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| lunes agosto 17, 2026

Entre juicio en ausencia y ausencia de justicia

Dr. Eduardo Kohn /Radio Jai


Bashar el Assad, dictador de Siria, refugiado en Rusia fue condenado a la pena de muerte esta semana en un juicio en ausencia.

Un juicio en ausencia es un proceso judicial penal que se lleva a cabo en un tribunal sin que el acusado esté físicamente presente. Esto ocurre habitualmente cuando la persona se encuentra prófuga, rehúsa presentarse, o el Estado en el que reside rechaza su extradición. El juicio en ausencia se reserva para situaciones extraordinarias tales como delitos graves: crímenes de lesa humanidad, genocidio, torturas, terrorismo internacional.

En cuanto a garantías procesales y para no violar derechos fundamentales, los sistemas que lo permiten exigen que el acusado haya sido debidamente notificado, que cuente con asistencia letrada obligatoria y que existan mecanismos legales posteriores para revisar la condena si el acusado llega a comparecer.

Al Asad fue condenado esta semana por un tribunal de Damasco a la pena de muerte junto con otros ocho exresponsables de su régimen.

La sentencia es la primera condena contra el exdictador sirio. La corte lo sentenció no sólo por asesinato premeditado incluyendo menores de edad, sino además por tortura, detención arbitraria y crímenes de lesa humanidad. El único de los condenados que ha sido enjuiciado presencialmente ha sido el exjefe de la Seguridad Política Atef Nayib, primo de Al Asad. El resto están prófugos y entre ellos, el hermano Maher al Asad y el antiguo ministro de Defensa Fahd al Freich.

El juez Fajr Edín al Arian, ha afirmado durante la lectura de la sentencia que las investigaciones y testimonios presentados durante el proceso han demostrado la participación de Nayib en las torturas perpetradas durante interrogatorios. La corte sostiene que los hechos imputados a Nayib son crímenes de lesa humanidad y ha señalado a Al Asad como máximo responsable de la toma de decisiones y del empleo de los recursos del Estado para ejecutar esas acciones. El resto de los acusados han sido sentenciados a muerte por asesinato premeditado y tortura con resultado de muerte.

La Fiscalía declaró: “Este fallo es un acto de justicia para las víctimas y un reconocimiento oficial de los abusos que sufrieron. La verdadera justicia solo se logra procesando a todo aquel cuya responsabilidad sea demostrada ante la ley, sin importar su cargo o influencia”.

Ahmad al Sharaa, antiguo jefe del Frente al Nusra, rama de Al Qaeda en Siria, y hoy presidente, ha creado el Organismo Nacional de Justicia Transicional, que ha trabajado en la elaboración de un borrador de ley para la Justicia de Transición a fin de enjuiciar violaciones graves definidas por las convenciones de Ginebra, como el genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad, el uso de gases tóxicos, el desplazamiento y la desaparición forzosa.

La guerra civil siria duró casi 14 años, entre 2011, la primavera árabe que se hizo invierno muy rápidamente y 2024. Se asesinaron casi 500 mil civiles con armas químicas, bombardeos indiscriminados, matanzas y arrasamiento de pueblos y ciudades. De los 22 millones de personas que vivían en Siria en 2011, casi 7 millones se convirtieron en refugiados, huyendo principalmente a Turquía, Líbano y Jordania. Rusia, Irán e Hezbollah dieron apoyo a al Assad hasta último minuto, fueron en realidad ocupantes de Siria y causaron las masacres más cruentas en los 14 años de conflicto.

En la Conferencia sobre la Victoria de la Revolución Siria, celebrada en el Palacio presidencial el 29 de enero de 2025, el nuevo gobierno anunció la disolución de varias milicias armadas y su integración en el Ministerio de Defensa, así como el nombramiento de Ahmed al-Sharaa, como presidente de Siria.

