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| martes julio 16, 2024

La inestabilidad en Medio Oriente amenaza al régimen de los ayatolas en Irán


CIDIPAL

10.10.2012

El retraimiento de los sacudimientos en Medio Oriente puede engañar un poco. El hecho que, contrariamente a lo sucedido en el año 2011, no caigan – en la región ni en el norte de África- unos regímenes tras otros, como si fueran fichas de dominó, no demuestra que el movimiento árabe se haya frenado. Las tendencias continúan siendo dramáticas, graves y, en muchas ocasiones, sorprendentes. Muchos de los sucesos conllevan significativas derivaciones, directas e indirectas, sobre la situación de Israel en la región.

El ritmo de los sucesos, en un día cualquiera de la semana, el miércoles, puede representar un buen  testimonio: en la frontera norte de Siria se sucedieron verdaderas batallas entre los soldados de Bashar Assad y el ejército turco. Tras los disparos de las bombas hacia el territorio de Turquía, que provocaran la muerte de cinco turcos, Ankara respondió con un ataque propio sobre las bases del ejército sirio provocando la muerte de algunos soldados.

En Siria estallaron automóviles explosivos en Haleb y las FDI cerraron el Hermon, después que un grupo sospechoso sirio se acercara al cerco.  En Líbano murieron siete personas en un estallido misterioso a un depósito de armas de Hezbollah, pocos días después que un comandante destacado de la organización chiita muriera, en Siria,  en combates. Mientras tanto en Irán, estallaban manifestaciones violentas en el bazar de Teherán, en protesta por las derivaciones de las sanciones internacionales en la situación económica y con la exigencia que el régimen de los ayatolás dejen de invertir miles de millones en ayuda al gobierno de Assad en Siria.

La evaluación del sector de inteligencia de las FDI señala quen el año 2013, será el “de las batallas explosivas”. Por lo menos, cuatro batallas se llevan a cabo al mismo tiempo y pueden llegar a una definición en el año:

–           La crisis nuclear iraní

–           La guerra civil en Siria

–           La batalla por el nuevo estilo de gobierno en Egipto

–           La batalla más amplia por la imagen del mundo árabe. Esta  se divide en un sinfín de batallas secundarias: entre los viejos regímenes y la oposición; entre moderados y radicales; entre sunitas y chiitas.

Además, no queda para nada claro hacia dónde soplan los vientos en Cisjordania y si continuará el relativo silencio que sobrevuela en los últimos años.

La guerra civil en Siria, es el ejemplo más claro de la actual realidad. Todas las estimaciones anticipadas sobre la rápida caída del régimen de Assad, hasta el momento,  erraron. Las partes se ven como quien fuera arrastrado a un combate paralizante en el cual, hasta ahora, no hubo decisión mientras la violencia entre ellos se hace más cruenta y cruel de semana en semana.

Las evaluaciones de la mayoría de los organismos de inteligencia occidentales, permanece siendo la misma: el régimen de Assad colapsará.

Siria se divide, ahora, entre regiones con relativo control del régimen (partes centrales de Damasco y de la segunda ciudad clave, Haleb, la franja costera al norte, alawita en su mayoría), regiones bajo control de los organismos de oposición, grupos armados o minorías como los kurdos (norte y este del pais) y territorios abandonados, sin control real. En las regiones bajo control de la oposición, se practica la autonomía, ya no más sostenida en el gobierno central que proporcionan a los habitantes agua y electricidad hasta lo que les es posible y en algunos cruces de la región fronteriza con Turquía, incluso cobran impuestos.

Después del ataque rebelde en Damasco,  a principios de julio, en donde murieron algunos de los dirigentes de su gobierno, el Presidente Bashar Assad resolvió lo que los servicios de seguridad denominan “el ingreso”. Hasta ese momento, Assad llevaba a cabo una guerra en cada espacio, en el que su ejército se vio arrastrado debido a las largas líneas de roce con los rebeldes, a lo ancho y largo del país. Desde julio se focaliza en la defensa de los principales componentes del gobierno. Haleb le importa a Assad más que Homs. Damasco es más importante que Haleb.

Assad se comporta con mayor eficacia y (crueldad) de lo que era previsible suponer al principio y retrasa, por el momento, la victoria de sus rivales. A pesar que el Ejército Libre de Siria, el más grande y destacado de los organismos de la oposición, se convirtiera en una imagen de resistencia, parece que la organización no creó una masa crítica con fuerza para destituir, con rapidez,  a Assad del poder. Tampoco surge  una imagen del campo de los opositores,  con fuerza de tomar en sus manos las riendas del gobierno en Siria: uno de los sucesos que delinea la inteligencia –la caída gradual del país hacia la anarquía, en la que las instituciones del gobierno central continúan cayendo mientras agendas locales continúan gobernando- aparece  con una relativa  posibilidad mayor de concretarse.

