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| miércoles agosto 5, 2026

Nicole Mischel Morely. Ceuta: la frontera donde convergen España, Marruecos, Israel y Estados Unidos

Nicole Mischel Morely/Porisrael.org


La reciente crisis en Ceuta no puede interpretarse únicamente como un episodio migratorio. Es la expresión visible de un cambio mucho más profundo: la transformación del equilibrio estratégico en el Mediterráneo occidental, donde España, Marruecos, Argelia, Israel y Estados Unidos han pasado a formar parte de un mismo tablero geopolítico.

España y Marruecos no son simplemente dos países vecinos; son dos Estados llamados a cooperar, pero también a gestionar intereses que con frecuencia divergen. Ceuta, Melilla, el Sáhara Occidental, las Islas Canarias, los flujos migratorios, las rutas energéticas y el control del Estrecho de Gibraltar forman parte de una misma ecuación estratégica. En este escenario, las relaciones internacionales no se sostienen únicamente sobre la amistad, sino sobre el equilibrio de poder.

Desde la perspectiva española, Ceuta forma parte de España desde siglos antes de la constitución del Estado marroquí moderno, mientras Marruecos mantiene una reivindicación histórica sobre la ciudad. Esa diferencia de narrativas explica por qué la cuestión continúa siendo uno de los asuntos más sensibles del Mediterráneo occidental.

Sin embargo, el verdadero centro de gravedad continúa siendo el Sáhara Occidental. Desde 1975, Marruecos administra la mayor parte del territorio, mientras el Frente Polisario, respaldado por Argelia, mantiene su aspiración independentista. En torno a ese territorio gira buena parte de la estrategia regional marroquí: la proyección hacia África, el acceso a recursos estratégicos como los fosfatos, el desarrollo de energías renovables e hidrógeno verde y la consolidación de una posición dominante frente a Argelia, su principal competidor y rival por el liderazgo del Magreb. El presidente Pedro Sanchez realizo el pasado 20 de julio un viaje oficial a Argel donde se reunio con el presidente Abdelmadjid Tebboune. El 30 de julio se realiza la entrada masiva de marroquies a Ceuta. Presión hibrida sobre la frontera. Cuando un Estado percibe un cambio en el equilibrio regional, la frontera puede convertirse en el primer canal para transmitir un mensaje estrategico.

Diversos analistas sitúan este proceso dentro del concepto conocido como «Gran Marruecos», una visión geopolítica que incorpora el Sáhara Occidental como elemento central y mantiene abiertas reivindicaciones históricas sobre Ceuta y Melilla. Paralelamente, Rabat ha reforzado su presencia en África mediante inversiones, acuerdos económicos y una activa política diplomática, al tiempo que amplía su proyección marítima y energética en el Atlántico. Todo ello configura una estrategia de largo plazo basada en la combinación de infraestructura, diplomacia, economía y seguridad.

Esa estrategia encuentra uno de sus mayores símbolos en Tanger Med, convertido en uno de los principales puertos de contenedores del Mediterráneo y pieza esencial de la ambición marroquí de convertirse en un centro logístico y energético entre Europa y África. Marruecos ha reducido progresivamente su dependencia económica de Europa, ha estrechado relaciones con China y, al mismo tiempo, ha consolidado una alianza estratégica con Estados Unidos que se ha visto reforzada tras los Acuerdos de Abraham.

La normalización de relaciones entre Marruecos e Israel abrió una nueva etapa de cooperación tecnológica, económica y de seguridad que modificó el equilibrio regional. A cambio del reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental durante la Administración Trump, Rabat pasó a ocupar una posición privilegiada dentro de la arquitectura estratégica impulsada por Washington en Oriente Medio y el norte de África. Gestos posteriores, como la decisión de dedicar una estrategica carretera de más de 1000 kilómetros, polémica por su trazado, que va desde el sur de Marruecos hasta el Sahara Occidental con el nombre de ¨Donald J. Trump¨, reflejan el interés marroquí por preservar esa relación preferente con Estados Unidos.

En ese contexto adquiere especial relevancia la figura de André Azoulay, consejero de Hassan II desde 1991 y posteriormente de Mohammed VI. Judío marroquí y uno de los principales impulsores de la diplomacia discreta del Reino Alaui, Azoulay simboliza una singular tradición de diálogo que contribuyó durante décadas a proyectar una imagen de estabilidad y moderación ante Occidente, favoreciendo además espacios de entendimiento entre el mundo árabe e Israel.

Para España, el desafío consiste en responder a un vecino cada vez más influyente sin deteriorar una relación bilateral indispensable. En los últimos años, el Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido diferencias públicas con el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu, a raíz de la guerra iniciada tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, con posiciones claramente antisemitas, al tiempo que determinadas decisiones de política exterior han generado momentos de tensión con Washington. No olvidemos que en plena guerra, el 28 de Mayo de 2024 España aprobo oficialmente el reconocimiento del Estado de Palestina, calificado por muchos analistas internacionales como un premio para Hamás. En un escenario donde Marruecos fortalece simultáneamente sus vínculos con Estados Unidos e Israel, España necesita una estrategia exterior capaz de preservar sus alianzas tradicionales y mantener un equilibrio regional estable. Más allá del debate político interno, la cuestión esencial es cómo gestionar la seguridad del Mediterráneo occidental en un contexto cada vez más competitivo.

Ceuta alberga cerca de 80.000 habitantes, entre ellos una histórica comunidad judía sefardí de aproximadamente 280 personas, muchas descendientes de familias procedentes de Tetuán. La reciente entrada masiva de decenas de miles de migrantes, se habla de más de 40.000 marroquíes, puso de manifiesto la enorme sensibilidad de esta frontera y recordó que el futuro de Ceuta no depende únicamente de la gestión migratoria, sino también de la capacidad de España para combinar una relación constructiva con Marruecos con sólidas alianzas internacionales.

La historia demuestra que las fronteras rara vez se defienden únicamente mediante la fuerza. También se preservan con diplomacia, credibilidad y alianzas estratégicas. Ceuta representa hoy mucho más que una ciudad fronteriza: es uno de los lugares donde comienza a definirse el equilibrio de poder entre Europa, el norte de África y Oriente Medio.

 

Nicole Mischel Morely.

Periodista hispana-israelí

 
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