Resumen semanal | 24 al 30 de octubre de 2026
Si alguien pensaba que después de las elecciones Israel iba a recuperar cierta tranquilidad política, evidentemente no conoce demasiado bien la política israelí. Aquí las elecciones no terminan cuando se cierran las urnas. Ahí comienza la segunda temporada.
1\. Las elecciones: ganó el que ganó, pero todavía no sabemos quién gobierna.
El Likud de Netanyahu terminó como primera fuerza con 27 escaños. El bloque que lo acompaña consiguió 53, mientras que el bloque opositor quedó en 48. Los partidos árabes alcanzaron conjuntamente 19 bancas.
Traducido al idioma parlamentario: nadie llegó a los 61 necesarios para formar gobierno.
Netanyahu puede celebrar que su partido quedó primero, aunque tendrá que explicar cómo se gobierna con una mayoría que no existe. Eisenkot puede celebrar el crecimiento de su espacio, aunque tampoco tiene los números para abrir las puertas de la residencia del primer ministro.
Una elección magnífica: todos tienen motivos para festejar y todos tienen motivos para preocuparse. AP News +1
2\. La participación: el ciudadano cumplió, ahora les toca a los políticos.
Con una participación cercana al 78%, los israelíes demostraron que, cuando se trata de decidir el futuro del país, saben abandonar el sofá y acercarse a las urnas.
Ahora falta comprobar si los elegidos tienen la misma predisposición para abandonar sus sillones y ponerse de acuerdo.
Porque votar es un derecho, pero formar gobierno parece haberse convertido en una especialidad olímpica.
3\. La oposición: una coalición de coincidencias y desencuentros.
Eisenkot intenta reunir a Bennett, Lapid, Liberman y Golan. Hasta aquí, todo parece razonable.
El pequeño inconveniente es que cada uno tiene sus propias condiciones, sus propias líneas rojas y, aparentemente, su propia definición de lo que significa trabajar en equipo.
Golan plantea la posibilidad de apoyarse en los partidos árabes. Liberman mantiene su rechazo tanto a Netanyahu como a una coalición dependiente de esos partidos. Eisenkot intenta encontrar una fórmula que permita sumar sin romper demasiadas promesas electorales.
En definitiva, quieren cambiar el gobierno, pero todavía están negociando quién se sienta al lado de quién.
4\. Netanyahu y sus socios: juntos hasta que los números los separen.
Bibi reafirmó su compromiso con Ben Gvir y Smotrich. Una declaración de fidelidad política que, en estos tiempos, merece ser observada con cierta prudencia.
El problema es que los 53 escaños de su bloque no alcanzan para gobernar.
Y aquí aparece la gran pregunta: ¿hasta dónde está dispuesto cada socio a negociar para conservar su lugar?
En Israel, las promesas electorales suelen tener una particularidad: son firmes hasta que aparece una cartera ministerial sobre la mesa. The Times of Israel +1
5\. La polémica electoral: cuando los resultados no gustan, aparecen las sospechas.
Netanyahu y sectores del Likud denunciaron posibles interferencias y hablaron de una elección robada, mientras el Shin Bet investiga sospechas de intervención extranjera.
Pero hay una diferencia importante entre investigar posibles irregularidades y desacreditar un resultado electoral.
Las autoridades electorales no han encontrado fundamento para afirmar que existió un fraude sistemático que altere el resultado.
Investigar es indispensable. Convertir una sospecha en una conclusión política, sin pruebas, es otra cuestión.
La democracia necesita vigilancia, pero también necesita aceptar los resultados cuando no coinciden con las expectativas propias. AP News +1
6\. El gran interrogante: ¿qué hacemos con los 19 escaños árabes?
Aquí está uno de los elementos más interesantes de esta elección.
Los partidos árabes consiguieron una representación parlamentaria decisiva para cualquier intento de construir una mayoría alternativa.
Pero ahora algunos dirigentes opositores deberán explicar cómo piensan formar gobierno si descartan negociar con una parte importante de los representantes elegidos por los ciudadanos.
La aritmética parlamentaria tiene una virtud: no entiende de discursos, prejuicios ni declaraciones de campaña. Sencillamente suma.
El remate de la semana
Israel acaba de protagonizar una elección con una participación extraordinaria, un resultado que modificó el equilibrio parlamentario y una ciudadanía que dejó bastante claro que quería intervenir en el futuro del país.
Sin embargo, después de contar los votos, comenzó el verdadero espectáculo.
Tenemos un ganador que no puede gobernar solo, una oposición que no consigue ponerse de acuerdo, socios que se prometen fidelidad, adversarios que no quieren sentarse juntos y partidos que todos necesitan, pero con los que algunos no quieren negociar.
Y mientras tanto, el ciudadano observa todo desde su casa, preguntándose si fue a votar para elegir un gobierno o para contratar a un grupo de mediadores internacionales.
Porque en Israel se necesitan 61 diputados para formar gobierno, pero aparentemente se necesitan 120 psicólogos para conseguir que se pongan de acuerdo.
Y todavía hay quienes sostienen que la política israelí es aburrida.
Una semana más, democracia en funcionamiento. La gobernabilidad, por el momento, continúa en período de prueba.




















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