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| domingo abril 21, 2024

Los Acuerdos de Abraham: consolidar la paz y desalentar el negocio de la guerra


A dos años de los Acuerdos de Abraham, los procesos de normalización y pacificación entre Israel y los estados árabes muestran un Oriente Medio más equilibrado, pero también exponen el sabotaje del terrorismo árabe palestino que se siente cada vez más cómodo con el negocio de la guerra.

Conviene primero aclarar algo: los acuerdos de normalización y pacificación, que son de hace muchísimos años, no hablan de un Oriente Medio bajo una pacificación absoluta. El terrorismo árabe palestino continúa golpeando con fuerza en Israel y las amenazas siguen constantes. No obstante, la intención de estos acuerdos es terminar con esa idea que se refleja en la frase atribuida a Golda Meir: “si los árabes bajan las armas, se acaba la guerra. Si Israel baja las armas, desaparecerá Israel”. El terrorismo por goteo del último año demuestra que esto es así.

Sin embargo, hay que mostrar todos esos avances diplomáticos, políticos y comerciales entre los países árabes e Israel en los últimos años porque desmontan una de las tantas falacias que los palestinos y sus satélites repiten: Israel NO está, ni nuca estuvo, en guerra con sus vecinos por iniciativa propia.

 Un cambio de contexto, mentalidad y percepción

La visita de Isaac Herzog, presidente de Israel, a Bahréin en los últimos días es la prueba de que los Acuerdos de Abraham firmados en septiembre de 2020 continúan re confirmándose día tras día. Si hay un sector del mundo en donde la guerra se volvió rentable es en Oriente Medio, donde opera una enorme maquinaria publicitaria llamada Pallywood inflada por antisemitas y judeófobos que viven de señalar a Israel como el único responsable de la guerra.

Pero cuando vamos más atrás en el tiempo, vemos que nadie habla de las iniciativas de paz que el Estado Judío ha tenido desde el minuto cero por una simple razón: cualquiera se da cuenta de que Israel estaba y está, potencialmente, rodeado de los enemigos que le juraron su desaparición.

Si bien desde 1947 hubo muchas iniciativas de paz israelíes, en 1979 se produjo un acuerdo histórico entre Israel y Egipto que permitió la visita de Sadat, presidente egipcio, a Jerusalén, la capital israelí. En ese momento el cambio de mentalidad de los egipcios fue importantísima.

Abdel Nasser, antecesor de Sadat, puso a Egipto bajo la órbita de la Unión Soviética y fue a la guerra contra Israel por, entre otras cosas, la liberación de Palestina. La derrota de Egipto, además de humillante, fue aplastante y perdieron la península del Sinaí.

¿Por qué Sadat entonces viajó a Jerusalén a por la paz? Porque se dio cuenta de que era una guerra que nunca ganarían y que la causa palestina era algo que desde su nacimiento estaba perdido. Los intereses egipcios debían valer más que el objetivo de destruir a Israel.

Hoy estamos transitando el segundo aniversario de la firma de los Acuerdos de Abraham entre Emiratos Árabes Unidos, Bahréin e Israel con la mediación de Estados Unidos. Al igual que Egipto en 1979, el Golfo empezó a cambiar su mentalidad formalmente desde septiembre del 2020.

¿Por qué hablamos de normalización? Porque hasta ese momento, solamente Egipto y Jordania mantenían relaciones diplomáticas con Israel. El resto de los países estaba atado a la causa palestina, algo que entronaban dentro de sus políticas exteriores y sus estrategias políticas.

Ahora bien, ¿Por qué se están dando estos procesos de normalización entre árabes e israelíes? Por dos cuestiones además del convencimiento de que la guerra contra Israel es absurda. Primero, porque Estados Unidos está en retirada de la región y no hay aún un ordenamiento claro. Sin el mando de Estados Unidos, el pivote por excelencia en la región a lo largo de las últimas décadas, las políticas exteriores pierden cierta brújula. Hay una inestabilidad y una sensación de amenaza mayor desde que se dan eventos como los de Kabul en 2021 con los talibanes.

Segundo, en toda la región sigue habiendo un clima de frustración después de las revueltas árabes de 2011: en países donde lograron deponer a los dictadores clásicos, como Mubarak en Egipto, fueron a elecciones donde triunfaron los islamismos como los Hermanos Musulmanes. Apretados por los deterioros económicos y frente a sociedades musulmanas que comienzan, cada vez más rápido, a exigir por nuevas demandas sociales y políticas, los países árabes debieron cambiar el chip inútil de la causa palestina para ir hacia acuerdos reales y pragmáticos.

La insostenibilidad del relato

En mayo de 2022 se firmó el primer acuerdo de libre comercio entre Israel y Emiratos Árabes Unidos que pasa a suprimir el 96% de los aranceles de los productos intercambiados entre ambos países. Esto fue posible gracias a los Acuerdos de Abraham.

La firma de la normalización repercute muy positivamente en el comercio entre israelíes y emiratíes que hoy asciende a unos 900 millones de dólares y que se estima que supere los 2.000 millones este año y que alcance los 5.000 millones en los próximos cinco años.

Los países del Golfo, comandados por Arabia Saudita, saben que el petróleo puede acabarse y que las economías necesariamente deberán diversificarse y para eso es Israel, y no Palestina, con quien más pueden entenderse.

El tema palestino no es territorial y ya quedó demostrado cuando en el primer ministro israelí, Ehud Barak, le ofreció a los palestinos la totalidad de Gaza y casi el 100% de Judea y Samaria. Contrario a lo que cualquiera que desconozca la historia podría pensar, la respuesta palestina fue negativa.

Años más tarde y solo unas horas después de que en enero de 2020 se presentara un nuevo acuerdo de pacificación, el “Acuerdo del Siglo” presentado por Donald Trump, la Autoridad Palestina buscó, sin éxito, el respaldo de la Liga Árabe. Si bien los árabes sacaron un comunicado, no tuvo el respaldo de los grandes como Arabia Saudita y Egipto.

Tampoco acompañaron otros estados del Golfo que, como vimos, ya estaban negociando su normalización con Israel. La Liga Árabe les cerraba así la puerta a los palestinos y dejaba a sus expresiones más anticuadas, como Argelia, para que defiendan la causa palestina.

La dinámica política en Oriente Medio no es como era en 1948 y esto desmonta la falacia que cargan sobre Israel a la hora de hablar sobre el conflicto árabe-israelí y palestino-israelí. Hoy comienza a imperar un convencimiento mayor dentro de las élites musulmanas en el Golfo de que la guerra contra el Estado Judío es absurda y que la causa palestina no puede seguir estorbando el andar de países que comienzan a estar bajo aprietos económicos, pero también sociales.

La revolución de los velos en Irán refleja también este hartazgo que es el síntoma de un progresivo cambio de época donde la paz se podrá alcanzar, finalmente, si la comunidad internacional logra comprender y deja de distorsionar la naturaleza del conflicto árabe-israelí: la lucha del único Estado Judío por su existencia y contra las fuerzas del terrorismo islámico.

 

 

***Luciano Mondino es Licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de La Plata. Master en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación son sobre islamismo, Terrorismo y Crimen Organizado.

 
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