Por Israel
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| miércoles diciembre 1, 2021

Israel suena cada vez más fuerte en Líbano

Cada vez hay más indicios de la voluntad libanesa de generar lazos comerciales con Israel. Hezbollah lo sabe, pero hace oídos sordos.


¿Qué falta para que Líbano caiga en una sangrienta guerra civil que termine con la Guardia Revolucionaria iraní tomando el poder? No mucho. Los iraníes nuevamente comienzan a acercarse al Líbano, a la espera de una oportunidad.

 

Quienes piensan que los asuntos de Estado se resuelven en el palacio presidencial o la oficina del primer ministro en Beirut, están equivocados. El verdadero poder libanés se gestiona en un modesto edificio que funciona como sede de Hezbollah. Su líder, el secretario general Hassan Nasrallah, reiteró que no tiene intención de apoderarse del Líbano. No tendría motivo para hacerlo: las llaves del Estado están sobre su mesa, y su organización dirige y gestiona en consulta con Teherán.

 

En la mañana del lunes una delegación de la Liga Árabe partió desde El Cairo hacia Beirut. Hossam Zaki, un diplomático refinado y con bastantes éxitos en el mundo árabe, encabeza una misión cuyas posibilidades de lograr una solución para Líbano son nulas. Incluso si logra hablar con las partes (sin Hezbollah, pero con ministros afines), se espera como mucho una declaración de intenciones que hable de la crisis sin precedentes que afronta el país.

 

No hay agua potable. Las tiendas de comestibles venden a precios récord, solamente para aquellos que pueden pagar, inclusive alimentos básicos como pan y queso. Ni hablar de la carne. En las grandes ciudades se ofrecen a la venta muebles, ropa y joyas, pero no hay compradores.

 

El mes pasado Benny Gantz, ministro de Defensa de Israel, ofreció ayuda israelí para la provisión de alimentos, medicinas y agua para los residentes libaneses. Aunque la propuesta no fue bien recibida, su voz continúa sonando. Cada vez más ciudadanos, empezando por Claudine Aoun, la hija del presidente y una figura pública importante, proponen buscar acuerdos de paz como los del Acuerdo Abraham.

 

Aoun fue silenciada por órdenes de arriba y su padre, el presidente, tartamudeó respuestas no vinculantes sobre el tema. Pero en las calles de Beirut, en donde cuelgan fotos de Nasrallah con una soga alrededor de su cuello, empiezan a ver al “enemigo sionista” con mayor naturalidad. En la televisión se perdió el miedo de mencionar a Israel y se habla sobre colaboraciones comerciales en un futuro.

 

Recientemente se conoció un hecho inusual que ocurrió hace diez días en la embajada libanesa en París: el embajador Rami Adwan convocó sorprendentemente a 50 libaneses e inmigrantes de segunda generación para pedir ayuda «tal como estamos pidiendo a todos los países del mundo». Para el embajador estaba claro que la impactante noticia llegaría a Jerusalem y plantearía preguntas.

Amos Hochstein, enviado estadounidense y asesor de Joe Biden, llegará a Israel para discutir la reanudación de las negociaciones con los libaneses sobre la disputa de la frontera marítima. Supuestamente se trata de una cuestión secundaria, pero en la práctica Hochstein actúa como un mediador entre los dos países y tiempo atrás declaró que esperaba lograr avances no solamente en relación a las fronteras marítimas.

Se trata de una más de las tantas señales que expresan la voluntad libanesa de conversar con Israel, a partir de un respaldo árabe y occidental cada vez más fuerte. Hezbollah escucha cada uno de estos llamados, pero guarda silencio.

 
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