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| miércoles febrero 26, 2020
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Claves para comprender el antisemitismo estadounidense y luchar contra él


Los dos últimos festivales que se agregaron al calendario judío antes de los tiempos modernos, Purim y Januca, tratan sobre el antisemitismo. Hay una diferencia obvia entre ellos: Amán, de la historia de Purim, quería matar judíos. Antíoco, de la historia de Januca, quería matar al judaísmo. Era la diferencia entre la Alemania nazi y el comunismo soviético.

Pero hay otra diferencia que ha renovado la relevancia después del horrible ataque con un cuchillo en Monsey, Nueva York. Lo que salvó a los judíos en Purim fue la influencia detrás de escena: la influencia de Esther en la corte real. Pero el peligro del antisemitismo se mantuvo. ¿Qué pasaría si volviera el odio y esta vez no hubiera una Esther cerca para salvar a los judíos? Esa es una razón, según el Talmud, por la que no decimos Hallel sobre Purim.

En Januca, por el contrario, los judíos se defendieron y ganaron. Los macabeos se convirtieron en un símbolo del activismo judío, de negarse a vivir con miedo. Como símbolo de esto, la costumbre original era encender las luces de Januca fuera de la puerta principal de la casa, o al menos en una ventana que daba a la calle, para dar a conocer el milagro. Hoy, vemos la iluminación de menorás gigantes en los lugares más públicos y más prominente de las ciudades de todo el mundo.

Januca nos dice que no debemos maldecir la oscuridad, sino por el contrario, debemos llevar luz al mundo. Nos dice que peleemos y que no tengamos miedo.

Los eventos impactantes en Monsey, junto con los de Jersey City, Poway, Pittsburgh y otros lugares, son prueba de que la oscuridad ha regresado. También ha regresado a prácticamente todos los países de Europa. Que esto debería haber sucedido en la memoria viva del Holocausto, después del intento más sistemático realizado por una civilización para encontrar una cura para el virus del odio más largo del mundo, más de medio siglo de educación sobre el Holocausto y legislación antirracista, es casi increíble. Es particularmente traumático que esto haya sucedido en los Estados Unidos, el país donde los judíos se sentían más en casa que en cualquier otro lugar de la Diáspora. ¿Por qué está sucediendo ahora?

Primero, por todo lo relacionado con Internet, teléfonos inteligentes, videos virales y, sobre todo, redes sociales. Estos tienen lo que se llama un “efecto desinhibidor”. Las personas muestran mucho más el odio cuando se comunican electrónicamente que cuando hablan cara a cara.

El ciberespacio ha demostrado ser la incubadora más efectiva de teorías de resentimiento, rencor y conspiración jamás inventada. El antisemitismo se nutre de las teorías de la conspiración, de las versiones de Libelo de Sangre y los Protocolos de los Sabios de Sión, actualizadas para el siglo XXI.

En segundo lugar, por la forma en que las personas se encuentran con estos fenómenos: a menudo solos, en la privacidad de su propio hogar. Esto les permite radicalizarse sin que nadie se dé cuenta de que está sucediendo. Una y otra vez, leemos de personas que llevan a cabo ataques horribles, mientras que aquellos que los conocen recuerdan no haber visto ninguna señal de advertencia de que tenían la intención de cometer ataques malvados.
El fenómeno más peligroso de nuestro tiempo es el ataque del “lobo solitario”, porque es muy difícil de predecir. Internet es particularmente peligroso para los solitarios, personas en quienes el proceso normal de socialización (aprender a vivir con otros que no son como nosotros) se ha roto.

Históricamente, sin embargo, el factor más importante en el surgimiento del antisemitismo es la sensación entre un grupo de que el mundo tal como es ahora no es como solía ser o debería ser.

La extrema izquierda no se ha recuperado del colapso global del comunismo y el socialismo como ideologías. De ahí el asalto a los judíos como capitalistas y libertarios.

