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| jueves febrero 22, 2024

El problema de la Primavera Árabe para Israel


David Ignatius

11.7.2012

Washington Post

No importa lo que pueda decirse sobre las revueltas en el mundo árabe porque, sin duda, representan un problema para Israel. Pero ¿Hasta dónde eso es grave y qué debe hacer el gobierno israelí para enfrentar esos riesgos?

La semana pasada escuché algunas entrevistas interesantes (no especialmente estimulantes) sobre el tema, de parte de fuentes destacadas del gobierno. La mayoría de los funcionarios sostienen que las relaciones con los árabes se irán, poco a poco, deteriorando, quizás durante las próximas décadas, antes que la democracia logre, de verdad, enraizarse y el público árabe esté dispuesto a aceptar al Estado judío.

El desafío, desde el punto de vista de Israel es cómo abstenerse – a la par de defenderse-  del agravamiento de la opinión pública árabe, importante nuevo factor. Las futuras desgracias se revelan en la elección de Mohammed Mursi, líder por parte de Los Hermanos Musulmanes, para la presidencia de Egipto. A partir de su ascenso, el primer Ministro, Binyamin Netanyahu,  envió un mensaje cauto en el que expresa su esperanza que, las relaciones Israel-Egipto, mantengan el estilo de  cooperación e  interés común. El mensaje esconde los temores israelíes.  Netanyahu teme, en el largo plazo,  el desgaste de las relaciones y pretende – si es posible-  retrasar el proceso, disponiéndose a potenciales problemas. Se dice que Netanyahu ve la disposición como una especie de cierre de cortinados antes del estallido de la tormenta.  La principal prueba será, en Gaza, en donde la conducción militante de Hamas es aliada de los Hermanos Musulmanes. Netanyahu intentó moderar las crisis sucedidas  pero, si los disparos de misiles aumentan, ello podría provocar la dura acción militar israelí, lo que agravaría las relaciones con El Cairo.  Ephraim Halevy, ex jefe del Mossad, dice que Israel debe enfrentar la realidad y comenzar las conversaciones con Hamas. Otros  destacan la amenaza que crece en Gaza: Israel cuenta con información de inteligencia sobre combatientes activos en Gaza que intentaron adquirir misiles contra aviones en Libia y la Fuerza Aérea israelí trabaja con la hipótesis que, esos misiles, ya existen en Gaza además de otros de diferentes modelos.

La Península del Sinaí es una carga explosiva adicional. El amplio desierto se convierte en una zona sin ley en donde Al Qaeda y otras organizaciones terroristas intentan encontrar  un refugio. Los oficiales de inteligencia creen que la estrategia de esos extremistas es provocar el ataque israelí y  llevar al desmantelamiento del acuerdo de paz entre Israel y Egipto. No escuché una solución clara con respecto a cómo Israel puede reaccionar a los ataques,  sin caer en esa trampa. 

El enfriamiento de las relaciones Israel y Turquía, se agrega a los peligros de inestabilidad en Egipto, Libia y Siria. Netanyahu reaccionó buscando  nuevos aliados, entre ellos:

1-  El Arco Balcánico, basado en nuevas y cercanas relaciones con Grecia, Chipre,  Bulgaria, Rumania y Albania. Parte de esos países permiten a la Fuerza Aérea israelí entrenar en sus terrenos aéreos y  constituyen un sustituto a los cielos no amigables de Turquía.

2- Una alianza indirecta, aunque no verbal, con Arabia Saudita y otros países del Golfo Pérsico  contra Irán y contra el extremismo de los Hermanos Musulmanes. Los israelíes proponen un sustituto a Estados Unidos (no considerado como defensor leal para los conservadores países del Golfo).

3- Nuevas relaciones con los países de África, como Kenia, Uganda y la Costa de Marfil, preocupados porque la presencia del islam militante en el norte de África se extienda hacia el sur.

Los líderes israelíes saben que esas nuevas uniones, no importa cuán eficaces sean, no cambian la amenaza revelada en ese despertar árabe, que en la mayoría de los países fortaleció a los grupos islámicos extremos. Dentro del gobierno israelí tienen lugar una variedad de opiniones con respecto al agravamiento de los pronósticos negros, pero nadie hace uso de la amistosa expresión “Primavera Árabe”, tan popular en Occidente.

Entre los optimistas  se encuentra el Ministro de Defensa, Ehud Barak que  cree que,  Egipto y otras vecinos,  avanzarán en dirección al “modelo turco” de democracia islámica, que quizás sea fría  (aunque pragmática) con respecto a Israel. Barak piensa que Israel no puede  solo esperar  hasta que pase la tormenta. El proceso de cambio es inalterable y puede, al final de cuentas, ser positivo si, a partir de ello, las sociedades árabes maduran.

Funcionarios que conocen bien el mundo árabe sostienen pronósticos más sombríos. Piensan  que, por lo menos en los próximos años, cuando Mursi y otros líderes de Los Hermanos Musulmanes intenten tomar la comandancia,  se verán como colaboracionistas. Pero el corazón de la ideología de Los Hermanos es negativa hacia Israel y cualquier acuerdo será solo un paso táctico y no la voluntad real de paz.

La existencia de Israel, que nunca fue sencilla, se volvió compleja y menos certera. “Estamos  atravesando un enorme cambio histórico y no sabemos hacia dónde nos conducirá”, dice un funcionario.

Fuente: Jerusalem Center for Public Affairs

ATT: CIDIPAL

Difusion: www.porisrael.org

 
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