Hace 15 meses, el presidente de Estados Unidos anunciaba la suspensión de sanciones a Siria. Las sanciones bloqueaban cualquier tipo de financiación extranjera con el objetivo inicial de presionar a la dictadura de Bashar al Assad. Ahmed al Sharaa, era conocido por su nombre de guerra Abu Mohammed al Jolani, y hace 15 meses también, declaró que su familia siria proviene de la zona de los Altos del Golán, aunque nació en Riad, donde trabajaba su padre en aquella época, y creció en Damasco. En 2010, en Iraq, se integró al Estado Islámico (EI), y conoció al líder de este grupo, Abu Bakr al Baghdadi. Tras el estallido del conflicto armado en Siria, al Baghdadi le ordenó ir a Siria para fundar una rama de la organización. Se convirtió en comandante del Frente Nusra. En 2013, al Sharaa rompió los vínculos del Frente Nusra con el Estado Islámico y puso al grupo bajo control de al Qaeda.

En 2016 anunció que había cortado lazos con al Qaeda. En 2017, al Sharaa dijo que sus combatientes se habían unido a otros grupos rebeldes en Siria para formar Hayat Tahrir al Sham (HTS). Bajo el mando de al Sharaa, el HTS se convirtió en el principal grupo rebelde en Idlib y sus alrededores, en el noroeste de Siria. Desde ese cargo, por llamarlo de alguna manera, al Shaara derrocó a Al Assad.

Apenas 15 días atrás, ya habiendo sido recibido en la Casa Blanca, Al Shaara declaró públicamente que su país está trabajando para alcanzar un acuerdo de seguridad con Israel, que, podría allanar el camino hacia una paz integral entre los dos países vecinos. Los dos países no mantienen relaciones formales y se encuentran oficialmente en estado de guerra. Es cierto que han participado hace un tiempo en varias rondas de conversaciones respaldadas por Estados Unidos, y en enero de este año dieron un paso que es fácil de entender para la lógica geopolítica del Medio Oriente y difícil de explicar para los teóricos que hacen notas muy sesudas desde escritorios muy lejanos a la vida real: establecer un mecanismo de intercambio de inteligencia, así como fomentar la diplomacia y las oportunidades comerciales entre ellos.

En esas recientes declaraciones, Al Shaara no dejó claro si un acuerdo de seguridad con Israel incluye la retirada de las fuerzas israelíes de los Altos del Golán. Sí Al-Sharaa afirmó que no tiene intención de involucrarse militarmente en el Líbano para ayudar a garantizar la soberanía del gobierno en funciones en Beirut. Sin embargo, las declaraciones de los que tienen responsabilidades de gobierno siempre los hacen presos de sus palabras. ¿Cómo cree que se puede involucrar en el Líbano? Hezbollah invadió (entre otros) a Siria cuando su actual presidente usaba otro nombre y pertenecía al Estado Islámico. Líbano hoy está lejos incluso para hacer comentarios públicos.

Esta semana, el gobierno de Colombia emitió un comunicado sobre soberanía de Israel en el Golán que en su frase central expresa:” …que la decisión de reconocer la soberanía israelí en el Golán se adopta ante la persistente inestabilidad regional en Oriente Medio y considerando la importancia estratégica de los Altos del Golán para la seguridad de Israel”. 24 horas después, se conoció que “Siria expresa su rechazo categórico y su condena a esta posición y reafirma que el Golán es una parte inseparable de su territorio. Es una flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas, de las recientes declaraciones del secretario general de la ONU”. Durante una visita a Siria el mes pasado, Guterres dijo: “Quisiera recordar a la comunidad internacional que los Altos del Golán son territorio sirio”.

El gobierno de Israel no planteó públicamente nada sobre el Golán. Quizás se discuta con Al Shaara en algún momento, aunque no parece probable. Antes, falta que las partes vean si pueden acordar algo que vaya más allá de hechos puntuales sobre temas específicos. Claro que Siria iba a reaccionar ante Colombia. Y hasta la Liga Arabe dejó la siesta para protestar. Todos sabiendo que hablan al viento. Guterres no habló al viento. Se preocupa del Golán cuando no está en discusión. Pero ¿cuándo se preocupó por las aberraciones de Assad cuando esta semana fue condenado a muerte lamentablemente en ausencia gracias a la protección rusa? ¿Qué logró hacer durante 14 años de masacres, un exilio aberrante de millones de sirios y todos los crímenes que se cometieron? Si los dueños del Consejo de Seguridad y los altos funcionarios del organismo van a contestar que la ONU tiene las manos atadas, en lugar de elegir un nuevo secretario o secretaria general, compren candados, cierren las puertas y declaren con los que le queda de honestidad por qué han destruido el multilateralismo tan infamemente.

 
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