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| jueves julio 18, 2024

La crisis interna en Israel es seria, requiere urgente solución


Como es de público conocimiento, la presentación hace algunas semanas del plan de reforma judicial en Israel – que sus opositores sostienen es en realidad una revolución judicial que amenaza con cambiar el régimen de gobierno y debilitar seriamente a la democracia israelí – agudizó seriamente las de por sí profundas divisiones en la ciudadanía. Mientras las autoridades sostienen que la reforma es imprescindible para poner fin a una situación en la que, según ellas, la Suprema Corte de Justicia se tomó atribuciones que la ley nunca le dio, quienes discrepan con esta postura  – campo que incluye a gente que votó por la derecha – responde que lo que busca el gobierno es tener poder ilimitado y debilitar totalmente a las instituciones que pueden controlarlo.

En esta situación en la que el tono de las mutuas acusaciones va en aumento, en la que una diputada del partido Likud escribe que la Presidenta de la Suprema Corte de Justicia es la culpable del atentado terrorista del viernes último, en la que el Ministro de Justicia – cuando le exhortan a detenerse a pensar – responde que no se detendrá ni por un minuto en la reforma judicial y en la que un alto oficial en la reserva escribe que el Primer Ministro es hombre muerto si da pasos dictatoriales, la sensación es de extrema gravedad.

 

Si bien también del lado opositor al gobierno identificamos comentarios y expresiones con los que discrepamos, no tenemos dudas que la principal responsabilidad por la crisis actual es del gobierno que hoy tiene en sus manos las riendas. Lanzó un plan que no parece realmente apuntar a corregir lo que está mal – y hay lo que corregir sin duda – sino a tirar por la borda la independencia de los tribunales, buscando una situación en la que casi nadie pueda limitarlo.

Los líderes de la oposición afirman que el objetivo central de la reforma es salvar al Primer Ministro Netanyahu de su juicio, impedir que éste pueda  seguir su curso normal. Eso parece sin duda parte de la explicación, dado que Netanyahu años atrás era el gran defensor de los tribunales. El juicio cambió su agenda.

Pero hay algo más profundo aún.  El problema central es el daño que las reformas propuestas causan a la fortaleza de la democracia israelí, tanto por su contenido avasallante como por la forma en que están siendo promovidas.No es casualidad que se sumen cada vez otros sectores de la población a la protesta. A las opiniones de juristas y destacados economistas, se suman las quizás más significativas, que al menos a nuestro modo de ver son las que transmiten el mensaje más contundente: las de los máximos jefes de seguridad que trabajaron con Netanyahu, inclusive su gran allegado el ex jefe del Mossad Yosi Cohen, y también de numerosos oficiales en la reserva, entre ellos también oficiales de muy alto rango, inclusive Generales, que dedicaron décadas de su vida a proteger y defender a Israel y consideran que ahora el peligro viene también del plano interno.

Este lunes, sabiendo que comenzaba la votación en la Kneset de las dos primeras partes de la reforma-desoyendo la coalición el llamado del Presidente a frenar la legislación para dar tiempo al diálogo- fue convocada una manifestación de protesta precisamente frente al Parlamento. Si bien la Policía dijo en determinado momento que hubo 60.000 participantes,  expertos en medición tecnológica que analizaron las imágenes dijeron que hubo no menos de 300.000 personas. Un día de semana, a media mañana, multitudes llegaron de todo Israel para participar.De diferentes sectores de la población, laicos y religiosos, también gente que votó por la derecha, pero que hoy siente que usaron su voto indebidamente.

Una de las más fuertes señales de la problemática en la visión de la coalición, es la forma en que se refieren a los manifestantes que desde hace semanas salen a protestar también bajo la lluvia, expresando su preocupación.El diputado y próximo ministro Dudi Amsalem dijo que los manifestantes “usan Rolex y vienen en Mercedes”, tratando de presentarlos como ilegítimos y desconectados de la realidad del pueblo. El Ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir llamó días atrás a manifestantes en Jerusalem de “anarquistas”.  Pero la realidad, también si hay algunas declaraciones y varios carteles en manos de los manifestantes que no nos gustan, es que quienes salen a protestar lo hacen preocupados por la situación, porque aman al país y consideran que está en peligro.

No sorprende que entre los manifestantes de este lunes haya estado, marchando con su nieto, el mismísimo Beni Begin, hijo del otrora Primer Ministro Menajem Begin, líder de Herut y del Likud, símbolo de la defensa de los tribunales y el gobierno de Derecho en Israel.

 

A este agujero oscuro trató este domingo de entrar el Presidente de Israel Itzjak Herzog en un dramático discurso pronunciado a la nación y anunciado de antemano para la hora pico en la que comienzan todos los noticieros.

 

Para los interesados – preocupados – por la situación actual en Israel, tradujimos el discurso completo, publicado también en esta página.

 

La situación actual requiere diálogo, con urgencia. Israel, a punto de cumplir 75 años, es un milagro en muchos sentidos, prueba de fortaleza, desarrollo, supervivencia. Pero precisamente cuando se halla en su mejor momento en cuanto a su avance , lidia con la peor crisis interna desde su creación. Sólo hablando se podrá solucionar.

 
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