El fútbol suele describirse como el deporte más popular del mundo. Pero es mucho más que un juego. Es una fuerza cultural global que moldea identidades, crea conexiones y llega a comunidades que trascienden fronteras, idiomas y generaciones. Pocos eventos demuestran esta influencia con tanta claridad como la Copa Mundial de la FIFA, el evento deportivo más visto del mundo.
Este torneo representa no solo una celebración de la excelencia atlética, sino también una oportunidad única para reflexionar sobre los valores que promueve el deporte y sobre los desafíos que debe enfrentar. En un momento en el que el racismo, la xenofobia, el antisemitismo y diversas formas de discriminación continúan afectando a las sociedades de todo el mundo, el fútbol tiene la responsabilidad de ser parte de la solución.
El deporte no existe al margen de la sociedad. Los mismos prejuicios, teorías conspirativas y formas de odio que existen fuera del campo de juego también pueden aparecer dentro de los entornos futbolísticos. Cantos racistas, símbolos discriminatorios, campañas antisemitas, ataques xenófobos y acoso en línea demuestran que el fútbol debe trabajar activamente para proteger a sus comunidades y evitar que el deporte se convierta en una plataforma para el odio.
La solución no puede limitarse simplemente al castigo después de que ocurren los incidentes. Una lucha eficaz contra el odio requiere educación, concientización, prevención, compromiso institucional y políticas concretas.
Este es el propósito del Programa de 11 Puntos contra el Racismo, la Discriminación y la Xenofobia en el Deporte del Centro Simon Wiesenthal. Desarrollado en consonancia con los estándares internacionales de derechos humanos y con el apoyo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el programa proporciona a clubes, federaciones e instituciones deportivas un marco práctico para transformar los principios en acciones.
El Programa de 11 Puntos reconoce que combatir la discriminación requiere un enfoque integral. El Centro Simon Wiesenthal insta a los clubes a rechazar públicamente el racismo y todas las formas de intolerancia, establecer sanciones claras contra quienes las perpetran, impedir el ingreso de material racista y extremista en los estadios, abordar el comportamiento discriminatorio tanto presencial como en línea, y trabajar en conjunto con jugadores, hinchas, fuerzas de seguridad, escuelas, patrocinadores, organizaciones de la sociedad civil y otros actores relevantes.
Más importante aún, entiende que las instituciones futbolísticas tienen la responsabilidad no solo de responder al odio, sino también de prevenirlo.
A través de nuestro trabajo en América Latina que conecta la educación, los derechos humanos y el fútbol, hemos constatado cómo el deporte puede convertirse en una de las plataformas más poderosas para promover el respeto y la inclusión. El fútbol llega a audiencias a las que los espacios educativos tradicionales a menudo no pueden acceder, y un mensaje transmitido a través de clubes, jugadores y comunidades deportivas tiene la capacidad de influir en millones de personas.
En los últimos años, el Centro Simon Wiesenthal ha trabajado con algunas de las instituciones futbolísticas más importantes de Argentina. El Centro ha firmado acuerdos con clubes como Boca Juniors, River Plate y Racing Club, y también ha desarrollado iniciativas con instituciones como Talleres de Córdoba, Defensa y Justicia y Estudiantes de La Plata.
Estas colaboraciones demuestran que los clubes de fútbol pueden desempeñar un rol fundamental en la construcción de comunidades basadas en el respeto y en el rechazo de todas las formas de odio. También muestran que la lucha contra la discriminación no es responsabilidad de una sola organización: requiere de alianzas y un compromiso a largo plazo.
Además, desde 2021 el Centro Simon Wiesenthal, en conjunto con la Liga Profesional de Fútbol de Argentina, otorga el Premio Wiesenthal, un reconocimiento anual otorgado al club, jugador o institución que mejor representa los valores del fútbol como herramienta de inclusión social.
La importancia de estos esfuerzos se vuelve aún más evidente cuando observamos cómo el fútbol se interrelaciona con desafíos más amplios en materia de derechos humanos en todo el mundo.
