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| martes octubre 19, 2021

Los islamistas y la democracia


La historia muestra que el gobierno islámico puede limitar la democracia a ‘un hombre, un voto, una vez’


Jonathan Schachter

03.03.11,

Ynetnews.com

 

revuelta-tunezDespués de semanas de nerviosa especulación, ahora sabemos exactamente cuándo y cómo terminó la era de Mubarak en Egipto. La pregunta más importante – y aún sin respuesta – es, ¿qué aspecto tendrá el nuevo gobierno de Egipto (y posiblemente, el de otros regímenes regionales)?

Dominante en los titulares es el ostensible dilema democrático, a través del cual, elecciones libres y justas llevarían un partido islamista al poder.

Contrariamente a las afirmaciones provenientes de los cansados (aunque, evidentemente, inagotables) círculos post modernistas, la cuestión no es si los árabes son considerados merecedores de la democracia, o intrínsecamente capaces de manejarla sino, más bien, las dudas relativas a la calidad de las nacientes democracias locales. Esta aprensión está bien fundamentada, dada la historia del débil compromiso islamista con los principios democráticos.

Ejemplos de esto último abundan, y se refieren tanto a cómo los islamistas gobiernan y por cuánto tiempo. El estatus de los derechos humanos y políticos bajo los regímenes islámicos en Irán y Gaza, la acusación contra el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, por cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Darfur y los esfuerzos no disimulados de Hezbollah para subvertir el proceso judicial en Líbano – después de la presunta participación del partido en asesinatos políticos – todos, más que sugieren que la protección fundamental de la libertad individual, que es la piedra angular de la democracia, figura abajo en las agendas políticas de los partidos islamistas.

No menos importante es la cuestión de la transferencia democrática y pacífica del poder. Es bien sabido que los partidos islamistas pueden tener éxito en obtener el poder a través de las urnas. No es tan claro si esos partidos estarian dispuestos a renunciar al poder político al final de su mandato en el cargo, definido legalmente, si así fuera la voluntad del pueblo. La preocupación, diversamente atribuida al historiador Bernard Lewis y al ex diplomático de EE.UU. Djeredjian Edward, es que bajo el gobierno islámico, la democracia se limita a «un hombre, un voto, una vez».

También en este caso, los ejemplos son desalentadores. El recuerdo de las corruptas elecciones iraníes de 2009 aún está fresco y la posterior brutal represión a la disidencia continúa. Justo el mes pasado Hamas, que quedó, en los sondeos, detrás de su rival Fatah, anunció su rechazo a participar en las elecciones presidenciales y legislativas de este año, reiteradamente pospuestas, convocadas por el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, cuyo propio período, oficialmente, debió haber terminado hace dos años.

Los árabes merecen algo mejor

Nada de esto quiere decir que los regímenes de Mubarak, Gadafi u otros en la región, son necesariamente más democráticos que los gobiernos islamistas que podrían reemplazarlos. Los derechos individuales y políticos y elecciones regulares, significativas, libres y justas, han sido escasos desde hace tiempo. El uso de la fuerza – fuerza aérea incluida, según se informa – contra los manifestantes en los últimos días y semanas, muestra cuán lejos, algunos de los regímenes actuales, están dispuestos a llegar para mantener su control del poder.

La sustitución de un tipo de régimen no democrático, aparentemente interminable, por otro, sin embargo, no atenderá las demandas de los pueblos, que merecen algo mejor. Por el contrario, un tal desarrollo podría proporcionar el combustible para una conflagración política posterior mucho más grande.

Es demasiado temprano para decir cómo serán la nueva Constitución egipcia y el gobierno y cuán genuinas y vigorosas serán las instituciones democráticas de Egipto. Por su parte, la Hermandad Musulmana ha anunciado que no va a presentar un candidato presidencial en las próximas elecciones, tal vez porque comparte el temor de Hamas de una vergüenza electoral y/o porque siempre es más fácil y, a menudo, más popular, criticar desde la oposición que lo que es resolver problemas políticos, sociales y económicos como los que padece Egipto.

Menos alentadores son las pancartas de los manifestantes que muestran a Mubarak y a Gadafi con estrellas de David en la frente y el reciente anuncio del jefe, secular y liberal, del Partido del Mañana, Ayman Nour, él mismo un candidato a la presidencia, que «el acuerdo de Camp David está terminado”. Nour nos recuerda que señalar con el dedo a Israel, al parecer, sigue siendo una atractiva herramienta populista en manos de los políticos regionales, sean islamistas o no.

El autor es investigador en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) en la Universidad de Tel Aviv


http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-4037458,00.html

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

Difusion: www.porisrael.orgrevuelta-tunez

 
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