La extrema derecha se siente amenazada por la composición cambiante de las sociedades occidentales, debido a la inmigración en una escala sin precedentes y las bajas tasas de natalidad entre la población nativa. De ahí los supremacistas blancos.

Muchos islamistas radicales están preocupados por disfunciones en el mundo musulmán. De ahí la aparición del antisionismo como el nuevo antisemitismo.

Estas preocupaciones no conducen, en sí mismas, al antisemitismo. Se debe agregar otro factor.

Cuando suceden cosas malas, la gente buena pregunta: “¿Qué hice mal?”. Ponen su casa en orden. Pero la gente mala pregunta: “¿Quién me hizo esto?”. Se consideran víctimas y buscan chivos expiatorios a los que culpar.

El chivo expiatorio elegido fue durante mucho tiempo los judíos. Eran los extraños arquetípicos. Durante mil años, fue la minoría no cristiana más prominente en Europa. Hoy, el estado de Israel es la presencia no musulmana más importante en el Medio Oriente. Es fácil culpar a los judíos porque son conspicuos, porque son una minoría y porque están allí.

El antisemitismo tiene poco que ver con los judíos: son su objeto, no su causa, y todo que ver con la disfunción en las comunidades que lo albergan.

El antisemitismo, o cualquier odio, se vuelve peligroso en cualquier sociedad cuando suceden tres cosas: cuando pasa de la periferia de la política a un partido dominante y su liderazgo; cuando el grupo ve que su popularidad entre el público en general no se ve perjudicada por ello; y cuando quienes se levantan y protestan son vilipendiados y maltratados por hacerlo.

Los tres factores existen en Gran Bretaña ahora. No debe permitirse que ocurra lo mismo en Estados Unidos.
¿Entonces, qué debemos hacer? La primera prioridad debe ser fortalecer la seguridad en los lugares judíos, intensificar las patrullas policiales y desarrollar hábitos de vigilancia. La comunidad judía británica tiene un buen ejemplo en su Community Security Trust que, con el apoyo de subvenciones del gobierno, supervisa los riesgos, recluta a miles de voluntarios para cumplir con los deberes de seguridad y trabaja en estrecha colaboración con el gobierno y las fuerzas policiales locales. Los “lobos solitarios” tienden a buscar objetivos blandos, y la comunidad judía debe asegurarse, en la medida de lo posible, de que no haya objetivos blandos.

Luego, debemos reconocer que si bien tenemos enemigos, también tenemos amigos, y son muchos y fuertes. En Gran Bretaña, al enfrentarnos a un líder de la oposición que muchos de nosotros sentimos que hizo de su partido un refugio seguro para los antisionistas y antisemitas y fue enormemente importante que los no judíos de todos los ámbitos de la vida salieran en nuestro apoyo. Nos hizo sentir que no estábamos solos.

Muchas encuestas en los Estados Unidos han demostrado que los judíos son las minorías más admiradas. No podemos luchar solos contra el antisemitismo. La víctima no puede curar el crimen. Necesitamos hacernos de amigos que nos apoyen y ayuden a liderar la lucha. Esto se hace mejor al explicar cómo el antisemitismo pone en peligro a todos, porque el odio que comienza con los judíos nunca termina con los judíos.

Por último, nunca debemos olvidar el mensaje de Januca: Defiéndete. Nunca tengas miedo. Cualesquiera que sean las amenazas, siéntete orgulloso de ser judío y comparte este orgullo con otros.

A veces nuestra historia ha sido escrita con lágrimas; sin embargo, hemos sobrevivido a todos los imperios y civilizaciones que intentaron destruirnos. Nuestro espíritu, simbolizado por las velas de Januca, es indomable. Donde otros esparcen oscuridad, traigamos luz.

El Rabino Lord Jonathan Sacks es un líder mundial de fe, filósofo y autor de más de 30 libros, que se desempeñó como rabino jefe del Reino Unido y la Commonwealth desde 1991 hasta 2013.

Traducido por Alicia Weiss para Radio Jai

 
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