En los últimos años, futbolistas iraníes han enfrentado graves consecuencias debido a sus acciones, expresiones o posturas vinculadas a cuestiones sociales y de derechos humanos.
El futbolista profesional Amir Nasr-Azadani fue arrestado e inicialmente condenado a prisión tras participar en protestas en apoyo a los derechos de las mujeres durante las manifestaciones nacionales en Irán.
Hossein Hosseini y Ramin Rezaeian, ambos jugadores del Esteghlal Teherán, fueron sancionados por el Comité de Ética de la Federación Iraní de Fútbol con suspensiones y significativas multas económicas tras abrazar a hinchas mujeres que se les acercaron, un acto prohibido según las regulaciones iraníes.
Integrantes de la selección femenina de fútbol de Irán también enfrentaron presiones tras negarse a cantar el himno nacional durante un partido internacional en protesta contra el régimen de los ayatolás. Varias jugadoras posteriormente solicitaron asilo político en Australia por temor a represalias, aunque algunas finalmente retiraron sus solicitudes y regresaron a Irán tras el aumento de la presión.
Al mismo tiempo, el fútbol también ha sido señalado como un espacio de exclusión y discriminación. Los intentos de excluir a atletas, equipos o selecciones nacionales israelíes de la participación deportiva internacional demuestran cómo el antisemitismo ha ingresado en el mundo del deporte.
No podemos soslayar el sinnúmero de episodios de racismo presentes en todas las regiones, ni los constantes cánticos homofóbicos, que merecen no sólo el repudio sino acciones concretas de cada una de las federaciones.
La discriminación contra cualquier atleta por su nacionalidad, identidad, religión o presiones políticas socava la esencia misma del deporte. La fortaleza del fútbol radica en unir a las personas, no en escuchar a quienes incitan al odio.
Igualmente graves son las acciones llevadas a cabo por el Presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, que contradicen los principios mismos del deporte.
Glorifica el odio al nombrar estadios, campeonatos y equipos en honor a terroristas, a quienes presenta como mártires que murieron en ataques contra civiles.
En 2018 amenazó de muerte a Lionel Messi, a sus compañeros de la selección argentina y a sus familias, con el objetivo de boicotear un partido amistoso en Israel previo al Mundial de Rusia.
Es ampliamente conocida su desplante al pedido del Presidente de la FIFA, Gianni Infantino, de estrechar la mano de su homólogo israelí (quien, cabe señalar, es árabe) durante la última Asamblea General.
Los jóvenes aficionados, jugadores y comunidades necesitan herramientas para identificar los prejuicios, comprender sus consecuencias y rechazar la normalización del odio.
Mientras el mundo se prepara para otra Copa Mundial de la FIFA, el fútbol tiene la oportunidad de reafirmar aquello que lo hace tan poderoso. Un equipo tiene éxito porque individuos de distintos orígenes trabajan juntos hacia un objetivo común. Ese mismo principio debería guiar la cultura que rodea al juego.
El Programa de 11 Puntos del CSW ofrece a clubes e instituciones de todo el mundo una hoja de ruta para garantizar que el fútbol siga siendo un espacio de inclusión, respeto y dignidad. Por medio de la educación, la cooperación y acciones concretas, el deporte puede convertirse en una poderosa fuerza contra el odio.
El Centro Simon Wiesenthal mantiene su compromiso de trabajar con organizaciones futbolísticas de todo el mundo para promover estos valores y ayudar a garantizar que la pasión por el juego nunca sea utilizada como un vehículo para la discriminación.

Comienza el Mundial: La Responsabilidad del Fútbol en la Lucha contra la Discriminación
Escrito por Ariel Gelblung y Darío Pendzik
Director y Director Asistente del Centro Simon Wiesenthal para América Latina
Foto Racing recibe Premio Wiesenthal 2025




















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