Por Israel
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| domingo agosto 7, 2022

De Arik a Arik, no habrá otro como Arik


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Se fueron casi juntos, el de las canciones y el de las batallas, el de la izquierda y el de la derecha, el que parecía no tenerle miedo a nada, y el que no se sentía cómodo frente al público. Dos grandes, dos esenciales en la historia del moderno Estado de Israel.

A simple vista no parecen ser personalidades comparables, pero como siempre en nuestra historia, todo tiene relación y todo se engarza en la misma pieza.

Arik, Ariel, el de las armas y la política, nació en el Mandato Británico de Palestina igual que Arik, Arieh, el de las melodías y la actuación. Y así, vieron ambos nacer a Israel, uno desde el campo de batalla para defender al incipiente estado y el otro desde una infancia que se sostuvo gracias al coraje y determinación de los luchadores de la guerra de la independencia. La infancia de Sharon fue más corta, A los 14 años ya revestía en las filas de la Haganá, y ayudó a convertir el Mandato en retirada Británica

Dos leones que curiosamente obtuvieron su sobrenombre vestidos de uniforme. Einstein fue Arik a su paso por el Grupo de Entretenimiento del Ejército como Sharon se volvió el «León de Di-s» en la guerra de Yom Kipur.

Para ese entonces el de las letras bellas y la voz profunda, ya había editado 8 o 9 discos y se disponía a dar a luz «La antigua y buena Israel» un trabajo nostálgico sobre un país que acababa de sufrir un golpe profundo y se encaminaba inexorablemente a una mutación social, política y cultural.

Arik, el comandante que guió a la victoria al ejercito en el Sinaí de 1967, uno de los factores determinantes de aquellos «6 días», enfrentaba a sus viejos enemigos en una pelea por la supervivencia del país que ayudó a formar.

Así es Israel… De derecha o de izquierda, la vida de cada uno de ellos estuvo ligada a la del otro.

Y llegó el 82. Un accidente vial de Einstein lo dejó seriamente herido a él y su mujer, y en el mismo perdió la vida un amigo. Si lentamente Arik se alejaba del contacto público, a partir de allí su dificultad para enfrentar audiencias nos dejó sin recitales, pero llenos de su creatividad.

El otro, a esa altura ministro de defensa, guió la «Guerra del Líbano» contra los terroristas que desde el sur de ese país, hostigaban a la población civil del norte israelí.

Sabra y Chatila, la investigación y el despido. No puedo avanzar sin decir algo incómodo. Respeto a quienes investigaron, sus conclusiones y el desenlace. Me enorgullece que Israel forme una comisión de evaluación de sus actos, y que ningún ciudadano, prócer o barrendero estén exentos del castigo. Pero para el mundo, que de hipócritas está sembrado y obtiene cosechas monumentales, fue más sencillo tildar de carnicero a un israelí que desde su adolescencia se jugó la vida por su pueblo, que proclamar que «Los cristianos masacraron a los musulmanes, en una guerra civil que a nadie pareció ni parece importarle».

La omisión en la responsabilidad debe ser castigada, y Sharon recibió su condena, pero nadie, o pocos, agradecieron a Israel cuando los cristianos del Líbano buscaron refugio en su territorio. No los defendieron ni el Papa, ni los obispos, ni siquiera los gobiernos que exigen una moral de Israel que ellos ni tienen ni quieren.

Los dos eran laicos, seculares y a ambos la vida los llevó a través de sus hijos en un caso y de su hermana en el otro, al mundo religioso.

El mismo arma que defendió a Israel empuñada con valor, le quitó a Sharon un hijo, Gur, y un accidente de autos le había quitado a su primer mujer. Como con el amigo de Einstein, las rutas de Israel parecen llevar más angustia a los hogares que las mismas guerras.

Dos Israelíes notables, determinantes de la composición particular del Sabra. Coraje y Dulzura, aspereza y belleza, capacidad para absorber los golpes y creatividad para diseñar el futuro.. Eterna contradicción de un pueblo que con la misma fuerza se defiende con fiereza y cultiva sus campos y sus almas.

No se puede sino amar a Arik Einstein y se puede en la misma proporción amar u odiar a Arik Sharon. Lo que no se puede es ser desagradecido.

La discusión es larga, y a partir de ahora eterna. Aciertos y errores para el Sharon del Monte del Templo, los asentamientos y la retirada unilateral de Gaza. En definitiva, la vida militar y política de uno de los últimos próceres de Israel. Para juzgar hay que estar en los pantalones de quién se levanta cada mañana sabiendo que si se equivoca, alguien o todos mueren. Y a propósito, la mayoría en esos pantalones solo se haría encima…

La muerte batalló con Sharon muchos años, y como en su carrera militar, no fue fácil doblegarlo.

La muerte sorprendió a Einstein en minutos, y como en su carrera artística lo encontró rodeado de amigos.

Dieron lo que tenían para su país y su pueblo, son la sangre que fluye por el interior del estado judío, la misma sangre que se derramó en sus cuerpos sin poder contenerla, y nos dejó pensando en como seguir. El espíritu de Sharon vivirá en cada guerrero que arriesga y sacrifica su vida, y el de Einstein, en los artistas que siempre crearán una «canción para después de la guerra».

 
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