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| miércoles mayo 18, 2022

La revolución europea. Cómo el islam ha cambiado el viejo continente


Christopher Caldwell

– Edita: Debate.

– Fecha de publicación: 14 mayo de 2010.

– Sinopsis: El autor analiza cómo Europa ha vivido en los últimos 50 años una revolución demográfica que no tuvo en cuenta el exceso de trabajadores inmigrantes y su impacto cultural. Analiza cómo ante esta contradicción los políticos dictan leyes que recortan las libertades de todos; los conflictos provocados entre el Estado de Bienestar y las tradiciones del Tercer Mundo; lo atractivo que resulta el uso del velo en las mujeres, la sharia o la yihad en la segunda generación de inmigrantes; o el antiamericanismo que ha desencadenado en estos nuevos ciudadanos y también los nativos.


 Entrevista a Christopher Caldwell, autor de «La revolución europea» (Debate).

Por Álvaro Colomer

Christopher Caldwell (Massachusetts, 1962), editor de ‘The Weekly Standard’ y colaborador de medios tan prestigiosos como ‘Financial Times’, ‘Slate’, ‘The Wall Street Journal’, ‘The New York Times’ y ‘The Washington Post’, se ha distinguido por abordar aspectos del capitalismo occidental en sus reportajes. Sin embargo, su ensayo ‘La revolución europea’ encara uno de los problemas que más preocupan a los gobiernos europeos: el aumento de la población musulmana. Las afirmaciones de dicho libro han hecho que se acuse a su autor de ‘islamófobo’ y de prodigar la ‘cultura del miedo’. Pero sólo hay que leer la primera página para percatarse de que Caldwell no habla a la ligera, ya que aporta muchísimos datos encaminados a derrocar la utopía -ingenua, a su entender- de la sociedad multicultural.

  

1-Durante muchos años se ha argumentado que la inmigración estaba solucionando el problema de la caía del índice de natalidad y del aumento de la esperanza de vida en la población europea. Pero su libro defiende que la inmigración no arregla eso. Es más, usted afirma que nos encaminamos a una Europa musulmana y proporciona datos para demostrarlo: según David Coleman, demógrafo de Oxford, aun parando en seco la inmigración, en el Reino Unido habrá 7 millones de inmigrantes en 2050 y, si no se detiene ese flujo de extranjeros, 16 millones. ¿Tenemos que prepararnos para una Europa musulmana?

-No hace falta que nos preparemos para una Europa dominada por los musulmanes, pero sí para una Europa con más musulmanes de los que hay ahora. En este punto hay que ser muy preciso, porque cualquiera que muestre datos demográficos sobre este asunto será inmediatamente acusado de estar prediciendo una invasión musulmana. Y yo quiero hacer una distinción: los musulmanes no van a desbordar demográficamente Europa. En la actualidad son 20 millones, es decir un 5 por ciento de la población europea. La mayoría de demógrafos prevé que esta cifra se duplicará en la próxima generación, alcanzando un 10 por ciento. Así pues, no estamos hablando de un colectivo lo suficientemente grande como para ‘apoderarse’ de Europa. Pero es una cantidad más que suficiente para perturbar la vida de los europeos siempre y cuando no se gestione el proceso de integración de un modo eficaz. Pondré un ejemplo: las relaciones raciales han sido la mayor fuente de conflictos en la historia interna de Norteamérica, aun cuando la población negra apenas alcanza el 12 por ciento.

2-La gran oleada de inmigración musulmana en Europa empezó tras la II Guerra Mundial, cuando los gobiernos hicieron llamamientos para proporcionar mano de obra barata al proceso de reconstrucción de los países asolados por el conflicto. En su libro se afirma que actualmente vivimos las consecuencias de la falta de visión de futuro de aquellos gobiernos y que ahora, cuando los políticos ya han demostrado que no saben cómo solucionar el problema de la integración, la inmigración se ha convertido en un tema moral. ¿Considera que la decisión sobre el futuro de la inmigración europea está en manos de los individuos antes que de los gobiernos?

