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| martes junio 16, 2026

AÑO 2026: ¿Nuevamente en la encrucijada? – Dra. Sara Strassberg-Dayán

Dra. Sara Strassberg-Dayán para Porisrael.org


En 1895, Ajad Haam, uno de los más importantes pensadores judíos contemporáneos, publicó una antología de sus primeros artículos con el título: «En la encrucijada», donde describió la situación de los judíos de su época que, a su entender, tomaban conciencia de estar en una encrucijada de caminos que los obligaba a elegir uno de ellos: la posible desaparición por asimilación al medio y a la cultura mayoritaria en que existían, o enfrentar el dilema de cómo preservar su identidad y su pasado, haciendo los cambios necesarios para garantizar un futuro renovado en su tierra histórica e integrar su legado en la cultura universal. Ajad Haam publicó hasta el año 1921 tres ediciones más de este libro e incluyó nuevos artículos, enfocados en la historia judía y en la relación del pueblo judío con los otros pueblos durante los grandes cambios históricos de ese tiempo.

También Martín Buber, el famoso filósofo, abordó este tema, en especial después de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y tras la creación dele Estado de Israel. Buber reflexionó entonces sobre la misión del pueblo judío en ese tiempo de crisis moral global que él calificó como época de «eclipse de Dios», y consideró que justamente en esa situación el pueblo judío debía elegir por aportar esperanza a la humanidad recordándole -en especial mediante su conducta en el Estado de Israel- los valores excelsos de la profecía hebrea: la fe en el Bien, la Verdad, la Justicia, la Libertad, la Santidad de la vida y la igual dignidad de todos los seres humanos creados a imagen de Dios.

He pensado a menudo en esta imagen de estar el pueblo judío «en la encrucijada» durante los últimos casi tres años a partir de la masacre cometida por el grupo Hamas contra Israel el 7 de octubre de 2023 y, en especial, desde que empezó la última guerra con Irán, el estado genocida que, como sus acólitos Hamas en Gaza, Hezbollah en El Líbano y los hutíes en Yemen, declara públicamente que su objetivo es la destrucción del Estado de Israel, creado en base a la resolución de las Naciones Unidas del 29.11.1947, y me pregunto si podemos comprender nuestra situación actual como una encrucijada en la cual nuestro camino como judíos en Israel y en el mundo se cruza con una crisis moral de la humanidad quizás aún más aguda que las anteriores.

Me lo pregunto por la tergiversación de la imagen del Estado de Israel en la opinión pública mundial -con pocas y nobles excepciones- y en tantos presuntos intelectuales, escritores y artistas «progresistas», aparentemente defensores de los derechos humanos, que presentan a Israel, víctima de la masacre terrible del 7-10-23, como un Estado agresor y «genocida» por el hecho de haber tenido -y tener- que luchar con todas sus fuerzas para defender su existencia (en el caso de Gaza, en primer lugar, para liberar a los cientos de secuestrados israelíes en dicha masacre), y hacerlo contra agresores fanáticos guiados por una ideología islamista radical que no vacila en declarar públicamente que su lucha para hacer desaparecer al Estado de Israel y atacar a los judíos del mundo, no es sino el primer paso de su programa imperialista de terminar con todos los «infieles», los cristianos y el Occidente entero, para imponer en el mundo un Estado Islámico fundamentalista.

Como bien sabemos, toda guerra es una tragedia que causa sufrimiento y muertes de inocentes en ambos bandos. Aunque Israel intenta minimizar el daño a civiles, por ejemplo, avisando antes de atacar, ese sufrimiento no puede eliminarse totalmente y sólo reducirse, lamentablemente. Algo muy distinto nos ha pasado y pasa a la población civil en Israel. En la guerra con Irán este último tiempo, hemos sido atacados constantemente por misiles balísticos, la mitad de los cuales eran bombas racimo prohibidas internacionalmente. Cada una de estas bombas libera al estallar múltiples explosivos pequeños que provocan gran destrucción. Las alarmas han sonado -y todavía suenan en partes del país- día y noche, obligándonos a buscar refugio de inmediato, y es de señalar que más de tres millones de personas en Israel no tienen acceso adecuado a lugares seguros. Y también es de recordar que, entre los 10 millones de habitantes de Israel amenazados de muerte se encuentran en esta situación dos millones de no judíos, árabes musulmanes y cristianos, drusos y otras minorías étnicas. Ante estos hechos me pregunto, frente a la evidente indiferencia de tantos países del mundo (no todos, afortunadamente), que no han protestado ni protestan contra quienes violan las reglas internacionales de guerra con respecto a la población civil en Israel: ¿dónde están las Naciones Unidas que no condenaron ni condenan a Irán por su conducta?, ¿dónde están tantos defensores de los derechos humanos del mundo, presuntamente liberales, conscientes y comprometidos por la defensa de la justicia y de la Paz ante esta situación?

