Por Israel
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| martes julio 5, 2022

Vínculo directo entre el horror de la Shoá y el antisemitismo de hoy

27 de enero: Memoria imprescindible, realidad oscura


En 2015, apenas hace siete años y uno antes de su fallecimiento, el sobreviviente del Holocausto y Premio Nobel de Literatura Imre Kertesz, dijo en un reportaje: “No estoy diciendo que sistemas, como el comunismo o como el nazismo, estén codificados en los genes. No es lo que quiero decir, pero lo cierto es que los sistemas existieron y a raíz de aquello la gente los lleva consigo. Se ha desarrollado un patrón, y ese patrón existe en las mentes de la gente. Puede ocurrir de nuevo porque ya existe un modelo, un patrón. Antes de la guerra, si a alguien se le hubiese ocurrido decir: vamos a construir un campo de exterminio de judíos, la gente habría pensado de esa persona que era un enfermo mental. Antes de la guerra, esas cosas no habrían sido posibles. Pero hoy sí, hoy puede ocurrir, porque existe un precedente. Quiero usar la palabra escándalo para lo que siento. Escándalo porque ocurrió en una cultura cristiana. Tanto el Holocausto como el nazismo ocurrieron en una cultura cristiana cuyos valores colapsaron”.

Cuando el 20 de enero pasado, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó por consenso una nueva resolución de condena de la negación del Holocausto, se podría haber pensado que algo como la Shoá no debería poder ocurrir otra vez como lo pensó Kertesz hace tan pocos años. Sin embargo, las palabras del representante de Irán pusieron la premonición del Premio Nobel de nuevo en su lugar. Irán dijo este pasado 20 de enero frente a 193 representantes de otros tantos Estados que “Israel es un Estado de apartheid cuya ideología está basada en los principios nazis que llevaron a la Segunda Guerra Mundial: el racismo y el expansionismo. Israel usa el sufrimiento de los judíos en el pasado para cubrir sus crímenes”. En esa sesión de la Asamblea General nadie dijo absolutamente nada sobre las palabras de Irán.

En otro reportaje, Kertesz señala que “En mi novela «Fiasco» recuerdo a Ilse Koch, esposa del comandante de Buchenwald. Aunque se la pueda describir como un personaje diabólico, no tenía la grandeza del demonio, no era un personaje de Dostoievski. A ella le gustaba hacerse lámparas con piel humana y coleccionaba cabezas jibarizadas. En su mundo el asesinato era ventaja y se liberó su fantasma. No había nada demoniaco en ella. Encontró a su dios que le permitía todo, pero tan sólo era una mujer primitiva que se entregó a esa posibilidad absoluta. Una dictadura permite estas situaciones porque se pierde el sentido de la realidad.”

Al conmemorarse este 27 de enero el Día Internacional de Recordación del Holocausto, en el marco de una actividad realizada por B´nai B´rith Internacional, la Ministra de Relaciones Exteriores de Alemania Annalena Baerbock dijo:” Como Ministra de RREE de Alemania me avergüenzo por el crecimiento del antisemitismo en mi país. Es lisa y llanamente insoportable ser testigo de ataques terroristas contra sinagogas; discursos de odio; acoso y violencia contra judíos que llevan kipá en las calles de Berlín; ver gente portando estrellas de David con la inscripción “no vacunados”. Baerbock agregó que” vamos a responder a todos esos actos aborrecibles con todo el peso de la ley”. La firmeza de democracias como la de Alemania y la mayoría de Europa, de Estados Unidos y de varios países latinoamericanos podrá evitar la resurrección de las Ilse Koch como la describe Kertesz.

Pero el peligro está latente. Y es esencial tenerlo presente todos los días y muy en particular este 27 de enero. Las dictaduras que el sistema permite sentar y darles impunidad en el Consejo de DDHH son las que hacen nacer las Ilse Koch de ahora. El lenguaje de Irán para referirse a un Estado miembro de la ONU hace pensar que los genes de los que habla Kertesz están vivos y anhelantes de dar el zarpazo.

El 27 de enero conmina a hablar con sustantivos elocuentes y menos adjetivos, y a aquellos que deben enfrentar el mal, a actuar más. Auschwitz fue concebido por el hombre. Y es el hombre el que no puede permitir que se conciba de nuevo.

 
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