-Los inmigrantes, como individuos independientes, toman decisiones sobre el modo en que quieren integrarse, pero esas decisiones individuales se tienen que adaptar a las normas y condiciones desplegadas por el país de acogida. Si las normas son negociables o inexistentes, no se producirá un proceso de integración. Sé que es incómodo escuchar estas cosas, pero Estados Unidos ha sido capaz de integrar a un gran número de inmigrantes a lo largo de toda su historia porque es un país conformista. En este aspecto, uno de los puntos más importantes para regular tanto la inmigración como para gestionar su integración es la frialdad del mercado económico.

3-¿Hasta qué punto el arrepentimiento europeo por el colonialismo y el nazismo nos ha hecho ser mucho más tolerantes con la inmigración de lo que ha sido jamás cualquier otro continente? ¿Cree que a esos dos elementos tendríamos que añadir cierto sentimiento de vergüenza por parte de los ciudadanos del primer mundo ante las miserias del tercer mundo que quedan al descubierto con la aparición de la inmigración?

-La tolerancia es un deber y, durante sus distintas épocas de florecimiento, Europa ha sabido dar la bienvenida a todo el mundo y ha demostrado tener una mentalidad muy abierta. ¿Qué ha cambiado desde que los europeos comenzaron a reflexionar sobre las implicaciones morales del nazismo y el colonialismo? Pues que actualmente la tolerancia es el único criterio con el que se mide el fenómeno de la inmigración. En un intento por evitar los juicios negativos sobre el otro, los europeos se han olvidado de imponer sus propias normas. Ante un fenómeno migratorio masivo, toda política debe basarse en varios criterios: ¿estamos ante un acontecimiento productivo?, ¿estamos ante algo perjudicial?, ¿podemos soportar el peso de las culturas que están cruzando nuestras fronteras?… Hablando claro: en Europa se permite que los inmigrantes se quejen si no hay trabajo, pero no se permite que los europeos se quejen sobre el fenómeno de la inmigración.

 

4-Usted también niega el viejo tópico capitalista de que la inmigración añade más dinero a la economía del país de acogida. Asegura que esto es un argumento ingenuo, porque los ‘problemas sociales’ que acarrea la inmigración no sólo son muy caros, sino que además son permanentes.

-Cierto. Para un problema temporal como puede ser la falta de mano de obra barata, se presenta a la inmigración masiva como una solución permanente. Pero el problema no era permanente, sino temporal.

5-En Europa hay leyes que penalizan las actitudes racistas cuando, según usted, las estadísticas demuestran que más de la mitad de la población tiene una mala percepción del islam, algo que no ocurre con ninguna otra religión. Cito una frase de su libro: ‘La visión del europeo de a pie (del 88 por ciento de los alemanes, por ejemplo) era que los musulmanes quieren mantenerse distintos, pero no había política gubernamental en parte alguna que reflejase esa opinión’. Por otra parte, la diatriba contra el Islam europeo de Oriana Fallaci, titulada ‘La rabia y el orgullo’, se convirtió en el libro de no ficción más vendido en la historia de Italia, con más de un millón de ejemplares vendidos. ¿Cree que Europa es un continente hipócrita?

-No debemos de ser muy duros con la hipocresía. Todas las sociedades complejas viven en la hipocresía, porque a menudo es necesaria para soportar ciertos aspectos contradictorios de esa misma sociedad. A este respecto, Europa no es más hipócrita que otras sociedades. De todas formas, preocuparse por el fenómeno de la inmigración, preocuparse por el deseo de los musulmanes de conservar su diferencia cultural, preocuparse por las consecuencias que tendrá la llegada de más inmigrantes y, en definitiva, preocuparse por este tipo de cosas no es algo racista.

