Por Israel


Defendemos un ideal no a un gobierno
Síguenos en Facebook Twitter Twitter YouTube RSS Feed
| viernes octubre 2, 2026

Dr. Eduardo Kohn. Las herencias de los monstruos

Dr. Eduardo Kohn/Radio Jai


Hace 85 años, el 19 de setiembre de 1941, tres meses después de la invasión de la Unión Soviética, las tropas nazis entraron en Kiev, la capital de Ucrania. Los nazis distribuyeron folletos por toda la ciudad de más de un millón de habitantes, en los que se ordenaba a los judíos que se presentaran en un cruce de las afueras de Kiev a las 8:00 horas del 29 de septiembre de 1941. Dado que se les indicó que empacaran “documentos, dinero y objetos de valor, así como ropa de abrigo y sábanas”, muchos judíos creyeron que iban a ser reubicados Fueron obligados a marchar a un lugar de nombre Babi Yar, que en ucraniano significa “el barranco”.

Se ordenó a toda la gente que se quitara la ropa. Luego se les condujo al borde del barranco y se les disparó. El responsable de la masacre fue el llamado Sonderkommando 4a del Einsatzgruppe C, que participó en el Holocausto en Europa del Este. Estaba dirigido por el oficial de las SS Paul Blobel, que también participó en otras matanzas similares en Ucrania. Fue condenado y ejecutado en uno de los juicios de Nuremberg. La “policía auxiliar” local también participó en la matanza de judíos. Las 33.371 víctimas judías fueron ametralladas y fusiladas en 48 horas, entre ellos 6 mil bebés, niños y adolescentes.

En los siguientes dos años, en el barranco Babi Yar 100.000 personas fueron asesinadas en ese único lugar, el 90% judíos, y 10% disidentes, partisanos, nacionalistas ucranianos, gitanos, LGBTQ+ y personas con discapacidad. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Ucrania se incorporó a la Unión Soviética. El gobierno de Stalin guardó silencio sobre el tema de Babi Yar, y se negó a que se erigiera monumento alguno en el lugar. Los judíos desafiaron el antisemitismo comunista soviético. En 1972, 27 judíos fueron arrestados y encarcelados por depositar flores en el suelo de Babi Yar. Un año después, mil judíos acudieron para conmemorar a las víctimas. Se produjeron cinco arrestos, se prohibieron los servicios religiosos y se impidió a los asistentes encender la Menorá. En 1976, la Unión Soviética erigió un monumento en Babi Yar, pero de acuerdo con la filosofía antisemita soviética, el monumento tenía una inscripción digna de la mentalidad antijudía instalada por Stalin.

Se inscribió lo siguiente:” Aquí, entre 1941 y 1943, los invasores fascistas alemanes ejecutaron a más de 100 000 ciudadanos de Kiev y prisioneros de guerra”. Para los comunistas rusos no hubo judíos asesinados y sus cuerpos después quemados en Babi Yar y tampoco hubo Holocausto en la Ucrania soviética. Cuando la URSS pasó a ser Rusia y Ucrania se independizó en 1991, se erigió en Babi Yar un monumento hoy muy famoso y conocido con una Menorá de gran porte como mayor símbolo.

Cincuenta años después de la primera masacre en el barranco ucraniano, finalmente se obtuvo el reconocimiento oficial de las muertes judías y del Holocausto. El escritor francés de origen polaco Marek Halter, autor de la grandiosa novela “La memoria de Abraham”, escribió hace 20 años en El País de Madrid “Yo estaba en Babi Yar”.

¿Quién conoce Babi Yar? Así comienza Halter su nota. Y detalla lo que hemos mencionado sobre la masacre, además de señalar que las pruebas sobre Babi Yar fueron presentadas en el proceso de Nuremberg. Pero, anota y esclarece: “Si los nazis tenían interés en borrar las huellas de su bestialidad, Stalin, por su parte, tampoco tenía muchas ganas de mencionar Babi Yar. Habría significado “favorecer” a los judíos en el martirologio de la población rusa, en un momento en que las persecuciones antisemitas empezaban a vaciar las instituciones soviéticas de su presencia. Habría sido también revelar que tres divisiones ucranianas del Ejército Rojo, dirigidas por el general Vlassov, se habían reunido, desde el principio de la guerra germano-soviética, con las tropas de Hitler y habían tomado parte en la eliminación de los judíos de Ucrania. Sin embargo, esta doble empresa de desinformación había descuidado la fatalidad de la memoria, que al igual que un cuerpo atado a un bloque de piedra y arrojado al mar, sólo desaparece durante un tiempo antes de volver a subir inevitablemente a la superficie y gritar la verdad”.

 

Marek Halter también escribió hace 20 años que estando allí en Babi Yar, fue testigo que unos jóvenes lanzaron volantes. Y que los autores de dichos volantes citaron como ejemplo al ucraniano Bogdan Chmielnicki, que inauguró en el siglo XVII la cultura de los pogromos, y a Simón Petliura, que entre 1918 y 1921 asesinó en Ucrania cerca de 200.000 judíos. Halter además subrayó hace 20 años el coraje del poeta ruso Eugeny Yevtushenko enfrentando a la dictadura comunista antisemita soviética con su poema Babi Yar, a pesar de amenazas y persecuciones. Halter transcribe: “No hay en Babi Yar, sobre tantas y tantas tumbas/ Más monumento que este triste barranco. / Tengo miedo… ¿Qué peso cae aquí sobre mis hombros? / Oh, pueblo judío, en verdad, tengo de pronto tu edad”. Hace pocos días, al conmemorarse 85 años de Babi Yar, hubo en el lugar un acto con presencia de representantes de 50 países incluyendo el embajador de Israel en Ucrania. El presidente ucraniano Zelensky dijo:” Es imperioso recordar los horrores que sucedieron en este lugar hace varias décadas y que ahora están sucediendo otra vez, hoy perpetrados por Rusia.

