Ilustracion Ruben Kaplan
Una información exclusiva publicada por el diario israelí Ynetnews el 21 de octubre sostiene que dirigentes de Hamás transmitieron al coordinador humanitario de las Naciones Unidas, Ramiz Alakbarov, una amenaza de repetir un ataque como el del 7 de octubre de 2023. Según el medio, el mensaje fue transmitido a Israel a través de ese representante internacional y contemplaría posibles acciones en Israel, Judea y Samaria o incluso en el extranjero.
La advertencia remite a un antecedente inquietante. En octubre de 2023, Ghazi Hamad, integrante del buró político de Hamás, declaró en una entrevista televisiva que la organización repetiría ataques como el del 7 de octubre una y otra vez. No era una interpretación de sus adversarios, sino la afirmación pública de uno de sus dirigentes.
La nueva información y aquellas declaraciones son episodios distintos, pero ambas obligan a considerar seriamente la persistencia de una organización terrorista que reivindicó la masacre y no ha renunciado a sus objetivos.
Las amenazas deben tomarse en serio
Desestimar esas advertencias como mera propaganda sería una imprudencia. Tomarlas en serio no significa dar por inevitable un nuevo atentado, sino reconocer el peligro, evaluar las capacidades de Hamás y adoptar las medidas necesarias para proteger a la población civil.
Una condena moral desigual
La masacre del 7 de octubre fue condenada por numerosos gobiernos y dirigentes internacionales. Sin embargo, sectores de la desvirtuada izquierda contemporánea y grupos antisemitas justificaron o relativizaron los asesinatos y secuestros cometidos por Hamás, mientras calificaban de genocidio la respuesta militar israelí al abominable ataque sufrido por Israel.
Esta doble vara moral revela hasta qué punto la hostilidad hacia el Estado judío puede desplazar la condena inequívoca del terrorismo y convertir a las víctimas en objeto de cuestionamiento, mientras se relativiza la responsabilidad de sus victimarios.
Es necesario distinguir la crítica a las políticas israelíes de la justificación del terrorismo. Defender los derechos de los palestinos no exige disculpar el asesinato de familias enteras, el secuestro de personas ni la matanza deliberada de civiles. Cuando los asesinatos de israelíes y judíos se presentan como una hazaña política, se abandona la universalidad de los derechos humanos y se abre espacio a la legitimación de la violencia.
La falta de una condena inequívoca en determinados ámbitos pudo contribuir a normalizar esa justificación. No puede afirmarse que haya sido la causa directa de las nuevas amenazas de Hamás, pero la reivindicación del 7 de octubre y la retórica de repetirlo revelan que la organización no ha abandonado esa lógica de violencia.
La respuesta de Israel y el derecho a defenderse
¿Qué país habría permanecido impasible después de una agresión como la perpetrada por Hamás? El asesinato deliberado de civiles, el secuestro de cientos de personas y la magnitud de aquella masacre hacían inevitable una respuesta israelí destinada a defender a su población y neutralizar la amenaza terrorista. Pretender que Israel debía limitarse a soportar pasivamente semejante agresión equivale a desconocer el derecho de cualquier Estado a proteger a sus ciudadanos.
La discusión sobre la legitimidad de operaciones militares concretas no puede borrar la responsabilidad de quienes desencadenaron esta guerra con una atrocidad deliberada. El derecho de Israel a defenderse no debería convertirse en motivo para relativizar los crímenes que hicieron necesaria su respuesta.
El alto el fuego y el desarme pendiente
El alto el fuego iniciado en octubre de 2025 abrió una nueva etapa diplomática y se inscribió en un plan más amplio para poner fin a la guerra en Gaza. Entre sus objetivos figuraban el desarme de Hamás, la desmilitarización de la Franja y el establecimiento de una administración palestina alternativa, con mecanismos internacionales de supervisión.
Sin embargo, el cese de las hostilidades no se tradujo en el desarme efectivo de la organización terrorista. En julio de 2026, Hamás aceptó una hoja de ruta para avanzar hacia el desarme, pero su implementación quedó pendiente y condicionada a otros pasos del acuerdo. La organización seguía conservando su capacidad militar, mientras persistían las diferencias sobre la entrega de las armas y la retirada israelí.
Esta situación plantea un problema de fondo: ¿qué garantías de seguridad puede ofrecer un alto el fuego si una organización terrorista que perpetró la masacre del 7 de octubre conserva su capacidad militar y, además, amenaza con repetirla?
La comunidad internacional debe exigir que Hamás deponga las armas, renuncie al terrorismo y deje de constituir una amenaza para israelíes y judíos. Ninguna solución política duradera será suficiente si permite que quienes reivindican aquella masacre conserven los medios para perpetrar otra.
El sufrimiento de la población palestina merece atención y asistencia humanitaria. Pero no debe ocultarse la responsabilidad de sus propios dirigentes, especialmente de Hamás, que desencadenó esta guerra con la masacre del 7 de octubre y cuyas decisiones contribuyeron a la devastación de Gaza. Esta culpabilidad también ha sido señalada por voces palestinas críticas de la organización criminal. La tragedia de la población no puede utilizarse para eximir a Hamás de las consecuencias de sus decisiones ni para justificar sus objetivos terroristas.
No olvidar para impedir que la historia se repita
La memoria de las víctimas exige algo más que homenajes. Es imperativo reconocer la naturaleza de esos crímenes, rechazar las justificaciones que los amparan y actuar para impedir que vuelvan a cometerse.
El senador estadounidense Ted Cruz expresó una advertencia contundente al referirse a las amenazas del régimen iraní contra Israel y Estados Unidos: «Si la historia enseña algo, es que cuando alguien te dice que quiere matarte, le creas».
Aunque Cruz formuló esa reflexión en el contexto de las amenazas iraníes, su sentido resulta igualmente pertinente ante las declaraciones de Hamás y su propósito de repetir la masacre del 7 de octubre.
Cuando una organización terrorista anuncia que quiere volver a perpetrar una matanza de civiles, hay que creerle.
Rubén Kaplan
Periodista y escritor




















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