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| martes abril 16, 2024

Lo que dice el viento


Dauwd Benjamín, un judío de Damasco que se dedicaba al martelado del cobre, la confección lámparas y candelabros en miniatura, quedó húerfano de padre a edad temprana.

Como su madre se volviera a casar y él no se llevaba bien con el padrastro que le tocó en suerte, se fue a vivir a la casa de sus abuelos, en el corazón del barrio hebreo de la ciudad vieja de Damasco.

Un día de mucha tristeza le dijo a su abuelo:

-La ausencia de mi padre es como un agujero en mi pecho: pasa el viento con su recuerdo y me llena de una nostalgia fría las entrañas.

-Es un gran charlatán, el viento-respondió el abuelo, que en su juventud había viajado mucho entre Homs y Alepo vendiendo cuentas de ámbar y perfumes baratos.

-¿En serio?

-Claro que sí, Dauwd-, y no dice lo mismo en todas las esquinas que dobla, ni en el desierto o en los oasis de Tamr. Según sea el momento en que oigas su voz dice agujero o dice libre, dice Espíritu o dice madriguera.(1)

Impresionado por la extraña concepción que del viento tenía su abuelo Omri, el padre de su madre, Dauwd Benjamin meditó la noche entera acerca del significado de sus palabras, las cuales  habían mitigado parte de la nostalgia que sentía.

Dos días después, aprovechando que soplaba un viento respetable y el color del mediodía anunciaba un descanso, volvió a tocar el tema delante del anciano.

-Me dijiste que el viento dice algo distinto según sea el momento en que lo oyes.¿Podrías explicármelo un poco mejor, abuelo?

El viejo Omri tomó su libro de oraciones gastado, un bastón de madera de cerezo y decidió  hacerse invitar  por  su nieto a comer a la taberna que llamaban El bebedor de sueños, propiedad de Abdala Nur, un amigo  de la infancia consagrado al Unico, el Alláh de sus búsquedas. La taberna apestaba a tabaco,  sopa de lentejas y pan recién horneado. Comieron en silencio sin que el anciano dejara de sonreír.

Un rato más tarde, en las afueras de la ciudad y en una encrucijada de caminos solitarios, oyeron el paso  del viento. Ululaba, silbaba, cantaba con voz aguda una canción sin destino.

El viejo alzó su bastón y escribió en el polvo una palabra hebrea que  Dauwd leyó con dificultad.

Rúaj-dijo el nieto.-Espíritu y viento.

-Así es, aunque también puedes leerla al revés-agregó el abuelo-, en cuyo caso tendrás jur, agujero, hueco o madriguera. ¡El viento sabe detenerse y volver sobre sus pasos, sabe cuándo ocultarse y cuándo salir de sus cuevas!

Apoyándose en su nieto,  mirando a derecha e izquierda con el temor de  que algún desconocido los estuviese espiando, el anciano agregó en voz baja:

-Es un gran charlatán el viento. Puede llenarte el pecho de nostalgias o puede inspirarte poemas de amor. Más aún, y si lo oyes con verdadera atención, verás cómo rebaja ( 2 ) el dolor y aumenta la inspiración. Cuando eso ocurre el lugar de la nostalgia se colma de una dulce presencia. Entonces,  Aquel que nunca se aleja de ti llega a ser tú mismo.

Mario Satz

 

( 1) No es por azar que la palabra hebrea rúaj , (  axUr ) Espíritu y viento a la vez, si se lee al revés de jur ( rUx ), hueco, vacío, madriguera. ¡Nos anima y da vida el Espíritu porque tenemos agujeros-las pupilas, los esfínteres, las fosas nasales-que  él  dilata y contrae, contrae y dilata!

(2 ) Idéntica raíz  pero con distinta notación vocálica da la palabra  révaj  ( xaWer ), redención, rebaja y beneficio.

 
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