Por Israel
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| lunes octubre 25, 2021

LEJ LEJÁ 5782


B’H 

Génesis 12:1-17:27

Di-s habla con Avram, diciéndole «Vete de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré». Allí, dice Di-s, hará de Avram una gran nación. Avram y su mujer Sarai, acompañados por su sobrino Lot, viajan a la Tierra de Canaán, donde Avram construye un altar y continúa difundiendo el mensaje de Di-s.

La hambruna causa que el primer judío viaje a Egipto, donde la hermosa Sarai es llevada al palacio del Faraón; Avram se salva de la muerte porque se presentan como hermano y hermana. Una plaga evita que el rey egipcio toque a Sarai y ella lo convence de que debe devolverla a Avram y compensarlo con oro, plata y ganado.

De vuelta en la Tierra de Canaán, Lot se separa de Avram y se establece en la malvada ciudad de Sodoma, donde es capturado cuando el ejército de Quedarlaomer y sus tres aliados conquistan las cinco ciudades del Valle de Sodoma. Avram sale con una pequeña banda a rescatar a su sobrino, derrota a los cuatro reyes, y es bendecido por Malki-Tzedek el rey de Shalem (Jerusalén).

Di-s sella el Pacto Entre las Partes con Avram, donde el exilio y la persecución (Galut) del pueblo judío le son informados y la Tierra Santa es asignada a ellos como su herencia eterna.

Aún sin hijos diez años luego de su arribo a la Tierra, Sarai le dice a Avram que se case con su sirvienta Hagar. Hagar concibe, se vuelve insolente hacia su señora, y se escapa cuando Sarai la trata duramente; un ángel la convence de retornar y le dice que su hijo será el padre de una nación numerosa. Ishmael nace en el año 86 de la vida de Avram.

Trece años después, Di-s cambia el nombre de Avram por Avraham («padre de multitudes») y el de Sarai por Sara («princesa»), y promete que tendrán un hijo; de este hijo, a quien deben llamar Itzjak («se reirá»), surgirá la gran nación con la cual Di-s establecerá Su pacto especial. Avraham recibe la orden de circuncidarse a sí mismo y a sus descendientes como «una señal del pacto entre tú y Yo».

 

PEREGRINAJE Y REPOSO

Está escrito que todo lo que ocurrió con los Patriarcas es una señal para sus descendientes.

Abraham abandonó su casa paterna siguiendo el mandato de Di-s. Llegó a la tierra de Canaan, descendió a Egipto, volvió a la tierra de Canaan, hasta que, finalmente, se estableció en Hebrón.

Fueron años duros en los que debió luchar contra una sociedad corrupta, contra su propio sobrino, contra guerreros salvajes.

Y lo mismo ocurrió con sus descendientes: exilios, persecuciones, sociedades corruptas, pero, al igual que Abraham, seguimos adelante, conservando nuestra identidad. Ahora sólo nos queda esperar llegar al reposo definitivo en nuestra tierra.

 

Somos Uno

Por Tzvi Freeman

Algunas personas piensan en la gente como si fuesen autos en una carretera: Cada uno con su propio origen y destino, relacionándose con los demás solo para negociar cambios de carril y giros. Para los autos, la proximidad es peligro y la soledad es libertad… ¿Y para nosotros?

Las personas no son autos. Los seres vivos se necesitan, se fortalecen uno a otro, comparten sus destinos y los alcanzan juntos. Cuando estamos vivos, proximidad es calor, soledad es opresión.

La gente pertenece a las familias. Las familias establecen comunidades. Las comunidades constituyen la gran cantidad de gente colorida del mundo. Y toda esa gente conforma un cuerpo solo, magnífico, con una sola alma llamada humanidad.

Algunos dividen este cuerpo en seis mil millones de fragmentos y los enrollan nuevamente en una sola masa. Quisieran que cada persona haga lo suyo a su manera y al mismo tiempo se relacionara con cada individuo en el planeta. Ellos no ven diferencias entre las personas.

Pero somos como hojas extendidas de las ramitas que se ramifican de ramitas más grandes en las ramas de ramas más grandes hasta que alcanzamos el tronco y las raíces comunes a todos nosotros.

Cada uno tiene su lugar en este árbol de la vida, cada uno su fuente de fortaleza – y en esto confía el árbol para su misma supervivencia.

Ningunos de nosotros camina solo. Cada uno lleva las experiencias de antepasados dondequiera que vaya, junto con sus apuros, sus traumas, sus victorias, sus esperanzas y sus aspiraciones. Nuestros pensamientos crecen de sus pensamientos, nuestro destino se forma de sus metas. En el pico más alto al que conseguimos llegar, allí están ellos, sosteniendo nuestra mano, empujándonos hacia arriba, proporcionando los hombros sobre quienes estar parados. Y compartimos esos hombros, ese sentido, esa herencia con todos los hermanos y hermanas de nuestro pueblo.

Es por eso que nuestra propia gente es tan importante: Si deseamos estar en paz con cualquier otra persona en el mundo, debemos comenzar con nuestros propios hermanos y hermanas. Para eso debes encontrar la paz dentro de ti mismo. Y solamente cuando la encuentres, puedes ayudarnos a encontrar la paz para el mundo entero.

Cada judío es un hermano o hermana de una gran familia de muchos millares de años. Donde camina un judío, allí caminan sabios y mártires, héroes y heroínas, leyendas y milagros, todo el camino nos lleva de nuevo a Abraham y Sara, los primeros dos judíos que desafiaron el mundo entero con sus ideales.

Caminan con él los jirones, la sangre y la audacia de milenios, la herencia de los que vivieron, anhelaron y murieron por un Mundo por venir, un mundo a la manera que fue concebido para ser.

Su destino es nuestro destino. Se satisfacen en nosotros. En cada uno de nosotros y en todos nosotros juntos. Para nosotros es que somos uno.

Cuando un judío hace un acto de la amabilidad, todas nuestras manos se extienden con la suya. Si se cae un judío, todos nosotros tropezamos. Si uno sufre, todos sentimos dolor. Cuando uno se alegra, todos nos sentimos felices. En nuestra unidad encontraremos nuestro destino y nuestro destino es ser uno. Para nosotros somos un solo cuerpo, respirando con un solo sistema de pulmones, palpitando con un solo corazón, conduciendo en un solo sentido del bien.

Somos uno. Dejemos que sea con amor. (www.es.chabad.org)

 

 

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