Gracias por estar hoy aquí con nosotros y gracias por rezar por Ucrania, por todos los que han sido asesinados en nuestro país, por las tragedias por las que hemos pasado, y por los judíos que aquí fueron torturados y asesinados”. En la misma semana, y frente al podio de la Asamblea General de la ONU, Zelensky, en su largo discurso hizo una mención muy particular sobre los monstruos de hoy. En Babi Yar, salteó la historia del antisemitismo ucraniano y se centró en la barbarie rusa, sin mencionar claramente que Babi Yar fue una parte del horror de la Shoá. Que 85 años después, un gobierno ruso con sueños zaristas esté perpetrando crímenes de guerra en Ucrania desde hace 4 años y con arrogancia e impunidad se jacte de ello en la ONU, no da derecho a deslices ni olvidos. Cada monstruo en su pantano. Zelensky en Nueva York denunció que hay 47 países apoyando a Rusia en su invasión a Ucrania con tropas y milicianos y señaló entre otros a Corea del Norte, Ghana, India, Yemen, Kenia, Cuba, Bielorrusia, Sudáfrica. “No se dejen cubrir de vergüenza luchando por una guerra desatada por Putin”. En las guerras siempre hay cómplices y mercenarios.

En Babi Yar, hasta parte de la población local ucraniana arrastró familias judías para entregarlas a los nazis, sabiendo que las iban a saquear, masacrar, quemar. Serguei Lavrov, Canciller ruso hace 20 años, habló por su país en la ONU la semana pasada. El mismo Lavrov que hace 4 años dijo que “los peores antisemitas son judíos” y que “Hitler tenía ascendencia judía”.

 

Entre otros conceptos Lavrov dijo:” El régimen ucraniano pisotea explícitamente un principio fundamental de la Carta de la ONU como el respeto de los Derechos Humanos y las libertades básicas para todos, sin distinción de raza, sexo, idioma y religión. En el mundo no hay otro país, aparte de Ucrania, donde un idioma esté prohibido por ley. Allí, el ruso está prohibido. Por usarlo, se impone un castigo, incluso hasta la cárcel. La Unión Europea, empero, que presume de los “valores europeos”, se queda callada, no dice ni una palabra de condena. Solo dice que Ucrania ayuda a defender estos “valores europeos”.

Involuntariamente uno llega a la conclusión de que tanto el nazismo como las flagrantes violaciones por el régimen ucraniano de la libertad de expresión, información y religión constituyen la esencia de estos “valores europeos”. Ucrania elige gobierno, no es un “régimen” como lo desprecia Lavrov. A ese gobierno y a los habitantes de ese país los invadió un régimen brutal como lo es el que tiene a Lavrov de Canciller de por vida, que ha violado toda la cartilla de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad que existen. Atacar a Europa calificándola de nazi deja en claro que hay más de una potencia destruyendo con saña todo lo que aún queda de multilateralismo. Rusia apoya todo lo que es terrorismo: Irán, Hamas, Hezbollah.

Rusia invade y masacra y dice que es una “víctima”. Rusia abraza a Maduro y a Cuba. Eso sí, no movió un dedo por Maduro y menos le da 10 céntimos a Cuba. Rusia, ésta y la que se llamó soviética ocultaron Babi Yar, tergiversaron la historia, y parece que ni siquiera recuerdan el pacto Molotov-Ribentropp. En enero de 1946, 15 nazis fueron juzgados en Kiev por los crímenes cometidos en Babi Yar.

Dina Pronicheva, judía sobreviviente de la masacre de setiembre, en uno de sus testimonios escritos después de la guerra, describió lo que vio en Babi Yar durante el juicio: “Cada vez veía a un nuevo grupo de hombres y mujeres, ancianos y niños que eran obligados a quitarse la ropa. A todos los llevaban a una fosa abierta, donde les disparaban con metralletas. Después llevaban a otro grupo… Yo vi ese horror con mis propios ojos. Aunque no estaba parada cerca de la fosa, los terribles gritos de gente en estado de pánico y las suaves voces de los niños que llamaban “Madre, madre…” llegaban hasta mí”. En 2022, al comenzar la invasión rusa a Ucrania, Kiev fue bombardeada y más puntualmente la zona de Babi Yar.

El monumento a las víctimas de la Shoá no fue dañado por los misiles, sí fue incendiado uno de los cementerios judíos. Y hubo muertos civiles. La dictadura soviética intentó pisotear la verdad de la barbarie de 1941. No pudo. Hoy, otros delirios imperiales bombardean con impunidad y se declaran víctimas.

 

 
Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Debes estar conectado para publicar un comentario. Oprime aqui para conectarte.

¿Aún no te has registrado? Regístrate ahora para poder comentar.