Por Israel


Defendemos un ideal no a un gobierno
Síguenos en Facebook Twitter Twitter YouTube RSS Feed
| martes abril 14, 2026

La Shoá empezó y terminó en lo legal Mtro Ilan Eichner W.

Mtro Ilan Eichner W. para Porisrael.org


Ayer fui al cine a ver “Nuremberg: El Juicio del Siglo”, y aunque no entré ingenuo, porque Núremberg ha sido parte de mi formación durante años, primero como alumno, intentando comprender las implicaciones de que el Derecho sea utilizado para sostener lo que, en términos humanos, resulta indefendible, y hoy como Profesor, regresando constantemente a las sentencias, a los hechos, a los argumentos, buscando que mis alumnos entiendan que en esos procedimientos se juzgó a las personas responsables, pero, sobre todo, a una forma entera de concebir el Derecho.

La experiencia terminó por incomodarme de una forma distinta, mucho más profunda de lo que cualquier lectura académica ha logrado antes, porque hay algo en escuchar esa serenidad técnica con la que los altos jerarcas del nacional socialismo alemán intentaron explicar sus decisiones, que, aunque dramatizada, rompe la distancia intelectual y obliga a enfrentar a la terca realidad, que muestra con crudeza a quienes estaban ahí, que lejos de ser figuras abstractas o creaturas del mal, eran personas que pensaban, que argumentaban, asesoradas por juristas bien formados, y con la convicción de haber actuado conforme a la Ley, porque lamentablemente, una porción importante de la barbarie nazi, fue perfectamente legal.

La película no pretende desarrollar una tesis jurídica específica, pero inevitablemente empuja hacia una serie de preguntas que, en mi caso, están ya muy trabajadas. Cuestionamientos que he estudiado, discutido y enseñado durante años, y que, sin embargo, conservan la contundencia, teniendo que admitir en este punto, pendientes de plasmarse en una obra que aun continúa en el tintero.

Durante años, he revisado los casos de Núremberg, he vuelto una y otra vez a sus sentencias, he intentado desmenuzar ese punto de quiebre con mis alumnos, pero verlo representado así, en la pantalla, con caras, con historias, con la crudeza de lo dicho en su momento, transforma completamente la experiencia, pues se convierte en una confrontación directa con las consecuencias reales de ese dilema, diluyendo la prosperidad de la abstracción.

Ante todo, los resultados no se agotan en la reconstrucción histórica, porque si algo dejó claro ese momento es que la legalidad, por sí sola, no es un criterio suficiente de justificación, y que existe un punto en el que el jurista, precisamente por serlo, está obligado a trazar una línea, incluso frente al propio sistema normativo en el que opera, porque a partir de Núremberg dejó de ser posible sostener que el cumplimiento de la Ley exonera, por sí mismo, de responsabilidad cuando esa ley vulnera de manera radical la dignidad humana.

La película se apoya mucho en el elemento de que Núremberg, además, fue el primer momento en el que el mundo escuchó de forma abierta, aunque lamentablemente no de la boca de los sobrevivientes, lo que había ocurrido, porque el horror de la Shoá fue expuesto ante el mundo, dicho en voz alta, sin posibilidad de evasión, y una vez que eso ocurrió, dejó de existir la posibilidad de alegar ignorancia, sin que hubiera refugio en la distancia ni en la abstracción, y esa dimensión adquiere una densidad distinta cuando se asume en sus consecuencias.

Hoy, siendo Yom HaShoah, esa reflexión, como cada año, deja de pertenecer exclusivamente al ámbito académico, y adquiere una dimensión personal que no puede ignorarse, porque lo que se analiza en el aula o se estudia en los libros forma parte también de la historia del Pueblo al que pertenezco, y esa conexión, que siempre ha estado presente, se vuelve más evidente al detenerse a mirar de frente lo que implica la aspereza de las cifras.

En una búsqueda en Yad Vashem aparecen 497 coincidencias con el apellido “Eichner” y 441 con “Wolowelski”, los que uso con mi nombre, la primera y más importante herencia que me dieron mis padres, y aunque no pueda afirmar quiénes eran exactamente esas 938 personas, tampoco puedo ignorar lo que representan, porque en ese momento dejan de ser números y se convierten en la prueba de una magnitud que no permite sostener la distancia cómoda del análisis ecuánime.

En ese mismo espíritu, resuena con fuerza una línea de la tefilá de Yom HaShoah atribuida al Rabino Jonathan Sacks, cuando advierte que recordamos “lo que sucede cuando la humanidad no reconoce que quienes no son a nuestra imagen, son, sin embargo, a la imagen de Di   os”, porque en esa frase se condensa, con una claridad incómoda, el punto exacto en el que el Derecho, la sociedad y la conciencia humana fallan al mismo tiempo, y donde comienza la posibilidad de la barbarie.

Mi conciencia no se queda en el pasado, ni se agota en la memoria histórica, porque ocurre en un contexto en el que Israel está en guerra y en el que el antisemitismo persiste, se intensifica, se adapta y encuentra nuevas formas de expresión que, aunque distintas en apariencia, reproducen lógicas que resultan inquietantemente familiares, lo que obliga a que la reflexión asuma una posición contundente frente a dinámicas que ya han demostrado hasta dónde pueden escalar cuando no se confrontan a tiempo.

A veces, ir al cine no es simplemente ver una película, sino encontrarse, casi sin buscarlo, en el cruce entre lo que uno hace, lo que uno es y lo que uno hereda, y entender que la memoria implica asumir una responsabilidad concreta, incluso cuando esa responsabilidad exige sostener posiciones incómodas frente a situaciones, discursos o narrativas que, aun cuando se presenten como legítimas, cruzan una línea que la historia ya ha mostrado con claridad que no puede ignorarse sin consecuencias.

Hoy recordamos, pero recordar, si es genuino, no es suficiente, porque recordar implica aceptar que la memoria de la Shoá no puede reducirse a una fecha ni a una ceremonia. La Shoá debe seguir siendo un criterio vivo, constante, exigente, que obligue a trazar límites claros sobre lo que estamos dispuestos a tolerar, incluso cuando hacerlo resulte incómodo y estando listos para hacerlo, aunque implique confrontar aquello que sería más fácil dejar pasar.

NUNCA JAMÁS (es ahora). Am Israel Jai.

 
Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Debes estar conectado para publicar un comentario. Oprime aqui para conectarte.

¿Aún no te has registrado? Regístrate ahora para poder comentar.