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| miércoles junio 19, 2024

Respaldo a la discriminación y al antisemitismo


Una investigación profesional en 10 de los 16 estados federados de Alemania, correspondiente a 2022 señala que cinco personas por día fueron blanco de violencia de extrema derecha, racista o antisemita. 2.871 personas se vieron afectadas directamente por las 2.093 agresiones en Mecklenburgo, Brandeburgo, Berlín, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Turingia, Baden-Württemberg, Hamburgo, Renania del Norte-Westfalia y Schleswig-Holstein. Robert Kusche, integrante de la Asociación de Centros de Asesoramiento para Víctimas de la Violencia Ultraderechista, Racista y Antisemita y director de las Oficinas Regionales de Educación, Integración y Democracia de Sajonia, dijo que se trata de “un nuevo incremento en el número de ataques”. Entre las víctimas, 520 fueron niños y adolescentes, casi el doble respecto a las 288 en 2021. Aumentaron los delitos por lesiones, hubo un asesinato y 17 intentos de homicidio. Los ataques antisemitas se han cuadruplicado, de 54 en 2021 a 204 en 2022.

Kusche fue tajante en sus declaraciones para que no queden dudas. Dijo: “El deficiente e incompleto registro y reconocimiento por parte de la policía y la justicia del racismo, el antisemitismo y el ultraderechismo como motivos de delito oculta el alcance de la amenaza y las dimensiones de la violencia de extrema derecha y deja a los afectados indefensos”. Para empeorar el panorama, la abogada y jefa de la oficina del Defensor del Pueblo en Berlín, Doris Liebscher fue lapidaria: “Con demasiada frecuencia se les atribuye insólitamente a las víctimas de violencia racista y antisemita culpa o corresponsabilidad en un ataque, y a ello se suma que sobre todo los motivos racistas no son casi reconocidos como tales o no son tenidos en cuenta por las autoridades de investigación ni los tribunales, lo que lleva a que las víctimas opten por no denunciar”.

Este contexto hace que nadie pueda llamarse a sorpresa por lo que ocurrió en el Mercedes Benz Arena de Berlín esta semana. El músico y militante antisemita Roger Waters adornó su presentación allí sumando todas las agresiones, agravios, brutalidades, que una sociedad o ciega o cómplice o las dos cosas puede permitir, y más aún, aplaudir y vitorear. El Mercedes Benz Arena fue esta semana Múnich 1933. Waters llegó al escenario vestido con uniforme de las SS. Waters volvió a colgar un cerdo, pero esta vez con leyendas, no sea cosa que alguien no entendiera el mensaje, y las leyendas junto a empresarios caricaturizados como en Der Sturmer decían que “ellos tiran de las piolas para dirigir al mundo”. Waters puso en pantalla el nombre de una periodista que murió en Cisjordania durante un enfrentamiento armado e igualó su muerte con la de Ana Frank. En 2023, en la capital de Alemania, volvió el nazismo de la mano de un inglés que apoya fervientemente a Putin, aplaude cada masacre en Ucrania y odia con fervor hitleriano a los judíos. En 2023, en la capital de Alemania, se volvió a ver impunemente en un escenario el uniforme de las SS, mientras miles y miles aullaban en delirio tipo los años 30. En 2023, en la capital de Alemania, se banalizó la Shoá hasta lo máximo posible, se escupió sobre 6 millones de judíos asesinados y se pisoteó la memoria de Ana Frank y un millón y medio de niños judíos asesinados por las hordas nazis.

Todo lo que de ahora en más puedan decir, si se atreven, las autoridades del país y la ciudad, está de menos. Ninguna excusa es creíble. Le dejaron a un racista, antisemita, defensor de criminales de guerra cometer sin límites, delitos que, al menos en Alemania, se suponía hasta esta semana, que son graves. Waters es el incitador, el que quiere lo mismo que Irán o que Hitler: arrasar con los judíos, estén donde estén. ¿Quién detuvo al incitador? ¿Quién impidió la perpetración de la suma de todos los odios? Eso no es libertad de expresión. Ridículo. Vestir uniforme nazi, burlarse del Holocausto, hacer discursos (no canciones) para que la multitud aullante salga a aumentar la cifra de víctimas de la violencia nazi en Alemania, eso está muy lejos de la libertad de expresión. Eso es agresión. A 80 años del levantamiento del Ghetto de Varsovia, a 85 años de La Noche de los Cristales, esta semana, en Berlín, los nazis hicieron una fiesta sobre las cenizas de las víctimas de la Shoá. Ni se les ocurra balbucear explicaciones. Es definitivamente imperdonable.

A fines de la semana pasada, el presidente ucraniano Zelensky fue invitado a comparecer ante el G7 y ante la reunión de la Liga Árabe. La Liga hizo una reunión especial para recibir de nuevo en sus filas al presidente sirio Bashir Assad, algo que comentamos ya la semana pasada. Zelensky mantuvo igualmente su integridad, agradeció el foro abierto y no dejó sin mencionar al dictador sirio con cierta diplomacia. Assad existe porque Rusia e Irán lo ayudaron a asesinar a sus oponentes. Rusia, tal como hizo Hitler en España entre 1936 y 1939 para apoyar a su amigo Franco, experimentó armas y tácticas en Siria, que ahora está usando en sus crímenes en Ucrania. Pero eso es una minucia para la Liga Árabe. Ahora necesitan legitimar a Assad. Pero claro, siempre hay accidentes políticos que muestran la cara real de los dictadores, de los racistas. En el momento que Zelensky iba a hablar en la capital de Arabia Saudita, la Embajada rusa en Egipto publicó un tweet que quedó capturado en pantalla. Ni Roger Waters lo hubiera escrito mejor. Texto del Tweet:” El presidente del régimen nazi de Kiev tiene lazos sangrientos con Israel. Vino a un evento político árabe y no sólo mintió descaradamente sobre las raíces del conflicto, sino que se atrevió a condenar la postura neutral árabe en este enfrentamiento”.

El odio está desplegado. Zelensky es judío así que para el invasor bárbaro aparecen los “lazos sangrientos con Israel”. Vuelven Los Protocolos de los Sabios de Sion y Mi Lucha, porque con el escudo de la libertad de expresión, la maquinaria nazi se pudo desplegar en Berlín sin peros. Sepamos que estos hechos no quedan encapsulados. Los odiadores actúan para que en todo el mundo puedan generarse actos similares o peores si es posible. Waters llegará en noviembre a Argentina y Uruguay, entre otros lugares. En Uruguay ya fue declarado ciudadano ilustre antes de la pandemia. Y no actuaba diferente. En Uruguay están definiendo al mejor de 7 partidos el campeón de la liga de básquetbol Hebraica Macabi y Nacional. Los cánticos contra Hebraica desde las tribunas no se alejan de lo que puede decirse en Europa en iguales circunstancias. Y las redes se han sobre inundado de insultos que seguramente ayudarán el repertorio antisemita de Waters. Y vemos que se puede en Berlín, en Montevideo, en la ONU, desde una embajada rusa, porque el respaldo al odio se siente impune. ¿Habrá posibilidades que pueda no sentirse impune? Rusia y sus cómplices sienten que todo vale. En Berlín, quizás algunos reaccionen, pero después de daños irreparables. En Uruguay y otros países de nuestra región, permítanme ser ingenuamente un poco optimista.

 
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