Cada vez que salta alguna chispa en torno a la cuestión islámica, se repite tozudamente el ciclo barato del populismo. Ante una realidad compleja que no acabamos de saber cómo confrontar, el cerebro reptiliano de las ideologías se activa sin ninguna dosis de racionalidad. Y es así como se inicia el espectáculo fútil de la riña dialéctica a derecha e izquierda, siempre sobreexcitada de consignas y vacía de contenido. El último caso es el de Jumilla, donde hemos podido contemplar la más mohosa ...