El libro de Fallaci es una excepción, porque su autora se calentó, fue demasiado vehemente, y en algunas partes parecía racista. Pero la popularidad de ese libro no implica que el lector italiano fuera racista. El ensayo de Fallaci fue publicado en un momento en el que el público occidental estaba aturdido y desorientado por culpa de los atentados del 11-S y ese mismo público estaba ávido de información sobre el islamismo radical. Por otra parte, las leyes que penalizan la falta de respeto hacia cualquier religión, así como las que sancionan la negación del Holocausto, han sido interpretadas por algunos individuos desde una perspectiva demasiado liberal. Con el tiempo, estas leyes se han extendido a otras áreas, como el sexismo o la homofobia, haciendo que sean usadas de un modo rutinario por aquellas personas que quieren intimidar a quienes no tengan un discurso políticamente correcto. En mi opinión, esas leyes son una grave amenaza para la libertad de expresión.

6-Usted dedica unos cuantos subcapítulos al tema de la inmigración musulmana en España. Habla del 11-M, de las pateras, de las vallas de Ceuta… Pero también reflexiona sobre la paradoja de la construcción: España invitó a muchos musulmanes a entrar en el país porque hacía falta mano de obra barata en el sector inmobiliario, cuando en verdad los edificios que se estaban construyendo buscaban satisfacer la necesidad de dar casas a los mismos inmigrantes. ¿No es un proceso absurdo?

-Debemos tener muy claro que España, en algunos aspectos, es una excepción dentro del patrón europeo. Considerando que la inmigración en el resto de países de la Unión Europea es, aproximadamente, mitad musulmana, en España la cifra es mucho menor, llegando a un cuarto. Y eso que el mundo musulmán está sólo a 12 kilómetros de Algeciras. El grueso de la inmigración en España proviene de Latinoamérica y de la Europa del Este. Se ha debatido mucho sobre los motivos de esta diferencia respecto a otros países de la Unión. El sociólogo Bernabé López García afirma que el gobierno español ha dado más facilidades a los sudamericanos que a los musulmanes, creando infraestructuras consulares que facilitaban los documentos y cosas así. En lo referente a la construcción, reitero la opinión que doy en el libro: si nos fijamos en los datos cuantitativos, los inmigrantes que trabajaban el ladrillo se estaban construyendo sus propias casas. No obstante, si lo miramos desde un punto de vista cualitativo, los españoles sacaron ajada de esto, porque ese boom inmobiliario hizo que se mudaran a casas nuevas, más grandes, más prestigiosas, mientras que los inmigrantes se quedaron con los pisos menos deseables.

7-La política de ‘immigration choisie’ defendida por Sarkozy y practicada por países como Canadá, ¿no esconde una forma de racismo?

-No. Actualmente todos los países tienen sistemas para favorecer una inmigración profesionalmente cualificada frente a otra de mano de obra barata. Por ejemplo, se da prioridad a los ingenieros informáticos antes que a los trabajadores del campo. El criterio para aceptar a esos inmigrantes cualificados tiene que ver con sus credenciales laborales,no con su procedencia o raza. Ahora, la ‘immigration choisie’ está empezando a ser vista como una forma de racismo, porque favorece a los países que producen muchos profesionales altamente cualificados (por ejemplo, el este asiático y el continente indio), frente a los que no los producen (como el África subsahariana o el mundo musulmán). Los dos aspectos más importantes de la ‘immigration choisie’ son: uno, cada país compite por el mismo tipo de inmigrantes y las evidencias respecto a lo ocurrido durante la década pasada demuestran que esos inmigrantes acaban formando parte de las economías más innovadoras y dinámicas. A este respecto, Estados Unidos y Canadá han sabido captar a los inmigrantes más preparados. Y dos: aunque un país necesite ingenieros informáticos y físicos cuánticos, también necesita conductores de autobús, conserjes y recolectores de mandarinas. Siempre existe un mercado laboral para todo tipo de trabajadores.

