Por Israel
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| sábado noviembre 27, 2021

TOLDOT 5782


B’H

Génesis 25:19-28:9

Itzjak se casa con Rivka. Luego de veinte años sin hijos, sus plegarias son respondidas y Rivka concibe. El embarazo es difícil, ya que “los niños se pelean dentro suyo”; Di-s le dice que tiene “dos naciones en su vientre”, y que su hijo menor prevalecerá por sobre el mayor.

Eisav sale primero. Iaakov nace tomando el talón de Eisav. Eisav crece para ser un “cazador, un hombre del campo”; Iaakov es un “hombre simple”, un habitante de las tiendas del estudio. Itzjak prefiere a Eisav, Rivka a Iaakov. Volviendo exhausto y hambriento del campo luego del día de caza, Eisav vende a Iaakov los méritos que le corresponden como primogénito por un guiso de lentejas rojas.

En Grar, en la tierra de los Filisteos, Itzjak presenta a Rivka como su hermana, por temor a ser asesinado por alguien que desee la belleza de Rivka. Trabaja la tierra, destapa los pozos que su padre Avraham cavó y cava una serie de nuevos pozos de agua: sobre los dos primeros hay una lucha contra los Filisteos, pero las aguas del tercer pozo son disfrutadas con tranquilidad.

Eisav se casa con dos mujeres Hititas. Itzjak envejece y queda ciego, y expresa su deseo de bendecir a Eisav antes de su muerte. Mientras Eisav sale a cazar para preparar la comida preferida de su padre, Rivka viste a Iaakov con la ropa de Eisav, cubre sus brazos con piel de cabra para simular a su velludo hermano, prepara un plato similar y envía a Iaakov hacia su padre. Iaakov recibe la bendición de su padre para recibir “el rocío del cielo y lo mejor de la tierra” y gobernar a su hermano. Cuando Eisav vuelve y el engaño es revelado, todo lo que Itzjak puede hacer por su hijo es predecir que vivirá por su espada y que, cuando Iaakov descienda, Eisav subirá.

Iaakov deja su casa hacia Jaran para escaparse de la ira de Eisav y para encontrar una esposa en la familia del hermano de su madre, Laban. Eisav se casa con una tercera mujer, Majlat, la hija de Ishmael.

 

CUANDO LA ENVIDIA AFLORA

Cuando Itzjak se estableció en la tierra de los filisteos fue recibido como un huésped honorable, recibiendo tierras para cultivar y apacentar sus rebaños. Todo marchaba muy bien, la relación con los vecinos era excelente, hasta que… había sequía en la tierra, pero la tierra de Itzjak daba frutos, daba cosechas abundantes. Y ahí todo cambió. Comenzaron las agresiones, las peleas y finalmente Itzjak tuvo que emigrar.

Esto ha sido una constante en la historia judía. Aun ahora lo vemos cuando estamos de regreso en nuestra tierra.

Al principio, cuando Israel era pantanos y desiertos, fuimos recibidos con los brazos abiertos por los árabes, quienes afirmaban “Damos la bienvenida a nuestros hermanos judíos que retornan a su tierra”. Pero los judíos comenzaron a trabajar duramente la tierra y los pantanos y desiertos se convirtieron en vergeles. Y la envidia comenzó a actuar. Ahora quieren expulsarnos nuevamente, pero no lo lograrán.

 

El hijo violento y el niño de mamá

Por Baruch Epstein

¿Cómo es que Iaakov y Eisav terminaron siendo tan diferentes? Mismos padres, misma crianza, la misma leche materna, y sin embargo, son drásticamente diferentes entre ellos.

De hecho, proveen una metáfora para la batalla interminable que reina en nosotros: El Divino Iaakov y su deseo de trascendencia versus el instinto Eisav, con su insaciable auto satisfacción.

Todos tenemos nuestros temas, nuestros lugares a los que preferimos no volver. Eisav nace pelirrojo y tan peludo como un adulto, y así quedó: Edom: rojo, intenso, impulsivo, violento. Desde el día de su nacimiento, se ve a sí mismo como una creación estática; y eso es lo que es, y eso es lo que será hasta muera. No ve otra razón para solucionar las cosas con su hermano, para dirigirse al “otro lado”. Él es simplemente Eisav.

Iaakov también nace con sus cosas. Tímido, ratón de biblioteca, el “niño de mamá”. Pero, está dispuesto a reconocer y a enfrentar a Eisav. Se viste con las vestimentas de Eisav, y le dice a su padre que él le va a cazar la carne. Iaakov lo mira a Eisav a los ojos.

Es tenebroso. ¿Puede uno vestirse como Eisav y sin embargo, no convertirse en Eisav?

Iaakov lo logra, impresionando a su padre lo suficiente como para asegurarse la bendición, y es dejado sólo, para hacer frente al nuevo ser que acaba de descubrir, a traerlo al mundo cruel y bruto que está fuera de la carpa, en donde Eisav está cómodo. Pasa años como un pastor en la casa de Laban. Prospera, a pesar de las dificultades en el camino. Eventualmente, se siente lo suficientemente poderoso para encontrarse con su hermano, aquél al cuál una vez temió.

Todos tenemos nuestros temas, nuestros lugares a los cuales preferimos no ir. La forma más fácil es dejar a los perros durmiendo, y dejarlos ser lo que son. Heridas descubiertas sólo parecen evocar sentimientos dolorosos. Pero, si no nos dirigimos a nuestros temas, simplemente van a la deriva. Si no hacemos frente a Eisav, nos convertimos en Eisav.

Y esa es la diferencia entre ellos. Iaakov y Eisav cada uno tiene “el otro lado”; Iaakov estaba dispuesto a reconocerlo y a lidiar con él, mientras que Eisav optó por ignorarlo.

Nosotros tenemos la elección. Como Shem le dijo a Rivka cuando estaba embarazada de los mellizos. “Dos fuerzas dominantes hay dentro de ti; cuando uno se eleva, el otro cae” (Comentario de Rashi, Génesis 25:23). Si elegimos mover el bote, podemos madurar con nuestras peleas y salir todavía más fuertes. Si barremos nuestras fuerzas opositoras dentro nuestro, debajo de la alfombra, se van a acumular y nos vamos a terminar tropezando.

Cuando vamos a donde más tememos, salimos del otro lado como “Israel”, hemos peleado y hemos ganado. Como el ángel derrotado le dice a Iaakov (Génesis, 32:29): “Tu nombre no será más Iaakov, sino Israel, porque tú has dominado el poder con el ángel de Di-s y con el hombre, y has prevalecido”.

Seamos Iaakov, no Eisav. (www.es.chabad.org)

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