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| viernes mayo 24, 2024

Israel y Arabia Saudita, oportunidades de normalización en medio del caos


Recientemente se ha anunciado la posibilidad que los gobiernos del Estado de Israel y el Reino de Arabia Saudita puedan llegar a un acuerdo para habilitar vuelos directos entre el aeropuerto David Ben Gurión de Tel Aviv y el Rey Abdulaziz de Yeda, lo que significaría un paso más allá hacia la normalización de relaciones entre ambos países.

La posibilidad se presenta debido a la necesidad de los musulmanes israelíes (e incluso palestinos) para la próxima peregrinación a la Meca (Hajj) la cual cada fiel musulmán debería realizar al menos una vez en su vida. Esta apertura entre ambos gobiernos se sumaría a otras iniciativas que se maneja de manera indirecta en cuestiones como inteligencia y seguridad.

De esta forma, resultaría ser una gran sorpresa un paso más hacia la normalización entre ambos gobiernos, en medio del alejamiento en la región que ha tenido Estados Unidos como máximo impulsor de este tipo de iniciativas, y que desde la llegada del presidente Joe Biden al poder ha tenido una serie de desplantes con respecto al gobierno de Riad y diferencias muy marcadas contra el primer ministro Netanyahu.

Incluso, se acusa a Washington de estar ninguneando en algunas reacciones al príncipe heredero Mohammed Bin Salman, quien es la cara más representativa en la actualidad del reino y que a diferencia de su padre Salman Ibn Abdelaziz, tiene una perspectiva de mundo más funcional y moderna que desea alejarse del paradigma de dependencia estratégica en hidrocarburos y pretende impulsar una agenda con el resto de países del Golfo más amplia enfocada en el año 2030 como base (cercano a los ejes transversales de los objetivos de desarrollo sostenible globales).

Es por esta difícil relación entre Riad y Washington que a Israel le ha correspondido una vez más ser un poco más frontal en cuanto a intentar impulsar un acuerdo con el Reino de Arabia Saudita procurando generar el impacto lo más adecuado al contexto que se vive en la actualidad, donde el Medio Oriente tiene una participación más efectiva de los gobiernos de Moscú y Beijing en contrapeso a los norteamericanos y el resto de potencias occidentales.

Ampliando lo anterior, es evidente que China ha aprovechado el vacío que ha dejado Estados Unidos y ofrece garantías a los saudíes que del otro lado ya no le brindan como seguridad para el comercio y un proceso de normalización con los iraníes que les asegure el libre tránsito de mercadería sin exponerse a la violencia de grupos radicales como las guerrillas hutíes en Yemen. También les han permitido abrirse espacios en la posibilidad del impulso de un programa nuclear civil que contrarreste el promovido por un gobierno beligerante de Teherán, asegurando cierta calma.

De igual manera, China les permite a los saudíes ingresar en foros para potencias emergentes u organizaciones regionales donde puedan ampliar sus vínculos económicos y comerciales, como sería en caso de lograr sumarse a la Organización de Cooperación de Shanghái, así como ampliar las relaciones con otros países de la periferia política y económica que son economías con proyección internacional, garantías que Washington en el actual gobierno no está dispuesto a permitir.

Regresando al acercamiento con Israel, quizás el cambio de paradigma logre una perspectiva menos demonizada por parte del público árabe con respecto a este país, aunque por supuesto esto tiene una enorme complejidad que está sujeta a los avances con respecto a la cuestión palestina, que, a diferencia del acuerdo firmado con los Emiratos Árabes, los sauditas lo tienen como un tema esencial para su liderazgo en el mundo árabe tal y como lo es la administración de los lugares sagrados islámicos.

Sin embargo, de presentarse cambios favorables o mejoras considerables para los palestinos, es posible que empiece a impulsarse en el escenario más optimista, una normalización en la aceptación a la existencia de Israel y a su presencia en la región, algo que ha tenido otros alcances más políticos en poco más de cuarenta años.

Queda claro en todo caso, que los caminos que se trazan son muy diversos, las apuestas que se realicen tendrán enormes riesgos en algunos casos y los dividendos siempre estarán en función de la manera en la cual se den garantías para los actores. Por ahora todo hace pensar que hay mayores posibilidades de avance en las relaciones sauditas – israelíes desde una negociación frontal y directa que por medio de los gobiernos hegemónicos, aunque no se descartan, pero por ahora al menos la ruta por medio de Estados Unidos no pinta ser la más efectiva y con los chinos podría convertirse en una ambigüedad que lleve a un choque de intereses regionales, en una zona como esta, todo es posible en cuanto a sus imposibilidades

 
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