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| jueves julio 18, 2024

La bancarrota moral de Occidente: aceptar la propaganda terrorista como verdad

Aunque no aspiraría a que el mundo aplauda a las FDI, podríamos al menos esperar cierta apariencia de integridad


Imaginemos que en 2017, hacia el final de la guerra de nueve meses para derrocar a ISIS en Mosul (Iraq) mientras el grupo terrorista estaba contra las cuerdas, alguien hubiese pedido a Estados Unidos y sus aliados que detuvieran su ofensiva y no entraran en Bab at Tawb, uno de principales barrios de la ciudad iraquí.

¿Alguien realmente cree que Estados Unidos lo habría escuchado?

Ahora imaginemos que en 2014 Estados Unidos hubiese tenido la posibilidad de lanzar una misión comando para salvar al periodista James Foley antes de que ISIS lo asesinara. ¿Alguien realmente cree que los medios estadounidenses se habrían centrado más en los enfrentamientos que estallaron alrededor del edificio donde estaba detenido Foley que en el rescate de un ciudadano estadounidense de las garras de la muerte?

He aquí otra pregunta: imaginemos que una semana después del 11 de septiembre, mientras Estados Unidos bombardeaba el complejo de cuevas de Tora Bora en la frontera entre Afganistán y Pakistán, el “Ministerio de Salud de al-Qaeda” hubiera emitido una declaración afirmando que el ejército estadounidense había bombardeado un hospital matando a cientos de civiles inocentes. ¿Alguien realmente cree que los políticos y los medios de comunicación occidentales habrían aceptado como cierta cualquier afirmación hecha por el “Ministerio de Salud de al-Qaeda” y la habrían publicado en las cabeceras de sitios web y cadenas de noticias de televisión?

Si bien para Estados Unidos estas preguntas son imaginarias, cuando se trata de Israel todo eso ha sucedido.

“Durante años he dicho que a Israel no le preocupan los civiles de Gaza / A mí tampoco”
(caricatura de Kal en The Economist)

El ejemplo de Rafah

El primer caso es un ejemplo de lo que está sucediendo ahora mismo mientras Israel se prepara para una posible operación en la ciudad de Rafah, en el sur de Gaza junto a la frontera con Egipto. Desde Estados Unidos hasta el Reino Unido y Europa, todos advierten a Israel que no entre en Rafah debido a la presencia de más de un millón de palestinos, muchos de los cuales fueron desplazados desde otras partes de la Franja de Gaza al comienzo de la ofensiva terrestre.

Le están diciendo a Israel que no entre en Rafah, aunque dos rehenes israelíes fueron rescatados de allí la semana pasada, y a pesar de saber que destruir la infraestructura de Hamás allí es clave para garantizar que la organización terrorista no pueda reconstruirse una vez que termine la etapa de alta intensidad de la guerra. Rafah alberga decenas de túneles desde Egipto hasta Gaza, que sirven como conducto de armas de Hamás.

El caso de James Foley lo pongo como ejemplo a causa de la cobertura dada a la noticia de que Israel rescató a Fernando Marman y Luis Har, dos rehenes que habían estado retenidos en Gaza durante 130 días. En vez de preguntarse por qué dos israelíes estaban retenidos en un apartamento de un segundo piso en Rafah, los medios se centraron en las afirmaciones de una organización terrorista de que habían muerto personas durante la operación de rescate. Occidente estaba más obsesionado con las personas que podrían o no haber muerto en Gaza (depende si se quiere creer lo que dice Hamás) que con la pregunta de por qué dos israelíes estaban cautivos allí en primer lugar.

El imaginario hospital de al-Qaeda es un ejemplo para comparar con el Hospital Bautista Ahli, que según Hamás fue atacado por aviones de combate israelíes en la segunda semana de la guerra. Aunque resultó que la explosión fue, en realidad, un cohete palestino que falló y cayó en el estacionamiento y no en el hospital, The New York Times, BBC, Reuters y otros medios que inicialmente aceptaron la mentira de Hamás continúan publicando las falsedades que ese violento y bárbaro grupo terrorista fabrica constantemente.

Se trata de una quiebra moral de los medios de comunicación occidentales en particular, así como de grandes sectores de la sociedad occidental en general. Algo está seriamente mal cuando la gente está dispuesta a aceptar las mentiras de un grupo terrorista asesino en lugar de las afirmaciones hechas por un país democrático, liberal y progresista.

¿Cómo tiene sentido que gente en todo el mundo piense que Israel no debe entrar en Rafah, y entonces esencialmente debería salvar a Hamás, no degradando su poder en la mayor medida posible?

¿Cómo tiene sentido que la gente esté tan confundida que piense que es normal que se mantengan rehenes contra su voluntad en casas privadas, y que un país no debería hacer lo necesario para recuperar a su gente?

¿Cómo tiene sentido que haya gente dispuesta a aceptar las mentiras de un grupo terrorista en lugar de las informaciones de un país que tiene Estado de derecho, trasparencia, rendición de cuentas y una prensa abierta y libre?

¿Qué dice esto sobre la bancarrota moral de parte de Occidente? Vale la pena pensar en esto, y luego tratar de encontrar condenas por parte de las naciones árabes a la ofensiva de Israel en Gaza. La mayoría de las condenas proviene de Estados Unidos, el Reino Unido y Europa. No llegan desde Marruecos, Egipto, Jordania, los Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudita. ¿Por qué cree usted que esto sucede? ¿Qué saben esos países que no saben los políticos en Washington DC, Londres o París?

La respuesta es que esos países árabes quieren que Israel logre derrotar a Hamás, mientras que otros países alrededor del mundo a veces parecen querer que Israel fracase.

Esos países árabes saben la verdad. Saben que Israel está luchando contra un enemigo como ninguno que otro ejército haya enfrentado jamás en una guerra. Si bien hemos visto guerras urbanas antes, nunca había sido de este nivel, tan integrada en la infraestructura civil y, por supuesto, con cientos y cientos de kilómetros de túneles.

Y ante este desafío, Israel está manteniendo una humanidad nunca antes vista. La proporción de muertes entre combatientes y civiles no tiene precedentes en la guerra. Como he escrito antes, incluso si aceptamos las cifras de Hamás —lo que no deberíamos hacer— la proporción es algo así como 1 a 1,8, lo que significa que por cada combatiente muerto hay menos de dos civiles. Y si bien cada pérdida de vidas civiles es una tragedia (Hamás tiene la culpa en la mayoría de los casos), la guerra es fea, horrenda y terrible, y aun así Israel está logrando una humanidad sin precedentes.

Y aunque no espero que el mundo se quede observando y aplauda a las FDI, deberíamos poder esperar cierta apariencia de integridad. Lamentablemente no es así, y los medios, pensadores y políticos occidentales siguen aceptando la propaganda de Hamás como la verdad. Es un increíble doble rasero, empapado de una profunda corriente subterránea de antisemitismo.

Si bien no es fácil, y es una batalla cuesta arriba con consecuencias reales —de las cuales ser arrastrado a La Haya es solo un ejemplo—, Israel no debe darse por vencido. Israel debe seguir manteniendo la cabeza en alto, sabiendo que lucha por los valores de la libertad y la verdad.

*Miembro del Instituto de Política del Pueblo Judío (JPPI) y ex editor en jefe de The Jerusalem Post.
Fuente: The Jerusalem Post.
Traducción Sami Rozenbaum / Nuevo Mundo Israelita.

 
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