Desde el punto de vista de Israel, a pesar de no reconocerlo en voz alta, surgen réditos de la situación existente. La amenaza de un ataque repentino, por parte del ejército sirio en las Alturas del Golán, que quitó el sueño a los comandantes de las FDI, cuatro décadas después de la Guerra de Iom Kipur, se esfumó. Cabe dudar si el ejército sirio es capaz de promover  cualquier ataque convencional que no sea una masacre indiscriminada. Pasarán muchos años hasta que los sirios recuperen su capacidad operativa. Por otro lado, la inestabilidad en Siria obliga a las FDI a una disposición operativa diferente y la comunidad de inteligencia israelí debe seguir tras los diferentes aspectos de los acontecimientos de su vecina al noreste. Poe ejemplo, la preocupación por la filtración de armas químicas de Siria a manos de Hezbollah o de organismos de la oposición sunita  vinculados a Al Qaeda.

Pero, Israel,  debe abrir los ojos y buscar misiles de largo alcance, misiles costa-mar de avanzada e innovadores sistemas explosivos, debido a que en Siria se acumulan los más grandes depósitos de armas de la región siendo ese el objetivo más difícil.

Una noticia publicada a fines de la semana pasada en “The Times” británico, despertó cierta inquietud en los medios israelíes. Según el informe, el líder espiritual de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, hierve contra el jefe de la Guardia Revolucionaria, Kassam Soleimani, dado que no cumplió su promesa que, la enorme ayuda iraní a Siria, daría vuelta el plato y llevaría a la victoria de Assad. Irán, dice Times, ya invirtió diez mil millones de dólares en la lucha frustrada del dictador sirio y en la cúpula de Teherán se produjo un verdadero quiebre alrededor de la decepción por el resultado en Siria.

La noticia no es, en apariencia, exacta. Irán aún se encuentra inmerso en Siria y continuará invirtiendo en la ayuda a Assad. Tampoco se sabe sobre el quiebre entre Khamenei y Soleimani. Pero el derramamiento de sangre continuo en Damasco no augura buenas noticias para el régimen de los ayatolás, mientras aún enfrentan las desgracias domésticas. El Presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad reconoció, en la semana de forma inusual, que los enemigos del régimen iraní tuvieron un cierto triunfo dado que, las sanciones, agravaron la situación económica de su país.

Un día después del reconocimiento, se filtraron hacia Occidente las fotografías que dieron cuenta de la manifestación por el encarecimiento del costo de vida en el mercado de Teherán.

El optimista pronóstico del Canciller Avigdor Lieberman, que el régimen de Irán caerá en menos de un año, en vías a las elecciones a la presidencia en junio 2013, no se basa en material de inteligencia pero no cabe duda que las cosas comienzan a moverse. Una devaluación del 30% del valor del real iraní en pocos días no es algo normal. Esto sin contar que Estados Unidos y la Unión Europea se disponen a una nueva ola de sanciones en vísperas de fin de año.

“Irán en 2013, es una historia abierta”, dice una destacada fuente de información de Israel en el marco de los sucesos de las últimas semanas en Teherán. “La influencia de las sanciones es conocida y significativa. Son sentidas por los ciudadanos y atemorizan al régimen, pero hasta ahora no desviaron a la conducción iraní de su rumbo nuclear. El próximo año, los iraníes deberán decidir si continuar avanzando hacia la bomba, intentar ir hacia adelante y determinar evidencias en el terreno, o llegar a alguna negociación con las potencias, que les permita solo un enriquecimiento parcial del uranio”.

La oposición iraní,  brutalmente pisoteada por las autoridades durante la frustrada “revolución verde”, tras las últimas elecciones a la presidencia en junio 2009, no logró reconstruirse hasta ahora. Muchos de los opositores al régimen fueron derivados a las cárceles, torturados y algunos asesinados. A pesar de la ira creciente contra el régimen, por el agravamiento de la situación económica, los movimientos políticos organizados no salen de su escondite y no rompieron la barrera del miedo.

Pero sobre la preocupación del régimen dieron cuenta algunos de los pasos dados por el líder Khamenei y su gente, que lindan con el pánico. Hace poco  fue detenido, durante seis meses,  uno de los asesores de comunicación de Ahmadinejad,  debido a animarse a dirigir su crítica contra Khamenei y la Directora de Reuters en Irán, Parisa Hafezi, fue acusada en un Tribunal por la publicación de mentiras y propaganda. En los últimos meses, fueron detenidas decenas de personas acusadas de actuar contra el gobierno de  Irán e intentar organizar una revuelta.

La histeria del régimen tiene buenas razones de ser. La difícil situación económica, la flaqueza del gobierno, la obstinación en continuar el proyecto nuclear, las enormes inversiones en Siria y Hezbollah mientras el índice de pobreza y desempleo en Irán continúan subiendo  (todo puede convertirse en terreno fértil a los nuevos movimientos de protesta, incluso más grandes que los anteriores de hace cuatro años).

En los últimos dos años, los iraníes vieron no pocos ejemplos en los países vecinos del mundo árabe sobre la capacidad de las multitudes de provocar un cambio. Pareciera que la protección del régimen sirio es importante para los ayatolás, no solo debido a su necesidad de reforzar el eje contra Occidente e Israel. La destitución de Assad será un mensaje al público en Irán, que también en su país el cambio es posible a pesar de la dificultad y la agresiva represión por parte del régimen.

 
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