Por Israel
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| sábado septiembre 25, 2021

La islamización de Francia: Sarah Halimi


La Corte de Casación de Francia, el tribunal de apelación más alto de toda la estructura jurídica francesa, ha dictaminado esta semana que el musulmán que mató a Sarah Halimi, una mujer de la colectividad judía, el 4 de abril del año 2017 en un brutal homicidio con motivación antisemita, no puede ser juzgado porque estaba en un estado de delirio mental agudo provocado por su consumo de cannabis y no será condenado a prisión.

Kobili Traoré, un refugiado de Malí que estaba metido en el narcotráfico, admitió el asesinato. Según la investigación, el inmigrante africano golpeó a Sarah Halimi, de 65 años, antes de tirarla por la ventana de su departamento en París gritando «Allahu akbar» y celebrando diciendo «maté a la demonio».

No se pudo determinar bien por qué este sujeto estaba en el edificio, pero Halimi era la única judía en todo el complejo y Traoré tenía un familiar viviendo allí o en el edificio de al lado. Según el peritaje, Traoré trepó por el balcón de Sarah luego de una discusión con su familiar.

El manejo de este asesinato ha sido un punto de inflexión para muchos judíos franceses, quienes subrayan el fracaso rotundo del Estado francés protegiendo a la comunidad de la judeofobia, en particular con su política de inmigración descontrolada y la justicia sesgada en su contra.

El grupo que reúne a las comunidades judías francesas, conocido como CRIF, calificó la sentencia como un “grave error judicial”. El fundador de la Oficina Nacional de Vigilancia contra el Antisemitismo, un organismo de vigilancia comunal, dijo que “ya no tengo plena confianza en que los delitos de odio antisemita en Francia se manejen de manera adecuada”.

El hecho recibió el repudio también dela comunidad judía internacional. “Sarah Halimi fue asesinada por motivaciones claramente antisemitas, por la única razón de que era judía”, dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores del Estado de Israel, Lior Hayat, al Times of Israel.

“Fue un asesinato despreciable que no sólo perjudicó a la propia víctima y a su familia, sino también a la sensación de seguridad de toda la comunidad judía. La forma de enfrentarse al antisemitismo es a través de la educación, la tolerancia cero y un fuerte castigo”, continuó Hayat, y agregó: “Este no es el mensaje que transmite la sentencia del tribunal”.

La familia Halimi está buscando apelar con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ya que agotó todas las instancias posibles en Francia. La familia de la víctima entiende que la justicia local tiene más compasión por un terrorista drogadicto que por una mujer de 65 años molida a golpes, asesinada y tirada por un balcón solo por su ascendencia.

Por su parte, el presidente Emmanuel Macron, gran responsable de la política de inmigración masiva en Francia, expresó su descontento con el resultado del juicio. De todo modos, con el descontento no alcanza.

Sin lugar a dudas gracias a las políticas globalistas Francia se convirtió en una nación enferma, hogar de terroristas, un lugar donde la ley está más cerca de la Shaaria islámica que de la histórica Constitución Nacional.

Lo que ayer fue la imponente Francia, con su «Libertad, Igualdad y Fraternidad», hoy es una tierra donde el yihad sale impune, donde el radicalismo islámico ha podido hacer base, y donde no se criminalizan los asesinatos religiosos cuando son hechos por refugiados africanos.

El radicalismo islámico enseña que hay dos tipos de tierras en el mundo: Dar el Islam («Casa del Islam») y Dar el Jareb («Casa de la Espada»).

La primera hace referencia a los países islámicos o que en algún momento fueron islámicos, y la segunda hace referencia al resto del mundo que todavía, según ellos, no conquistaron.

El caso de Sarah Halimi no es un homicidio más, sino por el contrario, es producto de un adoctrinamiento de odio sistémico contra todo lo que sea distinto al Islam, un odio que tiene 1.500 años de existencia y que ahora es promovido por las pseudo-democracias liberales de Occidente.

Como escribe José Javier Esparza sobre el terrorismo que se vive en Europa en las últimas décadas: «no todos los árabes son terroristas, pero todos los terroristas son árabes». El antisemitismo se ha convertido en moneda corriente en Francia, la política progresista oficialista todavía no entiende que el terrorismo no se debate, se combate.

Cortesia de Semanariohebreojai.com

 
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