Ante estos hechos, creo que podemos concluir que, efectivamente, estamos ahora de nuevo en una encrucijada en que otra vez se cruzan los caminos entre los judíos -en Israel y en el mundo por el aumento radical del antisemitismo- y los no judíos dentro de una humanidad que vive una crisis moral aguda y, aunque no creo -como pensó Buber- que nos toca a nosotros recordar y enseñar al mundo nuestros valores morales -creo que cada persona y pueblo deben vivir según su propia verdad, siempre que no dañen a otros ni pretendan dominarlos- me parece que, una vez pasado el punto álgido de la guerra actual en nuestra zona, todos deberemos tomar conciencia sobre lo ocurrido, y sobre la responsabilidad de cada uno en esta situación en relación con nuestro futuro. Esta exigencia se acentúa, me parece, en especial en lo que toca a los judíos del mundo, muchos de los cuales han optado- por miedo o por influencia de la narrativa antisionista dominante- por declararse antisionistas y se expresa en varias preguntas, una de las cuales podría ser: ¿seguiremos en la comodidad de lo conocido o nos atreveremos a dar un paso hacia lo desconocido, buscando libertad, crecimiento personal y asunción de la propia identidad para realizarnos plenamente? En tiempos de estar en la encrucijada, al parecer, tanto en lo personal como en lo colectivo, podemos mirar hacia atrás y reiterar decisiones previas aparentemente cómodas, pero también podemos mirar hacia adelante con valentía y esperanza, sabiendo que cada encrucijada es también una oportunidad para renovar nuestras vidas y avanzar hacia adelante creando nuevas posibilidades de realización.

Esto vale también para Israel, sin duda, como necesidad de elegir nuestro camino y, de hecho, es lo que ha ocurrido hasta ahora. Ha habido aquí varios miles de judíos que, en esta situación de crisis, optaron por dejar el país para buscar una vida más segura en otros lugares para ellos y sus descendientes. Se trata, sin duda, de una opción personal legítima y nadie tiene derecho a cuestionarla, pero, al mismo tiempo, importa señalar que ocho millones de judíos optamos -y seguimos optando- por estar aquí, asumiendo los peligros de la situación presente y, sin duda, de muchos años más. Una parte de nosotros espera que un futuro cambio de gobierno, que puede ocurrir este año en las próximas elecciones, hará posible un cambio social que permita rectificar caminos y corregir conductas equivocadas a nuestro entender. Sin duda, me parece, también nosotros aquí tendremos que tomar conciencia sobre lo ocurrido aquí estos últimos años y  recordar nuestros propios valores y buscar su realización de acuerdo con los ideales de la Declaración Israelí de Independencia, rogando no llegar nunca a parecernos en nuestra conducta a nuestros enemigos, porque esa sería su mayor victoria contra nosotros.

A mi entender, todos nosotros deberemos recordar el sueño que guio nuestra formación como pueblo desde nuestra salida de la tierra de Egipto para buscar aquí una vida de Paz, Justicia y solidaridad con nuestros vecinos y con todos los seres humanos de todos los pueblos y creencias que quieran vivir en Paz y en armonía con nosotros. Y en esta situación especial de encrucijada, me parece, también las personas conscientes de los otros pueblos y países -judíos y no judíos-, que no se guían por prejuicios irracionales, tendrían a su vez que hacer examen de conciencia y, esperemos, que lograrán así olvidar consignas antisionistas de moda y podrán -esperemos- entablar un diálogo verdadero con nosotros, un diálogo en que – muchos de nosotros así lo creemos- nuestra verdad terminará por vencer las mentiras de nuestros enemigos, para nuestro bien y el de todos.

Dra. Sara Strassberg-Dayán

 
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