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| viernes octubre 30, 2026

Pedro Kofmansky. Yahadut Hatorah, El Likud Y El Arte De Cambiar De Novio Sin Abandonar La Religión

Pedro Kofmansky para Porisrael.org


 

En la política israelí siempre hay sorpresas. Uno cree que después de tantos años ya lo ha visto todo, pero no. Aparece Yahadut HaTorah y nos recuerda que en este país hasta los pactos políticos tienen fecha de vencimiento, aunque nadie sepa exactamente dónde está escrita.

Resulta que algunos sectores del partido estarían considerando facilitar la formación de un gobierno de minoría encabezado por Gadi Eisenkot. ¡Sí, señores! Los mismos que durante tanto tiempo fueron socios parlamentarios del Likud ahora estarían estudiando la posibilidad de ayudar a que gobierne otro.

No es poca cosa.

Porque una cosa es discutir con Netanyahu, otra es abandonar el gobierno y una tercera, bastante más sofisticada, es ayudar al adversario a llegar al poder sin sentarse necesariamente en sus sillones.

¡Esto no es una ruptura matrimonial! Es una separación con régimen de visitas, manutención parlamentaria y cláusulas especiales para las yeshivot.

La cuestión tiene su gracia. Yahadut HaTorah no parece estar necesariamente enamorada de Eisenkot. Lo que sucede es que el romance con Netanyahu atraviesa una crisis de confianza. Y cuando en política se pierde la confianza, hasta el socio más fiel empieza a mirar las ofertas inmobiliarias del edificio de enfrente.

El asunto central sigue siendo la ley de reclutamiento militar. Los ultraortodoxos quieren garantías para sus estudiantes de las yeshivot, mientras que cualquier gobierno que pretenda sostenerse necesita resolver una cuestión que divide profundamente a la sociedad israelí.

Y aquí aparece la matemática parlamentaria, esa ciencia exacta que en Israel se transforma en una disciplina artística.

No hace falta tener 61 diputados para gobernar si se consigue que suficientes diputados no quieran que el gobierno caiga. Es decir, se puede gobernar sin mayoría propia, siempre que los demás tengan razones suficientes para no molestarte.

¡Una maravilla democrática! El gobierno no tiene necesariamente que conseguir votos para vivir; a veces le alcanza con conseguir abstenciones para no morir.

Pero cuidado: una propuesta de algunos sectores no significa que todo el partido haya tomado una decisión. Y las declaraciones de sus dirigentes muestran que todavía existe distancia entre explorar una alternativa y comprometerse con ella.

*EL REMATE*

En definitiva, Yahadut HaTorah parece estar descubriendo que la fidelidad política es una virtud muy apreciada, especialmente cuando viene acompañada de garantías presupuestarias y compromisos legislativos.

Netanyahu tendrá que entender que los matrimonios políticos no siempre terminan por falta de amor. A veces terminan porque uno de los cónyuges considera que el otro ya no cumple con lo pactado.

Y Eisenkot, mientras tanto, puede encontrarse con una situación bastante curiosa: recibir ayuda de quienes hasta ayer estaban del otro lado de la mesa.

En Israel, señores, no hay que preguntar quién está con quién.

Hay que preguntar quién necesita a quién, cuánto cuesta el acuerdo y, sobre todo, quién garantiza que mañana no cambien nuevamente de opinión.

Porque aquí los gobiernos pueden ser de derecha, de izquierda, de unidad o de minoría.

Pero lo verdaderamente estable es la inestabilidad.

¡Y después dicen que la política israelí es complicada! ¡Lo complicado es seguirle el ritmo sin necesitar una calculadora, un abogado constitucionalista y un buen médico de cabecera!

 
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