Por Israel
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| miércoles diciembre 4, 2019
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Entre los hombres de la muerte y mi café en Jerusalem

El surrealismo israelí, en medio de la nueva tragedia


Este viernes de mañana me disponía a escribir una nota de color que pensaba titular algo así como “mi multifacética Jerusalem”. La expresión fácilmente se puede extender a todo el país, más allá de su capital. El tema, como sabrán quienes me leen, es bastante recurrente en mí. Me es importante mostrar el mosaico de la realidad en la vida diaria de Israel, tan distinto de la imagen que muchos tienen desde el exterior. No para decir, en ningún momento, que es mentira que hay conflictos, problemas y tensiones, sino para recordar en qué medida el espacio público compartido, aunque a veces con dificultad, se sobrepone a todo ello por esa costumbre que tiene la vida de seguir adelante.

Había combinado con mi mamá que nos sentaríamos en el centro comercial Malha a desayunar juntas. Yo, como siempre, llevaría la computadora. Mamá está acostumbrada a que la debo  tener siempre conmigo, por cualquier cosa, y a que la despliego en medio de nuestros asiduos cafés.

A los pocos minutos de sentarnos, recibí la noticia: había sido cometido un atentado terrorista en la zona de Biniamin, cerca de Dolev, cuyo cruento saldo era de 3 civiles israelíes heridos en distintos grados de gravedad. Muy poco después se confirmó que se trataba de un rabino y dos de sus hijos, que estaban en camino a bañarse en el manantial que, simbólicamente, lleva el nombre de Dani Gonen, otro civil asesinado en ese mismo lugar hace cuatro años. Y pocas horas más tarde, se confirmó que la más grave de los heridos,  Rina Shnerb de tan solo 17 años, había muerto.

Mientras yo escribía, alternando las teclas con un sorbo del café ya frío, alrededor nuestro, como siempre, judíos y árabes se sentaban con toda naturalidad a disfrutar de un rato libre. Para los musulmanes, el viernes es lo que para nosotros el shabat. A nadie le parecía raro estar sentados en un mismo café. Ni que un mozo judío atienda y sirva a unas mujeres sentadas al lado nuestro, con la cabeza cubierta como es propio de las observantes modernas, que combinan el hijab sobre el cabello con la ropa que visten, aunque lleven jeans.

Y mientras tecleaba y transmitía, pensaba qué realidades distintas… a tan solo unas decenas de kilómetros de donde estábamos sentadas con mamá, mientras judíos y musulmanes religiosos y laicos se cruzaban con absoluta naturalidad en el siempre congestionado centro comercial, los paramédicos estaban intentando resucitar a Rina, que de hecho parece que murió al instante de la explosión.

Y confirmando lo surrealista de la realidad israelí, tiempo después que los dos heridos, el rabino Eitan Shnerb y su hijo Dvir, fueran ingresados al hospital Hadassah Ein Kerem de Jerusalem, salió a la prensa a informar sobre su estado, uno de los cirujanos que los atendió cuando llegaron a la unidad de emergencia,  el Dr. Abed Khlaila uno de los numerosos médicos árabes de este hospital israelí. Tras dar el parte médico, expresó su esperanza “que los heridos se recuperen a la brevedad”, agregando que “les deseamos buena salud”. A nadie le pareció raro. Ni a la prensa, ni a los equipos de Hadassah que le pidieron a él ir a hacer declaraciones. Ni  a él.

El cirujano Dr. Abed Khlaila
El cirujano Dr. Abed Khlaila. El soldado es el cronista de la emisora Galei Tzahal, la radio del ejército.

 

A aproximadamente una hora y media de viaje de allí, en Gaza, salían los señores de la muerte a felicitar a los perpetradores del atentado. El jefe de Hamas Ismail Haniye “bendijo” a los responsables del “acto heroico”-alegando que no había sido obra de Hamas- y exhortó “a todos los jóvenes a seguir luchando”.

Y yo que siempre pensé que “lucha” se usa para esfuerzos nobles.¿Será cuestión semántica?

Eso no es lucha ninguna. Es terrorismo puro. Una familia va a bañarse en un manantial y cuando los terroristas los ven y tienen claro que son judíos-difícil equivocarse con la barba del rabino- detonan de lejos la carga colocada allí en espera de alguna víctima. Eso no es lucha. Es terrorismo.

 

 

http://www.semanariohebreojai.com/editorial/84

 

 

 
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