Por Israel
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| miércoles diciembre 8, 2021

¿Qué significa una administración de Biden para la Autoridad Palestina?

La Autoridad Palestina ya le está indicando al presidente electo Joe Biden que está dispuesta a volver a las negociaciones, pero sus posiciones maximalistas chocan con el estado de ánimo imperante en el mundo árabe sunita.


El 17 de noviembre, la Autoridad Palestina anunció que restablecería la cooperación en materia de seguridad con Israel y acordó recibir el dinero de los impuestos que Israel había recaudado por ello. Sin embargo, a pesar de esto, las perspectivas de la Autoridad Palestina para el futuro cercano siguen siendo sombrías.

La Primavera Árabe cambió las prioridades en Oriente Medio. Los observadores deben tener cuidado de evitar el error común de juzgar las perspectivas de la Autoridad Palestina a través de la visión binaria del conflicto israelo-palestino; la evaluación más verdadera y más amplia debería ser regional. Los palestinos deben tomar decisiones con los ojos enfocados en su medio natural, el mundo árabe sunita, y no en Turquía, Irán o el mundo chiíta en general. En la nueva realidad de Oriente Medio, los árabes sunitas se ponen del lado de Israel, no de los palestinos.

 

Lo que empeora las cosas para el líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, es que la alianza israelí-árabe sunita está atrayendo a potencias europeas como Francia debido a las tensiones turco-francesas en el Mediterráneo y la guerra de poder en Libia. El presidente electo Joe Biden no puede ignorar ni descartar estos hechos reales sobre el terreno. Lo que puede hacer es convencer a la Autoridad Palestina e Israel de que regresen a la mesa de negociaciones. En otras palabras, no para desafiar la alianza israelí-árabe sunita, sino para agregarle la AP.

La vacilación de la Autoridad Palestina a este respecto se debe a su temor de perder a Turquía e Irán como tarjetas diplomáticas para usar, y a verse obligada a confiar en Qatar para equilibrar los Estados del Golfo y Arabia Saudita. Durante el mandato de Trump, esto no fue posible. En una presidencia de Biden, la Autoridad Palestina espera poder mantener al mundo sunita mientras coloca a Turquía y Qatar de lado sin perderlos. Esto es especialmente importante para Abbas debido al desafío que enfrenta del rival político Mohammed Dahlan, que vive en los Emiratos Árabes Unidos. Confiar solo en el Golfo sin otras cartas para jugar significa fortalecer a los leales a Dahlan en Cisjordania y la diáspora palestina.

El barajado de cartas de Abbas con las falsas conversaciones de reconciliación en Turquía lideradas por los representantes de Qatar Jibril Rajoub (Fatah) y Saleh Arouri (Hamas) se consideró anti-Trump. En el mundo árabe sunita, sin embargo, la maniobra se consideró peligrosa.

El primer estado árabe alarmado por las conversaciones entre Fatah y Hamas fue Jordania. La mera perspectiva  que Hamas gane el poder en Cisjordania es un horror para el Reino Hachemita. Aunque la Hermandad Musulmana, de la que Hamás es una subsidiaria, es un poder legítimo en Jordania como partido político, Hamás es visto como su brazo armado peligroso.

Según fuentes palestinas, Jordania aprovechó recientemente la visita de una figura estadounidense de alto rango que ha abierto las puertas tanto a Trump como a Biden para convencer a Abbas que se retire de su camino hacia Hamas y regrese a la mesa de negociaciones con Israel. El funcionario estadounidense prometió trabajar con Biden, una vez elegido, para reanudar las conversaciones con Israel. Al parecer, Jordania también aplicó su diplomacia en Washington en este sentido.

Durante las falsas conversaciones entre Rajoub de Fatah y Arouri de Hamas en Turquía, Abbas consideró dar su aprobación a las elecciones con una lista conjunta de Hamas-Fatah, para darle nueva relevancia al olvidado y pasado por alto «problema palestino».

El 17 de noviembre, la Autoridad Palestina anunció que restablecería la cooperación de seguridad entre la Autoridad Palestina e Israel, aceptaría $ 100 millones al mes en impuestos recaudados por Israel y restablecería los salarios de los trabajadores públicos. Con eso, Abbas le está indicando a la administración Biden que está listo para volver a las negociaciones, pero en los términos de la OLP. Eso incluye la restauración de la ayuda estadounidense, la derogación de las políticas de Trump sobre Jerusalén y la embajada de Estados Unidos, las fronteras de 1967 y una solución para los refugiados palestinos.

Esos puntos de negociación maximalistas no se ajustan al nuevo estado de ánimo de los países árabes sunitas, que prefieren el enfoque de negociación y un compromiso en las fronteras en Cisjordania sobre el mito de la OLP de una «lucha popular», incluso una lucha política. Estos países sunitas accedieron a los movimientos de Trump con respecto a Jerusalén, pero el tema de Jerusalén es muy sensible en las luchas entre árabes y musulmanes y merece un examen por separado.

 

Un tema que preocupa a las potencias árabes sunitas es la reorientación en las cuestiones de derechos humanos que Biden, como el ex presidente Barack Obama, adoptará casi con seguridad. Ya se escuchan voces preocupadas de Arabia Saudita y Egipto.

La noticia  que Trump perdió las elecciones fue recibida en Ramallah con alivio no tanto por las perspectivas políticas de reanudar las conversaciones de paz, sino porque el plan de Trump había anulado la doctrina de la OLP de liberar Palestina mediante la «lucha», militar o política. El camino de la «lucha» llevó a los palestinos a un punto muerto; el camino de un «acuerdo» llevó a los acuerdos de normalización entre Israel y los estados del Golfo. Hoy, el término «paz» está asociado con el Golfo y no con Palestina, y el incentivo de los líderes occidentales para invertir en el problema palestino para ganar sus premios Nobel se reduce drásticamente.

Reimpreso con permiso de JNS.org .

Traducido para Porisrael.org por Dori Lustron

 
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