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| martes mayo 4, 2021
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Human Rights Watch (HRW): un informe mendaz y peligroso


Omar Shakir

Imaginemos por un momento que un funcionario iraní escribe un informe condenatorio sobre los derechos humanos en Suecia, o que un norteamericano de extrema derecha escribe sobre el Partido Demócrata de su país. ¿Alguien se lo tomaría en serio?

Ahora bien, se espera que lo hagamos con Umbral traspasado (A threshold crossed), un nuevo informe crítico con Israel escrito por Omar Shakir, responsable del área israelo-palestina de Human Rights Watch (HRW).

Shakir es un provocador pendenciero que lleva más de una década haciendo campaña contra el derecho de Israel a existir. De hecho, vivió en Israel hasta que la Corte Suprema le retiró el permiso de residencia luego de que se supiera el alcance de sus acciones contra la mera existencia del Estado judío. Asimismo, se le denegó la entrada en Baréin cuando quiso acudir a una conferencia de la FIFA con el solo objetivo de persuadir a dicha organización de que boicoteara a la selección nacional israelí de fútbol.

El odio abismal de Shakir hacia Israel es notable incluso cuando se lo compara con la hostilidad habitual de otras entidades que se presentan como organizaciones de derechos humanos.

Ya en 2010, Shakir urgía a los palestinos a dejar de lado el derecho de autodeterminación y adoptar en su lugar la terminología del apartheid y los derechos universales, para hacer del Estado binacional una realidad. En 2015 firmó una petición que se oponía a una visita a Israel de un grupo de musulmanes que se suponía iban a ser invitados por el Instituto Hartman de Jerusalén.

Ni que decir tiene que Shakir es un ferviente partidario del movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), cuyos líderes no tratan de disimular el hecho de que trabajan no para la paz sino para la erradicación de Israel.

Con este fenomenal bagaje antiisraelí, en 2016 HRW contrató a Shakir para que hiciera más de lo mismo.

Este nuevo informe de Shakir es pura ficción. Es la misma, cansina soflama política que lleva años aventando. Ya publicó uno parecido en diciembre de 2019, también para HWR, organización que publicó otro documento el año pasado que llevó a Hamás (¡sí, a Hamás!) a enviarle un mensaje de felicitación. Qué sorpresa.

Las posiciones de Shakir y su organización son respaldadas por una coalición que va desde Irán, Hezbolá y Hamás hasta organizaciones de derechos humanos que se han convertido en brazos propagandísticos de turbios grupos.

Cómo será, que las más duras críticas contra HRW las ha lanzado nada menos que su fundador, Robert Bernstein, que ya en 2009 publicó en el New York Times una pieza en la que se leía:

Human Rights Watch ha perdido la perspectiva crítica en un conflicto en el que Israel es atacado repetidamente por Hamás y Hezbolá, organizaciones que van a por los ciudadanos israelíes y usan a su propia gente como escudos humanos.

En justicia, uno debería atender no sólo al autor y a la organización que está detrás del informe, sino al informe mismo. El problema es que no es verdaderamente un informe, sino una vasta recopilación de material antiisraelí procedente de las organizaciones a las que apoya Shakir. Así, en sus 200 páginas HaMoked es mencionada 62 veces, Adalah 77, Gisha 92 y B’Tselem 151. Pero la palma se la lleva el diario Haaretz, al que se le cita la colosal cifra de 190 veces.

En realidad, Shakir no contrasta ni investiga por su cuenta, y el concepto de imparcialidad ni lo tiene en cuenta. Acude a las publicaciones antiisraelíes que pretenden ser objetivamente críticas y recopila todo lo que coincida con su hostilidad preestablecida. El producto lo fijó de antemano.

Aún peor: Shakir no se molesta en ocultar que lo que hace es socavar la legitimidad de la autodeterminación del pueblo judío. Por eso el informe carga desde el principio contra la Ley de Retorno. Por supuesto, Shakir omite que en su Plan de Partición de 1947 la ONU estipuló que Israel sería un “Estado judío”, y la Ley de Retorno es la expresión natural de esa decisión.

De acuerdo con el informe de HRW, la prevención de la inmigración palestina postnupcial a Israel es otra manifestación del apartheid. ¿Puede Shakir citar un país democrático que permita la inmigración postnupcial desde una entidad hostil? Por supuesto que no.

Es más: es el propio Shakir el que practica el apartheid, dado que aplica un rasero a Israel y otro al resto del mundo.

El informe también se ocupa de Gaza, y como no podía ser de otra forma menciona su bloqueo en decenas de ocasiones. ¿Cuál es el problema? Bien, no se dice una sola palabra de las repetidas propuestas que han recibido los gobernantes de la Franja por parte de la comunidad internacional, sobre todo del Cuarteto para Oriente Medio, para el levantamiento del cerco a cambio de que aquellos cumplan los acuerdos previamente suscritos por los palestinos. Tampoco se dice nada de las propuestas de la UE para rehabilitar el enclave y levantar el embargo a cambio de la desmilitarización del mismo.

Israel no buscó el bloqueo. Hamás se hizo con el control de Gaza en 2007 y la convirtió en una base yihadista, apoyada por Irán, en la lucha por la erradicación del Estado judío.

Israel se vio forzado a imponer el bloqueo para obstaculizar el suministro de misiles por parte de Irán y los ataques contra sus civiles.

Pero Shakir no permite que los hechos le distraigan; después de todo, el resultado lo fijó con antelación.

¿Son falsas todas las críticas contra Israel procedentes de las organizaciones de derechos humanos? Claro que no. Desde hace décadas hay un enconado debate en Israel sobre la cuestión palestina, en el que desempeñan un papel importante los informes de Paz Ahora sobre los asentamientos ilegales (outpost).

Israel no está exento de críticas. Pero no necesita que le sermoneen organizaciones hostiles como HRW. La crítica tan sesgada y hostil, por parte de alguien que niega la mera legitimidad de Israel, socava la crítica factual que se debería hacer, y que de hecho se hace.

Es importante recordar que Israel controla a los palestinos desde hace casi 54 años, principalmente, por la negativa de estos a aceptar una solución de dos Estados, pero esto no justifica la expansión de la industria de los outpost ni el fanatismo de un puñado de colonos. Ni la inacción israelí durante muchos años en la busca de una solución diplomática.

Aunque los informes de las organizaciones hostiles son verdaderamente un problema, lo es aún más que Israel se encamine hacia el Estado binacional, con o sin garantización de los derechos de los palestinos. Si se garantizan, Israel dejará de ser un Estado judío; si no se garantizan, se acabará convirtiendo en un Estado apartheid.

Hay que evitar ambos futuribles a toda costa.

Ningún informe, por hostil que sea, debería detener a Israel a la hora de tomar medidas unilaterales para asegurar su existencia como Estadio judío y democrático.

 
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