Por Israel
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| martes diciembre 6, 2022

SHEMOT 5782


B’H

Éxodo 1:1-6:1

Los Hijos de Israel se multiplican en Egipto. Amenazado por la creciente cantidad de Israelitas, el Faraón los esclaviza y ordena a las parteras hebreas Shifra y Pua, matar a todos los varones que nazcan. Cuando ellas no cumplen, manda a su propia gente arrojar a los bebes hebreos al Nilo.

Iojeved, la hija de Levi, y su marido Amram tienen un hijo. El niño es colocado en un canasto en el río, mientras su hermana, Miriam, observa desde lejos. La hija del Faraón descubre al niño, lo cría como propio y lo llama Moshe.

Ya de joven, Moshe deja el palacio y descubre las dificultades de sus hermanos. Ve a un egipcio golpeando a un hebreo y lo mata. Al próximo día ve dos judíos peleando entre ellos; cuando los advierte, éstos revelan lo que Moshe hizo el día anterior, así se ve forzado a huir de Egipto hacia Midián. Allí rescata a las hijas de Itró, se casa con una de ellas – Tzipora, y se vuelve el pastor del ganado de su suegro.

Di-s se aparece a Moshe en una zarza ardiente al pie del Monte Sinaí, y le ordena ir hacia el Faraón y exigirle: «Deja ir a mi pueblo, para que Me sirvan». Aarón, el hermano de Moshe, es designado como su portavoz. En Egipto, Moshe y Aarón reúnen a los ancianos del pueblo de Israel para decirles que el tiempo de la redención llegó. La gente les cree; pero el Faraón se niega a dejarlos ir, además intensificando el sufrimiento del pueblo.

Moshe retorna hacia Di-s y protesta: «¿Por qué has hecho el mal con esta gente?». Di-s le promete que la redención está cercana.

 

DESCONOCIMIENTO CONSTANTE

 

8 Un nuevo rey, que no sabía de Iosef, tomó el poder en Egipto. (Éxodo 1:8)

A lo largo de su milenaria historia el pueblo judío ha contribuido al progreso de los países que lo han albergado durante su exilio. España, Polonia, Alemania, Francia. En todos ellos el judío ha dejado su huella, tanto a nivel comercial, como científico, político y artístico. Pero no importa cuánto se haya esforzado, no importa cuán identificado se ha sentido con esos países, siempre surge un “nuevo rey que no sabía de Iosef”, y entonces se producen los ataques, la discriminación, las expulsiones y las masacres, y todo ese esfuerzo puesto por el judío para que ese país progrese queda en la nada.

 

El “desliz freudiano” más grande de Freud

Por Rabino Jonathan Sacks z”l

Es el desliz más grande de Freud y por alguna razón sus comentaristas (por lo menos aquellos que yo he leído), no lo han notado… Aparece en su libro “Moisés y el Monoteísmo”. Un trabajo extraño que se publicó en 1939, época en la cual Freud se refugió en Gran Bretaña. Si se hubiese quedado en Viena, el cielo sabe qué humillaciones había sufrido antes de ser asesinado junto a sus compañeros judíos. Por alguna razón, en este momento desesperado, Freud escribió un libro, (él lo describió originalmente como una “novela histórica”) en el que intentó demostrar que Moisés era egipcio. Han habido muchas especulaciones acerca del motivo por el cual lo escribió, y yo no tengo ningún deseo de aumentar esta lista.

Al comienzo del libro, hay un episodio muy curioso. Freud nota que varios estudiosos han identificado un tema en común en las historias sobre la niñez de los héroes. El nacimiento del héroe está cargado con peligro. Como bebé, se expone a elementos o factores que normalmente llevarían a la muerte – en algunos casos colocados en una caja y siendo arrojados al agua – El niño es rescatado y atendido por padres adoptivos. Eventualmente, descubre su verdadera identidad. Es la historia sobre Sargo, Gilgamesh, Edipo, Rómulo y muchos otros. También es la historia de Moisés. A esta altura, sin embargo, Freud nota que en un aspecto la historia de Moisés no es como las demás. Al contrario. En la historia convencional, los padres adoptivos del héroe son personas humildes, ordinarias y luego descubre su verdadero origen real.

La historia de Moisés es completamente al revés. Su familia adoptiva es real. Él es salvado por la hija del Faraón. Luego descubre su verdadera identidad, descubre que pertenece a una nación de esclavos Freud notó esto, pero no pudo ver el verdadero significado. En cambio concluyó que la historia de Moisés era una invención diseñada para ocultar el hecho de que Moisés era el nieto del Faraón; que realmente era un príncipe de Egipto. Lo que Freud no comprendió es que la historia de Moisés no es un mito sino un anti mito. Su mensaje es simple y revolucionario. La Biblia sugiere que la verdadera realeza – es contraria a lo que supone nuestra sabiduría convencional. La verdadera realeza no es privilegio y riqueza, esplendor y palacios. Es el valor moral. Moisés, descubriendo que es hijo de esclavos, encuentra la grandeza. No es el poder lo que importa, es la lucha por la justicia y la libertad.

Si Moisés hubiese sido un príncipe egipcio, hubiese sido olvidado. Sólo siendo fiel a su pueblo y a Di-s se convirtió en héroe. Freud mezcla los sentimientos sobre su propia identidad. Él admiró a los judíos pero fue sordo a la música del Judaísmo. Es por eso, sospecho, que no vio que se encontraba cara a cara con una de las verdades morales más poderosas que enseña la Biblia. Aquellos a quienes el mundo desprecia, Di-s los ama. Un niño de esclavos puede ser más grande que un príncipe. Las normas de Di-s no son poder y privilegio. El criterio está en reconocer la imagen de Di-s en el débil, el impotente, el afligido, el que sufre y lucha por su causa. ¡Qué mensaje de valor podría haber enviado Freud a su pueblo en medio de la oscuridad!

Permitámonos por lo menos ahora ver lo que Freud no vio, que la historia de Moisés es una de las grandes narrativas de esperanza en la literatura de humanidad. (www.es.chabad.org)

 

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