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| martes julio 16, 2024

La pugna por ser mas indecente


Aunque ya hemos hecho referencia anteriormente qué es ECOSOC (Consejo Económico y Social de Naciones Unidas), volvemos a repetirlo en las propias palabras del organismo: El Consejo Económico y Social forma parte del núcleo del sistema de las Naciones Unidas y tiene como objetivo promover la materialización de las tres dimensiones del desarrollo sostenible (económica, social y ambiental). Este órgano constituye una plataforma fundamental para fomentar el debate y el pensamiento innovador, alcanzar un consenso sobre la forma de avanzar y coordinar los esfuerzos encaminados al logro de los objetivos convenidos internacionalmente. Asimismo, es responsable del seguimiento de los resultados de las grandes conferencias y cumbres de las Naciones Unidas.

En ninguna parte de su auto definición se menciona que ECOSOC debe considerar en sus reuniones conflictos políticos. Ni hablemos de resolverlos, porque lo que se dice resolver problemas políticos, humanitarios, sanitarios es lo que debería hacer toda la ONU, aunque a sus casi 80 años parece que tantas décadas son invalidantes en cuanto a hacer algo que le llegue a la gente común y corriente.
53 miembros de la ONU integran ECOSOC (hay una vacante) y la actual presidenta al asumir el 27 de julio pasado no dijo una palabra en su discurso que involucre algún tipo de propuesta, comentario o trabajo relacionado a temas políticos, conflictos armados y mucho menos hizo mención contra país alguno en particular.

Paula Narváez Embajadora y Representante de Chile ante las Naciones Unidas, presidenta de ECOSOC dijo que sus objetivos son: Velar por que el Consejo Económico y Social ofrezca una plataforma unificadora desde la que los Estados Miembros puedan promover la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Mis prioridades para esta Presidencia son:1) Potenciar la orientación de políticas del Consejo Económico y Social en un contexto internacional de múltiples crisis y abordar las múltiples crisis y promover la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 2) Abordar la crisis alimentaria y el fortalecimiento de la asistencia humanitaria. 3) Abordar las deficiencias de la arquitectura financiera internacional. Los esfuerzos por abordar las deficiencias de la actual arquitectura deben ser integrales y estar en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. 4) La Cumbre del Futuro. “En el año que tenemos por delante, los Estados Miembros se estarán preparando para la Cumbre del Futuro, que se celebrará en 2024, y reflexionarán sobre importantes cuestiones propuestas por el secretario general para la adopción de medidas en la Cumbre”. 5) “Mi quinta prioridad se centrará en soluciones concretas para intensificar la acción por el clima ante la triple crisis ambiental. De acuerdo con el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, solo nos quedan siete años para mantener al alcance el objetivo de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales fijado en el Acuerdo de París. 6) Mi sexta prioridad será la promoción de la igualdad de género. 7) Mi séptima prioridad será el fortalecimiento de las instituciones en un contexto de rápido cambio tecnológico. 8) Por último, mi prioridad será fortalecer los contactos del Consejo Económico y Social con la sociedad civil.”

Sin embargo, en esta costumbre de todos los estamentos de la ONU de hacer tiro al blanco contra Israel, todas estas buenas expresiones de deseo se volvieron a dar de bruces, cuando una vez más, y dentro de ECOSOC, se escuchó un informe que a su vez lanzó una condena a un país, al único que se menciona por su nombre, a Israel. Hace pocos días, Tarik Alami, nacido en Gaza y con residencia actual en Beirut, representante de la Comisión Económica y Social para Asia Occidental (ESCWA), organismo regional creado por ONU para asuntos de Medio Oriente, que incluye a los Estados Árabes, pero no a Israel, perpetró un informe acusando a Israel de “no respetar los derechos de las mujeres palestinas”. Alami, nacido en Gaza, gobernado por el terrorismo de Hamas, usa su cargo en ONU para repetir un año tras otro el mismo discurso contra Israel, a pesar de que su organismo regional aún siendo para Medio Oriente excluye a Israel como si estuviera en otra galaxia, y ni que hablar, no menciona ni por un segundo algunos hechos trascendentes, públicos y notorios pero que para Alami no existen: las mujeres palestinas viven en la Autoridad Palestina bajo el mando del gobierno dictatorial de Mahmoud Abbas; viven en Gaza bajo el dominio del movimiento terrorista Hamas; y también viven como refugiadas (como lo dijimos en nuestra columna anterior) en Líbano, Jordania, Siria. Tienen severamente cercenados sus derechos en Gaza por parte del fundamentalismo de Hamas; no son ni ciudadanas en Siria, Jordania, Líbano. Abbas les respeta los derechos lo mínimo posible como para disimular la farsa de su gobierno.

Pero por 37 votos a favor, 6 en contra y 4 abstenciones, ECOSOC en lugar de hacer algo de lo que ha prometido su presidenta, decidió acusar a Israel como “el mayor obstáculo para el desarrollo de los derechos humanos de las mujeres palestinas”. En Nigeria se han mutilado los órganos reproductivos de 20 millones de mujeres; los talibanes en Afganistán no les permiten siquiera ir a la escuela; en Qatar, el modelo para FIFA para hacer un Mundial de fútbol, si una mujer denuncia que ha sido violada, ella va a la cárcel. Pero ECOSOC, basado en un reporte manipulado por un asalariado de gobiernos árabes totalitarios, ataca a Israel y vuelve, una vez más, a incitar al odio y la violencia.

¿Por qué, para qué, con qué objetivo, Bélgica, Bulgaria, Dinamarca, Francia, Grecia, Italia, Portugal, Suecia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Japón, se unen a Afganistán, Libia, para votar groserías inútiles no vinculantes y sin valor alguno y quedan abrazando a las peores dictaduras?

La misma pregunta vale para Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Bolivia, México, Perú.
Una de las respuestas la dio Guatemala, absteniéndose. Cuando algo es tan turbio, no formar parte es una forma de mostrar equilibrio político y también emocional. La Argentina actual, el Chile que cree que sólo hay que votar en contra de Israel sin mirar para los costados, el México errático y que además cree que Putin es su amigo, la Colombia de Petro, el Brasil que hoy no sólo no condena a Rusia, sino que dice que las dictaduras latinoamericanas son “narrativas”, la Bolivia que firma memorándums con Irán, pueden votar insultos a la razón y a un país con quien tienen 75 años de relaciones bilaterales. Pero Perú, Costa Rica, Francia, Italia, Grecia deberían pensar dos veces antes de cometer un ataque a Israel tan inútil como soez.
Cuando el presidente de Chile Gabriel Boric le dijo al Presidente de Brasil Lula hace un par de semanas en Bruselas en la reunión entre la Unión Europea y MERCOSUR, que no se puede mirar para el costado ante la invasión rusa a Ucrania, “porque hoy pasa allí pero mañana puede pasarnos a cualquiera de los que estamos aquí”, obtuvo muchos plácemes, menos el del Presidente Lula que hizo observaciones fuera de tono. Si no se puede taparse los ojos ante la barbarie que sucede en Ucrania, ¿si se puede callarse con lo que pasa en Afganistán o Libia o Irán o Qatar? Se puede y lo estamos viendo. Doble discurso por parte de países de América Latina, y esa sensación de que algunos países europeos por más intentos que a veces hacen no pueden adentrarse del todo en las realidades y verdades de este siglo y les salen estertores nostálgicos. Sobre Israel solamente, está claro.

 
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