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| lunes febrero 9, 2026

Causaron pánico: se revelan las cartas de amenaza que Microsoft y Amazon recibieron de la ONU

Eli Leon para Maariv


Albanese Foto ONU

Una investigación revela: la relatora de la ONU para los territorios palestinos activó una “guerra económica y política contra Israel” y envió cartas de amenaza a empresas gigantes como Amazon y Microsoft, advirtiéndoles contra la cooperación con Israel durante la guerra.

Una extensa investigación publicada en la agencia de noticias Reuters revela qué condujo entre bastidores a la decisión de la administración Trump de imponer sanciones sin precedentes a funcionarios de la ONU y de la Corte Penal Internacional en La Haya (CPI). Según el informe, la medida se produjo en respuesta a una serie de cartas “secretas” enviadas por Francesca Albanese, la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos, a gigantes tecnológicas e industriales estadounidenses. En estas cartas, Albanese advirtió a empresas como Amazon, Microsoft y Lockheed Martin que podrían ser incluidas en un informe de la ONU por “contribuir a graves violaciones de los derechos humanos” por parte de Israel en Gaza y Cisjordania.

Según los hallazgos de la investigación publicada en Reuters y basada en entrevistas con funcionarios estadounidenses e internacionales, las cartas causaron pánico entre las empresas estadounidenses, y al menos dos de ellas recurrieron a la Casa Blanca solicitando ayuda. En respuesta, y a pesar de la posición de la ONU de que Albanese goza de inmunidad diplomática, el gobierno estadounidense decidió aplicar contra ella y contra personal de la CPI sanciones económicas severas, situándolos en la misma lista que terroristas, narcotraficantes y traficantes de armas de Corea del Norte.

Dentro de la administración estadounidense surgieron divisiones significativas respecto al alcance de las sanciones. Mientras que diplomáticos profesionales recomendaron moderación, altos cargos políticos designados por Trump presionaron para adoptar una mano dura con el objetivo de “paralizar” al tribunal y castigar a Albanese. La medida buscaba, entre otras cosas, frustrar futuros intentos de procesar a funcionarios estadounidenses o israelíes, incluidos el primer ministro Benjamín Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant, contra quienes se emitieron órdenes de arresto.

Las consecuencias para los individuos señalados fueron inmediatas. Los activos de Albanese en EE. UU. fueron congelados, incluyendo un departamento valorado en unos 700,000 dólares, sus cuentas bancarias fueron bloqueadas y se vio obligada a recurrir a amigos para su gestión económica básica. Paralelamente, se aumentó la seguridad en torno a ella y su familia tras recibir amenazas.

Por otro lado, el embajador de EE. UU. ante la ONU, Mike Waltz, expresó públicamente su satisfacción por las medidas y dijo que está “feliz de que ella no pueda obtener una tarjeta de crédito”. El Departamento de Estado de EE. UU. aclaró que las sanciones son una respuesta a “intentos ilegítimos y sin fundamento” de investigar a Israel y EE. UU., y enfatizó que Washington no tolerará una “guerra económica y política” contra sus ciudadanos y aliados. Albanese, por su parte, declaró que no cesará su trabajo a pesar de las presiones.

Traducida por Hatzad Hasheni

 
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