Qué hermoso sería el otoño si la crisis no nos agobiara y el hambre no acechara a los más pobres. El cielo de un color zafiro, transparente. Los últimos y duros melocotones de Calanda, las castañas, las uvas, el torrente de hojas que baja impulsado por el viento y cruje una alegría fresca. Los niños en el comienzo del año escolar, con la tibieza de las manos de su madre impresa aún en sus mejillas. Los griegos llaman aún ...






















