Una de las más importantes ceremonias religiosas dentro del judaísmo es la Bar Mitzva (Hijo del Mandamiento), que realiza cada joven varón judío al cumplir los 13 años de edad y marca el paso a la adultez a nivel religioso y comunitario judío, es decir su responsabilidad en la práctica de la fe y su compromiso con los valores, cultura y tradiciones judías. Por supuesto, previamente, el adolescente se prepara con varios meses de antelación, aprende hebreo, estudia las bases del judaísmo y la ética judía, aprende las Brajot (bendiciones) y la Parashá (porción) de la Torá que le corresponde; es decir, todo lo necesario para que, a partir de la ceremonia de su Bar Mitzva, esté preparado para seguir los distintos servicios religiosos.
Con las niñas, se llama Bat Mitzva (Hija del Mandamiento) y cuenta a partir de los 12 años. En el caso de las jovencitas, la religión ha dado grandes pasos para modernizarse y estar a la altura del desarrollo que las mujeres han ido adquiriendo en el presente. Hace muchos años, las niñas no tenían una ceremonia especial para marcar ese importante momento en la liturgia judía, simplemente lo asumían como un hecho. Por ejemplo: yo misma, en lo personal y la casi totalidad de mis coetáneas no tuvimos un rito especial de Bat Mitzva.
Con el transcurrir del tiempo eso fue cambiando, ya a mis hijas y a sus compañeras les tocó celebrar ese paso a la adultez religiosa y comunitaria con una ceremonia de mayor trascendencia: tuvieron lo que en América Latina se conoce como la Bat Mitzva colectiva, con la cual, varios meses antes, como su nombre lo indica, todas juntas se preparaban para una inauguración en conjunto. Por lo general, de los varios temas que componen los preparativos, se encargaba una organización llamada Women’s International Zionist Organization (Organización Internacional Sionista de Mujeres) WIZO, por sus siglas en inglés, como parte de su mandato dedicado al avance de la condición de la mujer y así, efectúaban esta encomiable labor.
No obstante, la evolución de lo que es la Bat Mitzva ha continuado expandiéndose y desde hace unos cuantos años, las jovencitas ya realizan individualmente la ceremonia de modo semejante a la de los niños, incluso en diversas congregaciones pasa de conmemorarse de los 12 a los 13 años como símbolo de igualdad entre los géneros.
De esta manera, hace pocos días tuve la enorme satisfacción de asistir y participar activamente en la Bat Mitzva de una de mis nietas, justo por cumplir sus 13 años. Además de subir a la Bimá (tarima), leer la Parashá de la Torá que le tocó y, en un discurso, plantear las enseñanzas y sus reflexiones sobre el texto que leyó, también cumplió su proyecto de Bat Mitzva, con el que comenzó a ejercer su responsabilidad comunitaria y social; así, ella horneó y vendió galletas, cuya ganancia sirvió para apoyar a dos organizaciones humanitarias: una, The Ark, de Chicago, dedicada a ayudar a las personas a labrarse su porvenir y la otra, Fundana, una organización venezolana que protege a niños en situación de riesgo.
Las religiones dan sustento moral a las sociedades, pero para evitar extremismos e injusticias, sus prácticas deben revisarse y avanzar con los tiempos, adaptándose a la par de las transformaciones positivas de la humanidad. El judaísmo es la primera religión monoteísta y desde que, hace unos 4000 años, el patriarca Abraham la estableció como forma de vida, ha ido cambiando, evolucionando ejemplarmente. No obstante, hay religiones que retroceden, para muestra podemos ver a los distintos movimientos del islam radical, los cuales pretenden reproducir sus episodios fundacionales, distorsionan su propio deber y colocan a la humanidad en vilo.
De hecho, del islam radical proviene el feroz incremento del antisemitismo que enfrentamos en la actualidad. Ante ello, nuestra respuesta es fortalecer al judaísmo, al Estado de Israel y que las nuevas generaciones, con mucho orgullo, sean de mejores judíos.


















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