8-Algunas tesis de su libro hacen pensar que es usted muy negativo con el fenómeno de la inmigración. Por ejemplo: ‘Dar cabida a más grupos étnicos no significa sumar lo que Europa ya tiene. Significa alterar lo que Europa ya tiene’. Otro ejemplo: usted compara, aun cuando sea tangencialmente, el modo en que los nazis esclavizaron a los presos para ponerlos a trabajar en la industria y el modo en que los gobiernos europeos invitaron a los inmigrantes para luego, cuando ya no hacían falta como mano de obra, expulsarlos. ¿No considera que este tipo de afirmaciones son muy ofensivas?

-En general no tengo una visión negativa de la inmigración. Creo que ha sido una bendición para mi propio país, tanto en el pasado como en las últimas décadas. Pero creo que Europa no está haciéndolo bien. Yo digo que la inmigración cambiará Europa porque creo que el ‘multiculturalismo’ es una ficción. Nadie puede vivir dos culturas en una. Si vives en una cultura en la que cada noche puedes elegir entre varios restaurantes étnicos, no estás viviendo en una cultural en la cual las familias cenen juntas cada noche. En cuanto a la comparación con los nazis y los esclavos, diré que no hago una comparación moral con la situación actual. Sólo puntualizo que aquella fue la migración masiva por motivos laborales más parecida, en cuanto a cantidad, a la actual. Pero no lo comparo a un nivel moral.

9-Algunos periodistas le han acusado de islamófobo, de fomentar la ‘cultura del miedo’ y de mantener una ‘posición pesimista’ ante el fenómeno de la inmigración europea. Sin duda, usted era consciente de que su libro traería polémica, pero ¿considera exageradas las acusaciones?

-Mi libro no es islamófobo, aun cuando algunos críticos árabes lo hayan leído así. Lo que hace que Europa digiera con tanta dificultad la cultura islámica son las posiciones tan fuertes que los musulmanes tienen respecto a su propia forma de vida. Los musulmanes tienen actitudes que los europeos erradicaron de su continente hace muchos años. La única religión con la que mi libro no es respetuosa es el multiculturalismo.

10-Usted recoge unas palabras del sociólogo sirio-alemán Bassam Tibi sobre la posibilidad de que nazca un euroislamismo: ‘El problema no es si la mayoría de los europeos son islámicos, sino más bien qué islam –el de la sharia o el euroislam- dominará en Europa’. ¿Cree que Europa acabará siendo Euroislam?

-Cuando Tibi [Bassam Tibi, es un profesor de la Universidad Göttingen que con frecuencia ha advertido que «O el islam se europeíza, o Europa se islamiza» ha renunciado personalmente al continente. Recientemente anunciaba que abandona Alemania tras 44 años de residencia allí, para mudarse a la Universidad de Cornell en Estados Unidos]dice ‘qué islam (…) dominará Europa’, se refiere a que uno de los dos tipos de islamismo será el predominante entre los musulmanes afincados en Europa, lo cual no quiere decir que el islam vaya a ‘invadir’ Europa. Tampoco yo digo eso. Pero seamos claro respecto a un punto: una religión es una medio de fuerza. Las religiones generas más reflexiones morales que todo el conjunto de normas de un país. Un estudio reciente sobre inmigración de la Oficina Federal de Migración y Refugiados del gobierno alemán demostró que el 87 por ciento de los musulmanes-alemanes se describían a sí mismos como muy o algo religiosos; el 81 por ciento seguía las leyes alimenticias del Islam y el 31 por ciento de las mujeres usaba velo. Mientras esto sea cierto, el peso cultural del Islam en Alemania crecerá, independientemente de que lo haga el nivel demográfico.

http://alianzacivilizaciones.blogspot.com/2010/05/la-revolucion-europea-como-el-islam-ha.html

 
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