia, tradiciones cristianas de largo arraigo, se mezclaron conformando una patología explosiva. Un caso típico fue el denominado “numerus clausus”, por el cual en numerosos países europeos no se admitía sino tan sólo un limitado cupo de judíos para el ingreso a la universidad.

 

También en Estados Unidos, las máximas autoridades de las Universidades de Harvard y Columbia aplicaron dicho criterio.

En el siglo XX el comunismo (salvo durante la época de Lenin, 1917-1924)  comenzó a vilipendiar a sus judíos, ante su deseo obstinado de mantener su propia cultura yiddish, y la hebrea , que avanzaba cada vez más,  las cuales eran vistas como un desviacionismo peligroso a la supuesta internacionalización del proletariado, condenando su particularismo, considerado “antirrevolucionario”, o meramente “ cosmopolita”.  El desprecio al judío habría de continuar, luego de la Segunda Guerra Mundial, en los países comunistas, con un agregado adicional, a saber: negación del “Holocausto” en varios de  los países de la Cortina de Hierro (Unión Soviética, Polonia, Checoslovaquia).Hasta cementerios judíos fueron destruidos bajo las autoridades locales. “El  judío había sido uno más entre las víctimas del nazismo”. Mencionar este tema particularizando a los judíos estaba absolutamente prohibido en todos los establecimientos educativos. Las víctimas podían ser proletarios, comunistas o anti-nazis. La cultura judía fue tajantemente prohibida en todos los ámbitos, más allá de la carencia de los derechos básicos de toda civilización que se precie de tal.

La civilización musulmana , durante muchos siglos, y el nacionalismo árabe del siglo XX no son más que una conjunción de despotismo permanente, con carencia de los mismos derechos , convirtiendo a judíos y cristianos en dhimmis,( ciudadanos de segunda categoría que, entre otras iniquidades, debían pagar impuestos mucho más elevados que los musulmanes, desde la Edad Media hasta la caída del imperio otomano, y el valor de la palabra de un judío, en términos judiciales  podía llegar a equivaler hasta un cuarto de la de un musulmán, amén de que sus limitados derechos podían ser eliminados de un plumazo por la autoridad central sin causa alguna).

 

La afinidad con el nazismo contra los judíos, buscando su exterminio(su alianza con Hitler, bajo la influencia del Gran Muftí de Jerusalem , Muhammad Amin al- Husayni , el líder religioso más importante del Islam por entonces), y la guerra contra ingleses y franceses durante la Segunda GM, conformando “La Legión Árabe Libre”, aliada al ejército nazi ), el deseo de exterminio de los mismos( y también de los cristianos desde las últimas cuatro décadas hasta nuestros días, amén de que tanto unos como otros fueron considerados apóstatas durante muchos siglos de ocupación musulmana), expresado sin tapujos en innumerables casos hasta la fecha , con la ceguera voluntaria , complicidad o aquiescencia de gran parte de la mal llamada “civilización occidental “, incluida la Iglesia, ha sido una constante .El escandaloso descenso del número de judíos y cristianos en todo el mundo musulmán actual no tiene visos de ser reversible . Las escasas excepciones de musulmanes que actualmente  reman contra la corriente islamista necesitan mantener su identidad lo más oculta posible (y no pocas veces con vigilancia policial en Europa y EEUU) para resguardar su vida y la de su familia, o lisa y llanamente alejarse definitivamente  del pernicioso influjo de ésta.

Como corolario de lo ya mencionado, podemos concluir que, si no enseñamos a las actuales y nuevas generaciones todo el caldo de cultivo sembrado durante más de 2 milenios, y no únicamente lo acontecido hace un siglo, no podremos cuantificar cuán profundo ha sedimentado el odio al judío (aunque lo llamemos sionista) en las mentes de muchos millones de personas de religiones distintas , de ideologías supuestamente antagónicas , de posiciones económicas y culturales  muy diversas.

Deberá abarcarse, tarde o temprano, tan ciclópea labor, o nos encontraremos  con una nueva decepción.

Y, por sobre todas las cosas, con la lamentable actual  toma de conciencia de una virulenta carencia de conocimientos  históricos de la mayoría de los seres humanos que habitan este planeta sobre la civilización judía y sus avatares, únicos en la Historia de la Humanidad .

 

Porisrael.org

 
Comentarios

Podremos seguir disertando indefinidamente, sobre los origenes que dan lugar al antisemitismo conocido tambien como judeofóbia, podremos asi mismo analizar sus distintas manifestaciones, el contexto en el que tiende a desarollarse, y sus evidentes ramificaciones con el ódio a Israel …podremos como digo debatir en torno a él, alcanzar conclusiones, buscar «soluciones» para combatirlo,(educativas y sanccionadoras principalmente) podremos igualmente actualizar el lenguaje que utilizamos para referirnos a él; pero lo que visiblemente no podemos (al menos por ahora) es erradicarlo de determinados idearios politicos, mediáticos y «culturales», y ése es a la póstre, el objetivo a alcanzar, y en tanto éste no se logre, permanecerá en nosotros como la constatacion de un fracaso colectivo sin paliativos …

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